Miscelanea

Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 02:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

Categorías: Miscelanea

La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mié, 01/07/2015 - 00:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

Categorías: Miscelanea

El desnudo de unas esculturas irrita al Cabildo de la Catedral de Santiago

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 17:46
Las esculturas están colocadas en los edificios públicos que rodean el templo. La Iglesia asegura que las imágenes hieren la sensibilidad de los fieles. Leer
Categorías: Miscelanea

A la eternidad con Miles

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 13:08
El mayor cementerio de la ciudad es un relato de su historia... Y un museo del jazz. En parte por eso, su inmenso éxito comercial. Leer
Categorías: Miscelanea

Israel acusa a TVE de tomar partido por Hamas

Comunicacion ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 13:00
La portavoz de la Embajada de Israel en España, Hamutal Rogel, acusa a la periodista Yolanda Álvarez de ser una "correa de transmisión de los mensajes, cifras, imágenes y datos de Hamas". Leer
Categorías: Miscelanea

Deducciones del 15% a rodajes extranjeros en España

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 12:36
La rebaja, que aprobará hoy el Consejo de Ministros, también incluirá una deducción del 20% en las producciones audiovisuales españolas. Se acordó que el porcentaje no bajaría del 30% para poder competir con otros países. Leer
Categorías: Miscelanea

'Vivir ha sido divertido. Ser fotógrafo, un coñazo'

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 11:55
El fotógrafo de Elena Mar, de Ana Curra, de Lirio y Eduardo, de 'El Canto de la Tripulación' presenta en PhotoEspaña una exposición sobre él mismo. Leer
Categorías: Miscelanea

Del cajón de una adolescente a la esfera

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 11:42
Lena Blau, autora de la novela romántica preferida por los españoles en 2013, publica en papel después de triunfar en Amazon. Leer
Categorías: Miscelanea

'Ser joven no tiene mérito'

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 11:07
Entrevista al actor y director teatral, quien tuvo que suspender sus proyectos por una desafortunada caída. En noviembre estrenará 'Tomar partido' Leer
Categorías: Miscelanea

'El verdadero lujo consiste en elegir quién eres y quién quieres ser'

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 10:53
La hija de Ugo Tognazi presenta 'Viajo sola', una película sobre mujeres felizmente ligeras de equipaje. Leer
Categorías: Miscelanea

Valencia también se harta e inicia un proceso legal contra Calatrava

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 10:46
Aunque la predisposición era buena, el proyecto ofrecido por el despacho del arquitecto y por la UTE constructora no convencen al Gobierno autónomo, que activa la vía judicial para curarse en salud. Leer
Categorías: Miscelanea

Mr. Pericles, supongo

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 10:33
Arqueólogos griegos aseguran haber encontrado un recipiente de vino del siglo V antes de Cristo perteneciente al célebre político y orador heleno. Leer
Categorías: Miscelanea

Penélope Cruz matiza su condena a la actuación de Israel en Gaza

Cultura ElMundo - Vie, 01/08/2014 - 02:38
La actriz ha querido salir al paso de las críticas matizando su postura públicamente en un nuevo comunicado, esta vez en solitario, en el que suaviza su postura y aboga por la paz y la unidad. Leer
Categorías: Miscelanea

Anatomía de un 'photocall'

Sociedad ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:21

Los famosos también sudan. Unos más que otros, como los anónimos. No es lo mismo llegar a los sitios a pie y tener que esperar tu turno bajo la solanera, que arribar a bordo de tu cochazo conducido por tu chófer y que te lleven directamente a besar el santo. Así, en volandas, sin tiempo de romper a sudar bajo los 43 grados de la tarde más calurosa del verano, portaron el otro día a Isabel Preysler, Nuria González y Genoveva Casanova, celebérrimas esposas de sus célebres maridos, al concierto del cantante mexicano Alejandro Fernández en el Teatro Real de Madrid. Como a las auténticas estrellas de la cita.

No pasaron por taquilla, por supuesto. Fernández en persona les había enviado una carta y una botella de tequila rogándoles que aceptaran honrarle con su presencia. Pero antes de ocupar su lugar en el palco, pagaron el peaje implícito. Posar, sin un brillo en su perfecto maquillaje, entre un telón con el logo del artista estampado hasta el infinito, y medio centenar de fotógrafos y periodistas que les inquirían a grito pelado por lo guapas que son, el tipo que tienen, y sus respectivos planes de vacaciones. Mientras, actrices de la talla de Kity Manver, Lydia Bosch y Asumpta Serna sudaban la gota gorda en la vasta cola de celebridades que esperaba para cumplir idéntico trámite. Si, entre los famosos también hay clases.

