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Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 02:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

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La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mié, 01/07/2015 - 00:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

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Un futuro cada vez más negro

Cultura ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 05:03
Joan Cañete y Eugenio García Gascón vuelven a escribir juntos. 'Expediente en Bagdad', su tercer libro, es una novela negra y una crítica periodística sobre la guerra de Irak. Leer
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'Unidad 120050', un thriller político con el nacionalismo y la CIA de fondo

Cultura ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 04:47
La novela de Pablo Gato es una narración de una ficción posible: un intento por parte del aparato del Estado de provocar un atentado terrorista con ayuda de la CIA que paralice un eventual proceso por la independencia en Cataluña. Leer
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Abdalá el Shami: 'Preferiría morir a seguir en manos del régimen'

Comunicacion ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 04:36
El reportero de la cadena de televisión Al Yazira, que fue recibido a golpes en una cárcel donde pasó 149 días en huelga de hambre, rompe su silencio en EL MUNDO para analizar las mordazas a la libertad de expresión en Egipto. Leer
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'Ahora somos más incontrolables'

Comunicacion ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 04:02
Es el cuarto poder con modales, un lobo educado a cinco columnas vestidas de cordero. El jefe se deja preguntar a pelo. Nos lo haremos casimirar... Leer
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Para no perder sintonía con la TDT

Comunicacion ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 02:55
De dos a seis de la madrugada, los canales de televisión emprenden su mudanza para ceder sus frecuencias a la telefonía móvil. Todos los ciudadanos deben resintonizar el televisor; las comunidades, además, tienen que adaptar sus antenas. Leer
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El lamento de Keanu Reeves

Cultura ElMundo - Sáb, 25/10/2014 - 02:33
El actor de 50 años reconoce que el cine de estudio le ha dado la espalda últimamente mientras promociona 'John Wick', una cinta de acción. Leer
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Un día entre la nostalgia y el futuro

Cultura ElPaís - Sáb, 25/10/2014 - 00:07

Entre la nostalgia y la mirada al futuro, entre la necesidad de hablarle a la calle -que enfrente y sin incidentes se debatía entre el fervor y la manifestación de protesta frente al teatro Campoamor de Oviedo- y a los presentes, el rey Felipe acogió ayer como anfitrión la última ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias y la primera de los Princesa de Asturias, con su hija la heredera Leonor, nombrada ya presidenta del patronato.

Desde la memoria emotiva, sin leer su discurso, dirigiéndolo a los presentes sin mirar papeles, en la necesidad de ese sosiego para la paz que reivindicó Joseph Pérez -galardonado este año con el de Ciencias Sociales- con su reivindicación de Fray Luis de León, entonó su discurso el monarca.

Memoria para reivindicar el espíritu de concordia que en aquella España de 1981, con un golpe de estado caliente superado, evocó a aquel grupo de asturianos con impulsaron una fundación que nació para reconocer a quienes, dijo, "quieren hacer de la vida una creación continua".

Recordó Felipe al niño que creció después año tras año escuchando, aseguró, "lecciones magistrales, reflexiones lúcidas para saber comprender, poetas que han cantado a la libertad y a la vida", o cómo ayer John Banville, al lenguaje, con un sencillo pero preciso, elogio de las frases: "que declaran el amor y la guerra, frases con las que descubrimos el mundo, frases que no importa lo claras que resulten siempre serán también ambiguas, porque la humanidad es, en esencia, ambigua".

Clara fue la llamada y el homenaje del químico Avelino Corma Canós, quien junto a Mark E. Davis y Galen D. Stucky, recogieron el galardón de Investigación Científica y Técnica y se lo dedicó "a los científicos de este país y a quienes tienen que buscar oportunidades fuera de él".

Fueron todos los citados junto también a Frank Gehry (Artes), los representantes del maratón de Nueva York (Deportes), el comité de las becas Fulbright (Cooperación Internacional), el dibujante Quino o la periodista Caddy Adzuba (Concordia), que levantó una de las ovaciones más largas de la tarde, recordando la terrible situación de los abusos en África y concretamente en su país, el Congo, para el que pidió la formación de un Tribunal Internacional que castigue los crímenes allí cometidos.