Eso es, en esencia, un photocall. Una cita para una foto que les interesa tanto al fotógrafo como al modelo como a quien paga la sesión y el estudio. Una parada consentida en una especie de muro de ejecuciones ante el que un pelotón de cámaras acribilla a flashazos a una serie de personalidades requeridas por alguien al efecto. En este caso, se trababa de dar lustre a un recital de un ídolo de masas en México, pero no tan conocido en España. La práctica, no obstante, se ha generalizado de tal modo que raro es el acto social que no cuenta con uno para atraer a los medios. A falta de contenidos, o al menos de contenidos interesantes, la foto es a veces el único mensaje con posibilidades de ser publicado.

De los Oscar de Hollywood, a las cumbres del G-8. De la presentación de las memorias de los expresidentes del gobierno, a la de una línea de sartenes en un híper. De la glamurosa fiesta de una revista de moda, al cumpleaños de la extra ordinaria protagonista del último reality de medio pelo. En todos los casos, se trata de vendernos algo.

Porque, además de constituir una feria de la vanidad, la vacuidad y la tontería más absoluta —“Pues claro, son mis nietos”, respondía en el Tearo Real Ana Rodríguez, exesposa del expresidente del Congreso, José Bono, a la agudísima pregunta de si estaba feliz con los hijos de sus hijos—, los photocall dan de comer a mucha gente.

A la marca que lo paga buscando publicidad añadida. A la agencia que lo diseña, lo organiza y convoca y pastorea a las deidades y a los periodistas. A los medios que llenan páginas, bytes y minutos de televisión con las imágenes. Y a los famosos los primeros.

No hablaremos de las fortunas que ingresan aquellos elegidos como embajadores de las firmas, algo así como la imagen de las mismas en la pretenciosa jerga del oficio. Pero, sin llegar a los 20.000 o 30.000 euros que se pagaban en tiempos de vacas gordas a ciertas luminarias simplemente por poner su cara bonita a tiro, algunas siguen cobrando lo suyo porque hay alguien dispuesto a pagárselo. En esto, puede haber sorpresas. El caché depende de la oferta, la demanda, y el valor añadido del interesado en cada momento. No siempre los más cotizados son los mejores, ni los más guapos, ni los más finos. En el género rosa, una boda, un embarazo y, sobre todo, una ruptura de mala manera, siempre venden. Y se paga, en metálico o en especie, porque no solo de pan vive el famoso, porque además engorda. El tequila gentileza de Fernández a Preysler y compañía es un nimio detallito al lado de los modelitos, bolsazos y demás surtido de prohibitivos productos de moda, belleza y lujo con que las marcas agasajan a quien se deja. Por no hablar del hecho de que ciertos masajes de egos no tienen precio. Y de que, por haber, habría gente dispuesta a pagar para seguir en el candelabro, que decía Sofía Mazagatos. Siempre ha habido clases.

En el photocall del Teatro Real el otro día, desde luego, estaban clarísimas. Los periodistas, convocados tres cuartos de hora antes, habían sido colocados según estricto orden de audiencia. Primero, Europa Press y G3, las agencias que distribuyen las imágenes al resto de medios. Después, ¡Hola!, la Biblia en pasta del gremio, y los cronistas de campanillas. Después, las teles. Programas como Qué tiempo tan feliz, Sálvame, Cazamariposas (Telecinco) y Todo va bien (Cuatro) con sus respectivos reporteros estrella dando la nota. Y, por último, luchando a codazo limpio por el mejor ángulo y la exclusiva más planetaria, la tropa de fotógrafos y plumillas.

Todos fueron presa de estupor y temblores —como exigía el emperador de Japón a sus súbditos en su presencia, según el libro homónimo de Amelie Nothomb—, cuando arribó, por fin, Isabel Preysler del bracete de Nuria González. El advenimiento provocó tal terremoto de flashes y tal tumulto de cuerpos que hasta el camarógrafo de Qué tiempo tan feliz acabó rodando por los suelos frente a la mirada de su veterana jefa, María Teresa Campos, una de las celebridades invitadas.

Un éxitazo, el photocall de marras. Solo hay que ver el despliegue de retratos que publican las revistas esta semana. Si Alejandro Fernández está presente en los medios españoles diez días después de su concierto es por la fascinación que, pese a quien pese, sigue despertando la fama, el poder y la belleza —la de Romina Belluscio, madre del hijo de Guti, además de lade otras presentes en la gala, apabulla lo suyo— entre las masas.

“Queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar, con sudor”, decía Lydia, la profesora de la serie Fama, a sus pupilos. Cuenta un célebre médico estético que ciertas embajadoras se pinchan bótox en las axilas para bloquear las glándulas sudoríparas y evitar bochornosos cercos. Puede que, además del cochazo climatizado, algo de eso haya en el misterio de las señoras que no sudan, dicho sea con la consabida presunción de inocencia.

Categorías: Miscelanea

“Como de todo, hasta ratones en Vietnam si están bien hechos”

Cultura ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:20

David Muñoz, el último gran revolucionario de la gastronomía, está cocinando con su madre en un show público patrocinado por una marca. Con 34 años, la expectación mediática que despierta el creador de DiverXo (tres estrellas Michelin) y de StreetXo, una versión low cost del buque insignia proyectada como una red internacional de restaurantes de comida callejera (en septiembre abre en Londres), es abrumadora. Se ha criado en el barrio madrileño de la Elipa, es adicto a su profesión y mantiene los pies en la tierra. Excepto cuando cocina.

Pregunta. Al calor del boom de la gastronomía y de la palabra vanguardia, ¿ha nacido mucho impostor?

Respuesta. No sé si consciente o sin quererlo. Pero la palabra vanguardia en la cocina se ha prostituido mucho. Parece que todo el mundo tiene que hacerla porque si no no es interesante. Conozco grandes templos de la cocina que no hacen vanguardia y no me gustan menos.

P. ¿Qué le gusta comer?

R. De todo. Hasta ratones en Vietnam si están bien hechos. Además, me gusta mucho el cocido madrileño y un buen curry tailandés.

P. ¿Dónde le gusta ir a comer?

R. Mi restaurante favorito es Sudestada en Madrid. Me fascina desde hace años. Es una cocina que solo habla de sabores intensos, combinaciones arriesgadas. Bocados que son una fiesta. Así es como concibo yo el acto de comer, algo hedonista.

P. Pese a ser del Atlético, su carrera no ha sido partido a partido…

R. No creas. No he faltado nunca a un servicio en DiverXo. 17 horas al día, siete años, siete días a la semana…. Si eso no es partido a partido…

P. ¿Pesan todas las renuncias que ha tenido que hacer?

R. La gente se sorprendería si supiera cuántas cosas a nivel personal se han sacrificado por el camino. Muchísimas, pero al final todo tiene un precio. Siempre me ha compensado.

P. Entonces, ¿sólo trabaja o qué?

R. Para mí, la cocina también es ocio. Soy un friki de esto. Llego a casa de trabajar 16 horas y me puedo poner a ver un documental de cocina. Vivo muchas cosas fascinantes que no sólo son estar con una sartén en la mano.

P. El éxito de lograr tres estrellas Michelin con 33 años no debe ser fácil de digerir.

R. Ha habido otras etapas más jodidas. La tercera estrella me llegó en el mejor momento personal. Si eres capaz de ser una bestia parda con la cabeza puedes llegar donde quieras. Esa es mi filosofía. Ya me he olvidado de las tres estrellas, solo pienso en conseguir la cuarta aunque no exista, en nuevos retos como Londres, Macao…

P. ¿Quién le centra?

R. No lo necesito. Estoy más centrado que nunca. He encontrado mi karma. Hubo una época muy chunga de gestión mental antes de la tercera estrella. Empecé a ir a un psicólogo porque tenía mucho estrés: la cobertura mediática, todas las horas, la obsesión por la perfección… empecé a hacer mucho deporte y perdí casi 25 kilos, que es mi verdadera constitución, no el gordo que se veía hace seis meses en las fotos. Todo ello me ha hecho encontrarme mejor conmigo mismo.

P. ¿Usted de pequeño jugaba a cocinitas?

R. Jugaba a cocinitas y cocinaba. En el chalé de mis abuelos tenía una caseta de tela y me compraban comida de plástico. Y me gustaba también jugar con barbies… Imagínate lo que pensarían mis padres.