Todos fueron reconocidos por las palabras del rey: Gehry, por la visión, fuerza y belleza con las que acomete sus edificios. Como el Guggenheim de Bilbao, que supuso para el rey Felipe, "un acontecimiento único, por su impacto transformador de la ciudad". O Joseph Pérez, aniquilador de lugares comunes sobre la historia de España, hispanista francés de padres valencianos, "que no da pábulo a supuestas verdades ni a verdades a medias, sino que busca siempre ser objetivo, equilibrado y alejarse de los tópicos", destacó el monarca.

Con Quino tanto la reina Letizia como don Felipe, departieron ampliamente en la recepción previa. Probablemente a la misma hora que recibía el premio, seguía la cola de ciudadanos en el parque para fotografiarse con la simpática estatua de Mafalda que el día anterior inauguró sentada en el Campo de San Francisco. De él este argentino que ha demostrado su fuerza de rebeldía en boca de una niña a lo largo ya de tres generaciones, todo un clásico, el rey afirmó: "Mafalda y los demás personajes de Quino nacen de su mirada aguda e intuitiva, son profundamente humanos y están dotados de una inteligente ironía o de una dulce inocencia o de un apabullante sentido común".

Pureza, escritor puro, fue el término elegido en el discurso para referirse a Banville: "Felizmente obsesionado por las palabras. El estado de ensoñación en el que afirma escribe, envuelve su obra en una luz especial, una luz de la que dependen, como afirmaba su admirado James Joyce, los colores de la realidad".

Colores de diferentes países, como los que buscan los encargados de uno de los programas de educación y mecenazgo más ambiciosos del mundo como son las becas Fulbright, promovido por el Gobierno de Estados Unidos y presente en 150 naciones. O colores como los que cada año se ven en la maratón de Nueva York, "la más popular de cuantas se celebran en el mundo", aseguró don Felipe, en la que colaboran 9.000 voluntarios, y que la convierte en un modelo "de convivencia pacífica y de unidad".

Justo lo que se añora en la República Democrática del Congo, cuyos abusos y la barbarie que sufren ante todo mujeres y niños han sido constantemente denunciados por el empuje con riesgo de Caddy Adzuba: "Con lucidez afirmó Gandhi que lo más atroz de las cosas malas de la gente es el silencio de la gente buena", parafraseó el rey. "Y Adzuba no quiere callarse, no puede callarse, no está dispuesta a que el silencio se extienda sobre la barbarie y la violencia porque sólo a través de la verdad se pueden hallar respuestas y soluciones para prevenir, parar o reparar esos males".

África tuvo hueco también en el discurso del rey para recordar el azote del ébola, para la que reclamó el esfuerzo de la comunidad internacional. Y un referente también, aprovechó para recordar, "donde brillan las historias ejemplares de entrega, generosidad y profesionalidad protagonizadas por médicos, sanitarios y científicos, por religiosos, cooperantes y militares que son, sois, todo un ejemplo para España".

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Vivan las divas

Cultura ElPaís - Sáb, 25/10/2014 - 00:05

Son cantantes que imponen respeto: su autoridad sobre el escenario, su natural desenvoltura y la arrolladora confianza en sí mismas resultan apabullantes. Ni siquiera es necesario que gusten a la totalidad de la audiencia; su mera presencia desata pasiones, o, por usar la expresión con que el diccionario define “diva”, dota a estas solistas “de fama superlativa”. Tan irreprochable es su carisma, que para poner a estas mujeres alguna pega no queda más remedio que recurrir a presuntos talantes extravagantes y comportamientos irascibles, casi nunca contrastados. Lo que ocurre es que como estrellas que son, estas señoras fastuosas traspasan lo estrictamente musical para importar por lo que dicen o hacen; pasan a ser carne de la crónica social. Quizá por ello algunos diccionarios en la misma definición apostillan que “diva” también puede usarse en sentido peyorativo (sobre todo cuando se aplica a alguien que no es cantante, habría que añadir).

Fama por encima de gustos y voces reconocibles desde la primera nota son los elementos comunes de estas divas (en el buen sentido) de la música española. Cantantes que mejoran cualquier repertorio y que incluso lo sobrepasan: a menudo son más grandes que sus canciones. Las quince más rotundas aparecen reunidas en Salón de la fama: Ellas, cuarta entrega de EL PAÍS de Música (a la venta mañana domingo con EL PAÍS por 5,95 €), la colección que resume el último medio siglo de música en nuestro país en 24 antológicos libros-CD.

Se trata de una selección de artistas de diferentes décadas y estilos a veces antagónicos que puede causar sorpresa por su audacia. Una sorpresa pasajera, en cualquier caso: en cuanto se escucha el disco la convivencia de estos nombres dispares queda plenamente justificada. Sara Montiel, quien demostró que no se precisa una gran voz para irradiar poderío, conecta directamente con Alaska; la elegancia y saber estar de Ana Belén y Luz Casal tienen mucho heredado de María Dolores Pradera y Mari Trini; no se puede entender a Malú sin haber oído a Rocío Jurado o Isabel Pantoja, del mismo modo que uno sospecha que Montserrat Caballé a la fuerza ha tenido que ser referencia para Mónica Naranjo. Y hay muchas más (Marisol, Rocío Dúrcal, Marta Sánchez, Paloma San Basilio…), objeto de una admiración inalterable con el paso del tiempo, acentuada si cabe por su condición de iconos para el público gay. Como dice Boris Izaguirre en el divertido prólogo del libro: “Un país sin divas es un país aburrido, una cultura incompleta”. Por eso este país de aburrido no tiene nada.

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El destierro del punk

Cultura ElMundo - Vie, 24/10/2014 - 23:16
Medio centenar de fotografías, muchas de ellas del tour manager John Tiberi, son mostradas por primera vez en una exposición y abarcan también los inicios de este género musical y esta cultura. Leer
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Una estudiosa halla la ‘Magdalena’ perdida de Caravaggio

Cultura ElPaís - Vie, 24/10/2014 - 21:18

“Por fin, es ella”. Con estas palabras, Mina Gregori dio la búsqueda por cerrada, según La Repubblica. Ante los ojos de una de las principales expertas en Caravaggio de Italia se hallaba una de las pinturas perdidas del maestro: la Magdalena en extasis, la que llevaba consigo, junto con dos obras más, a bordo del barco que le condujo a Porto Ercole, donde falleció. La estudiosa la halló en una colección europea, según añade el diario italiano sin ofrecer más detalles, ya que la familia a la que pertenece ha pedido permanecer en el anonimato y no ha querido aclarar si algún día dejará que se exponga.

De este cuadro hay varias versiones por el mundo. Sin embargo, una sola es auténtica. Y, teniendo en cuenta la cantidad de atribuciones falsas que se asocian al nombre del artista italiano, el anuncio obligaría cuando menos a la sospecha. Hay, aún así, varios elementos que permiten confiar en la tesis de La Repubblica.

Ante todo, la propia Gregori es alumna de Roberto Longhi, considerado el estudioso por excelencia de Caravaggio. Ella misma asegura al diario italiano estar segura al 100%: "El cuerpo y sus tonalidades variadas, la intensidad del rostro, las muñecas fuertes y las manos de tonos lívidos con admirables variaciones de color y luz y con la sombra que oscurece la mitad de los dedos son los aspectos más interesantes de la pintura. Es Caravaggio”. Además, hay otra pista, esta vez detrás del óleo.

Un papelito colocado en la parte trasera de la obra, con grafía atribuible a la época del maestro italiano según La Repubblica, hace referencia al propio Caravaggio y a una obra que sería guardada en el barrio de Chiaia, en Nápoles, e iría en “beneficio del Cardenal Borghese de Roma”. Se trata, según Gregori, del detalle definitivo que permite atribuir la obra a Merisi. Pero, ¿por qué?

A 11 días del fallecimiento de Caravaggio, el 18 de julio de 1610, el obispo de Caserta, Diodato Gentile, envió una carta al cardenal Scipione Borghese, coleccionista y protector del artista. En la misiva, que sufrió un destino parecido al óleo y solo reapareció en 1994, el obispo informaba de la muerte de Merisi. De ahí que las obras que este llevaba consigo acabaran en las manos de Costanza Colonna, marquesa amiga de Caravaggio que vivía en Nápoles, en el barrio de Chiaia, y fue la encargada de cuidar de ellas a la espera de devolvérselas al cardenal.

La misión, evidentemente, no dio los resultados esperados. El San Juan que hoy todavía se expone en la galería Borghese sí llegó al destino final. La Magdalena y otro San Juan desaparecieron. Por lo menos, la primera ha vuelto.