P. Hombre, está bastante claro.

R. Pues sí, coleccionaba barbies. Esto no le he contado nunca. Me gustaba mucho quitarles la ropa y cosas así…

P. Bueno, ahí cuadra todo más. Y ¿prefería la cocina o el fútbol?

R. La cocina. Algo pasa cuando a los 12 años el regalo que más ilusión te hace es que te lleven a comer a un restaurante determinado.

P. Una vocación tan temprana ¿puede ser una esclavitud?

R. ¿Cuánta gente conoces que se dedique a lo que le gusta y cómo le gusta? No hay mayor libertad que dedicarse a tu vocación de la forma más abierta posible.

P. ¿Qué peso ha tenido su mujer en todo esto?

R. Enorme. Siempre ha estado a mi lado. Ángela es alguien muy brillante haciendo cualquier cosa, jodidamente inteligente. Ha aportado muchísimas cosas a mi carrera, a mi profesión… ella encendió el interruptor en mi cabeza para que todo funcionase como hoy.

P. ¿Usted cree en la famosa lista de la revista Restaurant?

R. Las listas de Restaurant me importan cero. Puedo entender que haya una publicación donde la gente opine y se haga un ranking Pero cómo se lleva a cabo esta lista es irreal. Coges las bases del 50 best y te das cuenta de que la lista no es objetiva. DiverXo está el número 94 del mundo, pero te lo seguiré diciendo mañana si estamos el 10. A todo el mundo le da cierto respeto decir que la lista del 50 best no está bien hecha. Pero todos lo saben. Así que lo diré yo. Las bases no son realistas. Hay que cambiarlo y hay que decirlo. Dicho lo cual, algunas cosas tienen sentido. El mejor restaurante del mundo es el Celler de Can Roca, aunque esté el número 2.

P. Y la mejor cocinera del mundo ¿es su madre?

R. Sí. The number one.

P. ¿Cómo come?

R. Mal. En DiverXo se come muy bien, nos hacemos un menú para el equipo. Pero hay días que no como, otros días lo hago a las cinco de la tarde, la mayoría engullo…

P. La leyenda de que los cocineros se pegan unas juergas monumentales no encaja con sus horarios.

R. No, tío. Ahora estoy muy focalizado con lo que hago. Me trato como un atleta. Me gusta beberme una buena copa o un buen vino. Pero a día de hoy intento no beber nada de alcohol, me afectaría a la productividad.

P. Pues he oído que su siguiente revolución pasa por el vino.

R. Sí, nadie se ha atrevido a tocarlo. Y cada vez hay más gente joven que no lo bebe; se quejan de ello todos los bodegueros. Se ha enfocado todo desde un punto de vista demasiado dogmático. Hay una forma alternativa, más hedonista, que es la que aplicaré en DiverXo.

P. Oiga, ¿y los cerdos voladores que hay en sus mesas?

R. De pequeño era muy fantasioso. Le contaba a mi padre que había visto a los Reyes Magos y que había hablado con ellos… Me creía mis propias fantasías. Él siempre me decía que un día alguien me diría que había cerdos voladores y me lo creería. Así que para mí ese es un icono de la imaginación. Además, si llegas a un restaurante con tres estrellas y te encuentras una piara de cerdos voladores es que ahí pasa algo diferente.

P. Tiene más de un empleado por comensal. Eso no debe ser rentable.

R. No lo es. Pierdo dinero con DiverXo, pero StreetXo es rentable, las marcas también… DiverXo es el buque insignia. Es como invertir dinero en publicidad.

P. Vi una vez un titular donde decía que tiene tres estrellas pero es mileurista.

R. Bufff… muy forzado. Tengo muchos empleados, me gasto el dinero en inversión, me permito licencias que no son rentables… El día de mañana ganaremos dinero. Lo que me llevo a casa son unos 1.300 euros. Lo único que quería explicar es que no hace falta estar obsesionado con el dinero, ya llegará.

Categorías: Miscelanea

El ‘momentazo’ Banderas

Cultura ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:12

Hola, Antonio, ¿cómo estás? “Bien, bien, ummm… estoy bien. Habiendo acabado un año de trabajo muy largo y preparando otro que promete ser igual de interesante. Del resto... bueno, Melanie y yo hemos llegado a un acuerdo de silencio y no voy a ser yo quien lo rompa”. Al teléfono desde Los Ángeles Antonio Banderas, malagueño de 54 años, el actor no anglosajón más famoso en Estados Unidos. Miércoles tarde. Está a pocas horas de despegar hacia Londres para promocionar Los mercenarios 3,y de ahí a Marbella, donde el martes 5 dará una rueda de prensa con Sylvester Stallone y otros actores de la película, como Wesley Snipes y Jason Statham, y donde el fin de semana asistirá a la gala Starlite, plataforma filantrópica internacional en la que él ejerce de anfitrión. En esta entrevista exclusiva, y con absoluto desparpajo, desvía a córner el tema que le persigue desde inicios del mes de junio: su divorcio, tras 19 años de matrimonio, de Melanie Griffith. “Ahora me toca rearmar un poco mi vida”, comenta.