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El Rey: “Los españoles ya no somos rivales los unos de los otros”

Cultura ElPaís - Vie, 24/10/2014 - 21:08

El Rey utilizó este viernes su discurso en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias —uno de los pocos que pronuncia que es redactado por él y su equipo y supervisado por el Gobierno, no al revés— para insistir en sus grandes preocupaciones: el desafío soberanista catalán y el desencanto ciudadano ante el goteo de casos de corrupción en prácticamente todas las instituciones y partidos. Era la última edición de los Premios Príncipe de Asturias —que a partir del año que viene se llamarán Premios Princesa de Asturias— y el primero de don Felipe como Monarca. El público presente en el teatro Campoamor de Oviedo interrumpió su intervención con un largo aplauso, en pie, justo cuando don Felipe explicaba “cuánta emoción” le causaba ese intercambio de papeles con su hija Leonor, que el próximo 31 de octubre cumplirá 9 años, cuatro menos de los que él tenía cuando debutó en estos premios, en 1981.

Tras elogiar a los premiados en la edición de este año y recordar brevemente sus biografías, don Felipe se dirigió a quienes quieren separarse de España y lo hizo planteando, en primer lugar, una férrea defensa de la Constitución de 1978, el mayor argumento esgrimido por el Gobierno contra la consulta sobre la independencia de Cataluña planteada por el presidente catalán, Artur Mas. “Nuestra democracia no es fruto de la improvisación, sino de la voluntad decidida del pueblo español de constituir España en un Estado social y democrático de derecho, inspirado en los principios de libertad e igualdad, de justicia y pluralismo, y en el que todos, ciudadanos e instituciones, estamos sometidos, por igual, al mandato de la ley”, dijo el Rey.

“Respetar y observar ese marco constitucional y democrático es la garantía de nuestra convivencia en libertad. Es la garantía necesaria para que todos los españoles puedan ejercer sus derechos, (…) para que funcione ordenadamente nuestra vida colectiva. Debemos cuidar y favorecer nuestra vida en común (...) y no repetir errores del pasado”, añadió don Felipe. “Queremos una España alejada de la división y de la discordia”, zanjó.

“Todos” y “común” fueron algunas de las palabras que más repitió en su discurso: hasta en 14 ocasiones. El Rey mantuvo este viernes la misma línea que ya había iniciado como Príncipe ante el desafío soberanista catalán: una estrategia en positivo que, a diferencia de algunas declaraciones del Gobierno, destaca sobre todo las ventajas de permanecer unidos, en lugar de amenazar con las consecuencias de separarse. “Compartimos intereses y valores comunes, tenemos una misma voluntad de pertenecer a Europa, de ser Europa. Y sobre todo, compartimos sentimientos. Los españoles ya no somos rivales los unos de los otros. Somos protagonistas de un mismo camino”, señaló don Felipe.

El 12 de octubre de 2012, durante la tradicional recepción en el Palacio Real con motivo de la fiesta Nacional, el entonces príncipe de Asturias comentaba: “Cataluña no es un problema. Confío más en la Cataluña real que en la espuma que estamos viendo con lo que hacen unos y otros”. Dos años después, convertido en Rey y con la amenaza de una consulta secesionista, don Felipe sigue pensando que vencerá la unidad. “Estoy convencido de que la comprensión, la consideración, el afecto y el respeto mutuos son sentimientos arraigados en el corazón de los españoles y compartidos de norte a sur y de este a oeste en nuestro territorio. Y todos esos sentimientos, ni los debemos olvidar nunca, ni mucho menos perder. Al contrario, los tenemos que preservar y alimentar”, dijo en Asturias.

Para el Rey, los intereses secesionistas no tienen sentido y hoy menos que nunca. “Seamos conscientes de que, como cualquier sociedad avanzada, debemos afrontar nuestro futuro con la fortaleza que nos exige un mundo distinto al que hemos conocido; un mundo que camina hacia una mayor integración, y no al contrario. Es un futuro complejo, pero lleno de nuevas oportunidades. Este es uno de los grandes retos que tenemos como país. Trabajemos, cada uno con su propia personalidad, en un proyecto integrador, sentido y compartido por todos, y que mire siempre hacia adelante”.