Durante años, Banderas ha confesado su deseo de vivir en Nueva York, de disfrutar de su vida teatral —durante un tiempo, mientras representaba el musical Nine, calmó ese ansia—. ¿Ha llegado el momento, ahora que su hija se va a la Universidad? “Hollywood ha cambiado mucho en los años que llevo aquí. En realidad, ya no es un lugar, sino un sello. Y si Cameron Diaz rueda en Australia da igual. Hollywood es una marca que algunos llevamos ya pegada. Así que no importa dónde residas. Quiero disfrutar del mundo teatral de Nueva York, no solo como actor, porque no paran de ofrecerme cosas que me atraen, sino también como espectador. Hoy mismo tengo una reunión con gente de la cadena de televisión NBC, porque una vez al año producen y retransmiten un musical, y por ahora les ha ido muy bien en audiencia, por ejemplo con Sonrisas y lágrimas. Este año me ofrecieron ser el capitán Hook en Peter Pan, pero no podía ser... Y ahora se me cruza la posibilidad de por fin retomar mi proyecto del musical sobre Zorba el griego. Son cosas así las que me motivan”.

En esta temporada finalizada, en la que Banderas no ha dejado de trabajar, su niña bonita es su último paso como productor, Autómata, de Gabe Ibáñez, que en otoño inicia su recorrido festivalero, “ciencia ficción basada en un buen guion, hecha de la mejor manera posible en la medida de nuestras posibilidades”, película en la que compartirá pantalla con su ya expareja Melanie Griffith. “Está hecha con mucho cariño, sin subvenciones, con mi propio dinero, tirando de relaciones personales... Es una película insólita para nuestra industria. No sé de su comercialidad pero sí de su calidad. Con ella se demuestra una vez más que el problema del cine español no es de talento, sino otro... del que ya hablaremos otro día”.

El año movidito le ha llevado hasta, incluso, el cine infantil. Banderas encarna al único personaje de carne y hueso, el pirata Alameda Jack, que aparece en Bob Esponja: un héroe fuera del agua, segundo largo de los personajes de dibujos animados de televisión. Pero también ha hecho de minero chileno; ha paseado en tanque por Cannes... Para ese otoño ya tiene cerrada una película española sobre el hallazgo de las cuevas de Altamira, en la que encarnará a Marcelino Sanz de Sautuola, el descubridor de la cueva... Banderas es un no parar, una fuerza de la naturaleza. “No te creas, cada vez llevo peor los vuelos Los Ángeles-Madrid. Son insoportables. La distancia es demasiado grande. Necesito dos semanas para recuperarme”.

Este arreón laboral le parece al malagueño un “resumen de su carrera”. “Desde filmes independientes que produzco; al mundo de los niños... y claro, Los mercenarios 3”. Durante años, Banderas hizo bastante cine de acción: Desperado, Asesinos, El guerrero número 13, la saga del Zorro, El mexicano... Antes o después tenía que estar en esa panoplia de héroes machacacráneos que recoge la serie Los mercenarios. “Le dije a Sly [Sylvester Stallone, fundador, productor y protagonista de la saga] que yo no podía competir contra sus puños, que me dejara hacer comedia. Y me respondió: ‘Lo que te dé la gana’. Prácticamente he improvisado el personaje, muy apoyado por Sly y por un reparto que parece el Paseo de la Fama de los héroes de acción”. En ese reparto de la película, que se estrena en España el 14 de agosto, están Stallone, Arnold Schwarzenegger, Dolph Lundgren, Jason Statham, Mel Gibson, Harrison Ford, Wesley Snipes, Jet Li... Y solo por citar algunos. “Me lo pasé mejor de lo que pensaba en el rodaje. Sí, filmaba rodeado de explosiones, pero pude bromear ante la cámara y eso me hizo sentir cómodo”.

¿De lo mejor que le ha pasado este año ha sido pasear con todos estos monstruos en tanque por el paseo de La Croisette en Cannes? “Pues sí. Mira, el cine puede ir desde la diversión y la banalidad hasta lo más recóndito de las complejidades del alma humana. Todo tiene cabida en un fotograma, y el festival de Cannes lo entiende. ¿El paseo? Era como entrar en un museo de cera [risas]. Te gusten o no, esos hombres son historia de Hollywood, han sustentado económicamente la industria”.

Hace unos cuatro años, Banderas cambió de representante. Sentía que se había atascado en su carrera y deseaba recuperar sus esencias como actor. A partir de ahí filmó con Steven Soderbergh (Indomable), Woody Allen (Conocerás al hombre de tus sueños), Jean-Jacques Annaud (Oro negro), picoteó cine indie americano (Ruby Sparks), volvió con Almodóvar (La piel que habito). Buscaba aventuras como Knight of cups, con el siempre enigmático Terrence Malick, el cineasta que filma y filma para luego en el montaje modelar su obra. “La rodé hace dos años. Fue algo increíblemente extraño. Solo trabajé un día pero fue una jornada eterna. Me enviaron un monólogo de nueve páginas, donde hablaba del universo y de las uñas de los pies. Iba de todo, era surrealista. Me lo hizo interpretar con Christian Bale en diferentes espacios y me explicó: ‘Vamos a saltar de un lado a otro. No te preocupes, ah, y no busques lógica, porque no hay guion’. Terrence me dijo que la premisa era pasear a un escritor en crisis [Bale] por diversos sitios, que el resto dependía de los actores. Así que cuando decía acción me envió a los que él llamaba torpedos, intérpretes que interrumpían mi charla con Bale para obligarnos a improvisar. Era un juego cinematográfico rarísimo nacido de un hombre absolutamente libre, algo muy extraño en una ciudad como esta. Empujó a mi personaje por recovecos y caminos que yo ni me podía imaginar. Al final del día me despedí diciéndole: ‘Espero verme en la pantalla’, por esa fama de que muchos actores ruedan con él pero pocos aparecen en sus montajes definitivos, y me soltó: ‘Yeahhh’. Hace dos meses me pidieron permiso para que mi nombre aparezca como el quinto en importancia en los carteles... Me dejó estupefacto”.

También aparece en Los 33, la recreación de la odisea que vivieron los 33 mineros sepultados en Chile en 2010 a 720 metros bajo tierra durante 69 días. “Permíteme el chiste, pero fue un rodaje muy oscuro. Estuve dos meses y medio metido en una mina colombiana, interpretando a Mario Sepúlveda [uno de los líderes del grupo]. Muy duro físicamente, uno acaba por entender el dolor de esos hombres que no bajan allí por unas semanas sino toda su vida. Incluso nosotros sufrimos algunos mareos por el gas metano”.

En octubre Banderas se mudará a España a protagonizar la película sobre las cuevas y las pinturas rupestres de la cueva de Altamira. “Estoy muy ilusionado con este proyecto porque se rueda en España con producción española de Morena Films y porque lo dirige Hugh Hudson [Carros de fuego, Revolución]. En realidad me gustó mucho la reflexión que esconde el guion sobre lo que ocurre en España a finales del siglo XIX, el enfrentamiento entre religión y ciencia, entre razón e ignorancia, y que afectó incluso al matrimonio de Sautuola, porque su esposa, Conchita, era casi fundamentalista”. No hay más actores firmados para la película. “Me gusta mucho la apuesta por un tono muy inglés, casi de James Ivory, apoyada en el verde paisaje cántabro”. ¿Y después? “Puede que haya otra película española en marzo, y estoy intentando reconducir la situación de 33 días, la película sobre la creación del Guernica de Picasso, en la que estamos involucrados Carlos Saura, el director de fotografía Vittorio Storaro, Gwyneth Paltrow y yo. Espero resolver los problemas de producción. Pero yo voy a meter mano a eso fijo. Me apetece mucho hacer de Picasso, que Carlos haga otra gran película”.

Eso sí, en su futuro se aleja la posibilidad de dirigir. “Es que tienes que dedicar mucho tiempo y aunque tengo cosas escritas es complicado. En fin, vamos a ver cómo me reinserto en esta nueva temporada de mi vida”.