Como ya hiciera en su discurso de su proclamación, el pasado 19 de junio, don Felipe también se refirió al desencanto, motivado, sobre todo, por los omnipresentes casos de corrupción. El Rey admitió que en la cosa pública no abundan las vidas ejemplares: “La sociedad necesita referencias morales a las que admirar y respetar; principios éticos que reconocer y observar; valores cívicos que preservar y fomentar”. Y elogió esa “conciencia social” de la población más crítica y exigente hacia las instituciones. “Es con ese necesario impulso moral colectivo con el que se puede y se debe hacer de España una nación ilusionada”.

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Nadie quería perderse los últimos Premios Príncipe

Cultura ElMundo - Vie, 24/10/2014 - 20:42
La de hoy era la última entrega de los Premios Príncipe de Asturias que desde ahora pasan a llamarse Princesa y los primeros de Don Felipe y Doña Letizia como Reyes. Leer
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Premios Príncipe de Asturias 2014

Cultura ElPaís - Vie, 24/10/2014 - 20:40
La edición de este año es la primera que presiden Felipe VI y Letizia como Reyes de España y la última antes de que cambie su nombre por Premios Princesa de Asturias.
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Al principio fue... la frase (o la enzima)

Cultura ElMundo - Vie, 24/10/2014 - 20:33
Entre la brillantez de John Banville y el emocionante recuerdo de Julio Anguita Parrado, los Premios Príncipe de Asturias renuevan su compromiso con "la cultura y el humanismo", en palabras del Rey. Leer
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El Patrimonio Cultural Inmaterial quedará protegido por ley

Cultura ElPaís - Vie, 24/10/2014 - 20:31

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy el anteproyecto de ley de Protección del Patrimonio Cultural Inmaterial. La normativa prevé crear nuevos mecanismos de tutela de estos bienes y un inventario nacional, que será gestionado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, e incluirá las manifestaciones consideradas patrimonio cultural inmaterial tanto por las Comunidades Autónomas como por el propio Estado. Además, acuña una nueva categoría jurídica de protección, la de "Manifestación Inmaterial de la Cultura".

"Básicamente, esta ley pretende dotar tanto al Estado como a las otras administraciones de instrumentos requeridos para la salvaguardia de este patrimonio que no estaban contemplados en la Ley del Patrimonio Histórico español de 1985", aclaró el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, en la rueda de prensa posterior al consejo de Ministros. El Ejecutivo considera que una normativa ad hoc es necesaria ya que la Ley del Patrimonio Histórico no protege suficientemente o al menos no de manera específica a los bienes inmateriales.

Así el anteproyecto, que ahora pasa a las Cortes, incluye bajo su paraguas de tutelas a bienes como "la trashumancia, la jota, la improvisación oral, las fiestas de San Juan, los autos sacramentales, o producciones artesanales como la del esparto", como relató Wert. La protección se amplía también a manifestaciones ya reconocidas como tales por la UNESCO, como la Patúm de Verga. No está incluida, en cambio, la tauromaquia, lo que Wert atribuyó a que ya cuenta con su propia normativa de protección.

La nueva ley no creará, según el ministro, nuevos organismos ni aprovechará nuevos recursos: es decir, los 4,54 millones que en 2015 están destinados a la Protección del Patrimonio Histórico y los 18,5para la conservación de los bienes culturales, según los Presupuestos del Estado presentados por el Ejecutivo, tendrán que tutelar tanto los bienes materiales como los inmateriales. Ambas partidas se redujeron (en un 6,67% y un 6,75%, respectivamente) respecto a 2014. Wert aprovechó, eso sí, para recordar que los siete millones de turistas que acuden a España sobre todo por razones culturales suponen unos ingresos de 7.500 millones de euros anuales.

Más en general, y contestando a su propia pregunta de ¿"qué es el patrimonio inmaterial?", el ministro explicó que consiste en el "conjunto de las artes de los espectáculos, las tradiciones orales, las fiestas o las artesanías especiales que no tienen soporte material y son factores de diversidad cultural en esta época de globalización". El texto busca dar cumplimiento a la Convención de Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, ratificada por España en 2006.