Categorías: Miscelanea

La sesentona Miffy dice adiós

Cultura ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:12

Nijntje (Miffy en español), es un dibujo minimalista que representa a una de las conejitas más famosas de la literatura infantil preescolar. Su autor, el dibujante holandés Dick Bruna, ha vendido 85 millones de cuentos con sus aventuras y ha sido traducido a 40 lenguas. Ahora, a punto de cumplir 87 años, ha decidido guardar los lápices. El último relato —de un total de 200— apareció en 2011 y no habrá más. Nijntje/Miffy se retira, pero su legado es enorme. No solo dispone de un museo en Utrecht (centro de Holanda), ciudad natal de Bruna. La figura ha sido reproducida en todo tipo de materiales y se han filmado películas y montado musicales. Ha aparecido en eventos caritativos, educativos y hasta deportivos, como el pasado Tour de Francia. El próximo año, la carrera partirá de Utrecht y la mascota ha tomado ya el testigo.

Publicada en España por Perramón y Planeta, entre otros, Nijntje nació en 1955. Como sucede con otros autores, un hecho tan sencillo como haber visto un conejo cuando paseaba con uno de sus hijos , inspiró las aventuras. En holandés, el nombre es el final del diminutivo conejito, o konijntje. En otros países cambia de apelativo. Puede ser Miffy (Reino Unido), Naynti (árabe), Mi fei (chino), Milla (finlandés), Lilla Kanin (sueco), o bien Usako-chan (japonés). En todos conserva su limpio trazo negro para las orejas, gran cabeza blanca y vestidos de colores primarios. Una figura casi esquemática que Bruna ha sabido dotar de expresión. También de ternura, aunque sus ojos sean solo puntos negros y la boca un aspa. Con tan poco, muestra sus sentimientos sin caer en la sensiblería.

Hijo de uno de los mayores editores holandeses, dueño de la cadena de kioscos con su apellido abiertos en las estaciones de ferrocarril, el autor prefirió el diseño gráfico. Tras una gira por París y Londres para aprender el oficio paterno, las frecuentes visitas a los museos cambiaron su vida. Bruna siempre cita a Van Gogh, Rembrandt, Matisse y Mondrian entre sus pintores de cabecera. También se inspiró en el movimiento artístico De Stijl, empeñado en reducir la composición a líneas verticales y horizontales. Hoy, con Nijntje rondando la sesentena, su criatura forma parte del imaginario holandés. De todos modos, durante los años en que tardó en establecerse, sus parientes no entendieron que se dedicara a garabatear. Hasta que el personaje cobró forma, se ganó la vida ilustrando solapas de libros de autores como Georges Simenon (para su comisario Maigret) e Ian Fleming (para James Bond). También son suyas las tapas de la obra de Havank, novelista holandés creador de una pareja de policías franceses de inteligencia superior.

Nijntje es femenina porque Bruna quería ponerle vestidos floreados, en lugar de pantalones. Entre sus amiguitos hay un cerdo, un oso y otras tres conejitas, además de un perro y un koala. Juegan en el bosque, se protegen de la lluvia, van en bicicleta, celebran cumpleaños y ordenan sus habitaciones, desde su altura mínima. Para que los niños puedan coger bien los libros, el formato suele ser cuadrado, delgado y pequeño. Hasta la jubilación recién anunciada, Bruna acudía a diario a su estudio de Utrecht para dibujar. Hace una casi década, la ciudad abrió un museo en su honor con gran pompa. Nijntje está dedicada a niños hasta seis años, pero, al menos en Holanda, no es patrimonio de los párvulos. Puede aparecer en pijamas para jovencitas, libretas destinadas a los alumnos de secundaria, e incluso las tazas de café de uso diario.

No es el único conejo del universo literario infantil. Ahí están, sin ir más lejos, el colega que siempre llega tarde en Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. O bien Peter Rabbit (Perico el conejo), de Beatrix Potter, ambos británicos. El gancho de Nijntje radica en su sencillez. La bonhomía de Bruna, que luce un bigote inmaculado a juego con su pelo blanco, solo se ha roto en público una vez. No le gusta nada la gatita japonesa por excelencia, Hello Kitty. Nacida en 1974, está claro que el dibujo de la firma nipona Sanrio bebe de sus fuentes, pero le parece que podrían haberse esforzado "en hacer algo original y no copiarme”. Así lo dice, cuando le preguntan por su principal competidora.

Categorías: Miscelanea

Genocidio

Cultura ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:12

La atrocidad que cada día siguen padeciendo los palestinos de Gaza produce tanto dolor como indignación por la inoperancia política de quienes deberían detener la masacre, casi todos ellos callados en las poltronas de sus despachos, como si no vieran la televisión ni leyeran los periódicos. En cambio, han saltado a la palestra, entre otros colectivos internacionales, numerosos artistas españoles con un manifiesto contra "el genocidio que está perpetrando el ejército de ocupación israelí en la franja de Gaza". Y como es habitual, los empeñados en sus propias rigideces han saltado a las yugulares de los firmantes más conocidos acusándoles de casi todo, especialmente de que no denuncien también otras monstruosidades que ocurren en el mundo, o que a través de sus trabajos colaboren con empresas regentadas por sionistas. De nuevo, pues, la cerrazón como sistema mientras continúan los bombardeos contra la población civil, el bloqueo, el cierre de pasos fronterizos, en una palabra, el genocidio.

La situación es compleja, como ha matizado una de las firmantes del manifiesto, la actriz Penélope Cruz, y de esa complejidad habla una hermosa película palestina aún en cartel, Omar, que este periódico recomendó desde el primer momento. Fue candidata al Oscar como mejor película extranjera, que finalmente no obtuvo, igual que le ocurrió a otra anterior del mismo director, Paradise Now, el árabe israelí Hany Abu-Assad, a quien se deben varias películas sobre el drama de Palestina, como La boda de Rana, de hace unos diez años y aún no estrenada en España. Tal como escribió Javier Bardem en una primera carta, "en el horror que está sucediendo en Gaza no cabe la equidistancia ni la neutralidad". Y naturalmente han vuelto a insultarle.

Los firmantes del manifiesto exigen un alto el fuego inmediato, instan al gobierno de España y a la Unión Europea a condenar la masacre y "el uso de la violencia de todas las partes". ¿Por qué les molesta?

Categorías: Miscelanea

‘Canis familiaris’

Cultura ElPaís - Vie, 01/08/2014 - 00:12

Dennys Rodríguez reflexiona sobre la importancia de los perros para algunas personas en un curioso docudrama. Canis familiaris es uno de los cortos que participaron en el último JamesonNotodofilmfest.

Categorías: Miscelanea

Redemption song(s)

Cultura ElPaís - Jue, 31/07/2014 - 23:46

En una de las secuencias más delicadas de Once (2007), trampolín para la carrera cinematográfica del exbajista del grupo The Frames John Carney, la protagonista paseaba hasta una tienda con el propósito de comprar pilas para su reproductor de CD. En su camino de vuelta, la música que escuchaba a través de sus auriculares inundaba la pantalla, condicionaba el pulso de la cámara y la puesta en escena y, de paso, resolvía, con discreción y sin aspavientos, el problema del realismo en el género musical: ¿Cómo justificar la subordinación de lo real a la fuerza rectora de una canción? En Begin Again, primer proyecto estadounidense del cineasta irlandés, hay una secuencia casi paralela: los protagonistas —una joven cantautora (Keira Knightley) y un productor caído en desgracia (Mark Ruffalo)— reflexionan sobre el poder de la música para elevar lo cotidiano, para dotar de intensidad a lo aparentemente insignificante, mientras la música que escuchan a través de sus cascos redimensiona una estampa callejera cualquiera.

John Carney revela en esas dos secuencias su singularidad: la de un creador capaz de hacerse preguntas constantes sobre la esencia de un género (el musical) que, en los últimos años, parecía condenado a trasladar aparatosas producciones de Broadway y el West End con discutible inventiva cinematográfica y que, sin embargo, revive en sus manos de forma desnuda y purísima. En Begin again, Carney echa mano de un molde dramático convencional —el camino a la redención de un veterano de mil batallas imantado por el talento de una principiante— sobre la base de una de las más añejas tradiciones del musical —la épica de levantar una producción contra viento y manera, la constante que une a La calle 42 (1933) con Summer stock (1950) y tantas otras—, pero todo lo que hace con ese material tras el punto de partida revela el funcionamiento incesante de una inteligencia poco común. De paso, la película intenta ofrecer reflejo y testimonio del presente periodo de transformación de la industria musical, aunque ahí quizá se le pueda reprochar a Carney un exceso de optimismo en su visión utópica de una perfecta armonía entre la independencia del artista y el compromiso del consumidor.

Cuando el personaje de Ruffalo ve materializarse sobre el escenario los arreglos que aplicaría al material en bruto o cuando Keira Knightley constata una traición sentimental escuchando una canción, se afirman la excepcionalidad y altura de Begin again.

Categorías: Miscelanea
Distribuir contenido