Para ello, la ley trata de simplificar la protección de patrimonios reconocidos como tales por más de una Comunidad Autónoma y permitir, en los casos en los que sea preciso, una intervención también del Estado. El anteproyecto, según explicó Wert, aclara las actuaciones que correrán a cargo de la Administración así cómo detalla las lineas generales sobre la protección que podrán aplicar las Comunidades Autónomas. "¿Cómo se conserva una catedral? Manteniéndola en el estado en el que se hallaba cuando fue construida. Pero, ¿cómo se conserva una tradición? Permitiendo que sean sus portadores quienes determinen el desarrollo de esa tradición", defendió el ministro.

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El último Caravaggio

Cultura ElMundo - Vie, 24/10/2014 - 20:02
La mayor experta en el pintor localiza una de las tres telas que este tenía cuando murió con 39 años, una Magdalena que llevaba siglos desaparecida. Leer
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La madurez de un género

Cultura ElMundo - Vie, 24/10/2014 - 19:15
Gracias a la publicación el pasado mes de junio de 'Laidlow' (1977) y el anuncio de la aparición de 'Los papeles de Tony Veitch' (1983) para comienzos del año que viene, RBA recupera la serie del inspector de 'Glasgow Jack Laidlow', original de William McIlvanney. Leer
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Si mal no recuerdo

Cultura ElPaís - Vie, 24/10/2014 - 18:50

Para Aleksandr Scriabin, el “mi bemol” es violeta y el “la”, verde esmeralda. También Rimski-Kórsakov, Kandinski y Charles Blanc-Gatti veían colores al escuchar música. La sinestesia (activación simultánea de dos sentidos a través de estímulos dirigidos a uno solo de ellos) es un don, con efectos colaterales: ver de niño cada letra del alfabeto con color propio puede obstaculizar el aprendizaje de la lectura. La persona sinestésica tiende también a tener un oído absoluto y una memoria prodigiosa. Peter Brook creó en 1998 Je suis un phénomène (Soy un prodigio), espectáculo fascinante en torno al periodista ruso Solomón V. Shereshevski, capaz de aprenderse con tan solo oírlas riadas de palabras inconexas o en idiomas extraños.

El análisis del caso Shereshevski, recogido en 1968 por el eminente neuropsicólogo soviético Aleksandr Lúriya en su Pequeño libro de una gran memoria (KRK Ediciones, 2009), determinó la orientación de la obra de Oliver Sacks, autor de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, colección de casos clínicos a partir de la cual Brook escenificó L’homme qui (El hombre que), uno de los montajes más celebrados de su carrera. Aunque se presente como si fuera un espectáculo enteramente nuevo, El valle del asombro es una refundición reducida de Soy un prodigio, salpimentada con citas de El hombre que y de La conferencia de los pájaros.

Respecto al montaje original, han cambiado los actores y el sexo del protagonista (convertido ahora en la señora Costas), se han volatilizado escenas completas y han aparecido otras, insertas a modo de paréntesis, quizá para darle nuevo apresto a la función, que tiene la calidad ritual y la economía expresiva características de Brook.

Como Shereshevski en Soy un prodigio, tras ser despedida del periódico, la señora Costas se ve obligada a exhibir su capacidad mnemotécnica por esos teatros de Dios –a razón de dos funciones diarias como mínimo– y también se ve en la imposibilidad trágica de olvidar ninguna de las series de palabras que, convertidas en imágenes para memorizarlas mejor, ha ido colocando mentalmente en las esquinas, en los portales y ante los escaparates de las calles que mejor conoce.

A pesar de la calidad de los intérpretes (encabezados por una Kathryn Hunter extraordinaria), el espectáculo no llega a prender en momento alguno esa punta de emoción neta que suscitaba Soy un prodigio, especialmente cuando Luria y Shereshevski se ponían a recitar sucesivamente el comienzo de La divina comedia (mientras veíamos proyectadas en tres pantallas las imágenes que se iban produciendo en la cabeza del memorioso ex plumilla), y cuando ambos se reencontraban en Nueva York, en una escena que en El valle del asombro no tiene equivalente. Lo asombroso es como a la postre este remake libre de aquel bellísimo espectáculo de hace 16 años sobre la memoria y el olvido nos lo rememora escena por escena, a pesar de que ni en el dossier ni en el programa de mano se reconoce su condición deudora respecto de aquél.

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