Miscelanea

Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 01:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

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La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mar, 30/06/2015 - 23:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

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El sector de la TDT reitera al Gobierno la necesidad de prorrogar 3 meses y no uno la reantenización

Comunicacion ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 14:18
El ministro de Industria ha deslizado la posibilidad de alargar el proceso -que acaba el 31 de diciembre- un mes. En el sector tiran de números: si en 15 semanas se ha alcanzado un 52% de la antenización, para alcanzar el otro 50% se necesitaran otras 12 semanas. Leer
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Cuba-EEUU: dos no pelean si bailan

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 10:13
La isla ha sido a la música, qué-sé-yo, lo que Serbia al baloncesto, ese pequeño país que más de una vez le mordió la oreja al gringo. Y, al contrario, EE.UU ha sido el espejo y la medida del valor de cualquier músico cubano. Leer
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Obsesión Cézanne

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 09:31
Tres años después del 'pelotazo' de 'Los juagdores de cartas' delpintor francés (por el que se pagaron 191 millones), una obra suya de primera categoría llega el mercado. ¿Huele a récord? Leer
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María Valverde: 'Ha sido un año de luces y sombras, pero intenso y bonito'

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 04:59
Pese a su ruptura con Mario Casas, no es una mujer despechada. Es una chica que triunfa en la tele. Que triunfa en el cine. Que triunfa en Hollywood y que quiere disfrutar en Londres del anonimato. Leer
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El poeta de todos

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 04:51
El poeta norteamericano cuenta con una nueva traducción al español de su monumental obra, 'Hojas de hierba', a cargo de Eduardo Moga y editado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Un volumen de 1.500 páginas que incluye una selección de prosas del autor del gran himno lírico a la democracia. Leer
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Corea del Norte amenaza con la guerra a EEUU por sus acusaciones sobre el ciberataque a Sony

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 03:57
Nuestro más duro contraataque se dirigirá a la Casa Blanca, el Pentágono y todo el territorio continental de Estados Unidos superando con creces el contraataque simétrico declarado por Obama", afirma Pyongyang en un comunicado. Leer
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'Somos huérfanos -me dijiste-; pero somos hermanos -te dije-'

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 03:45
Se publican las cartas entre Miguel Delibes y el hispanista Gonzalo Sobejano: medio siglo (1960-2009) de amistad y literatura. Leer
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'Nuestro sistema político equivale al chantaje legal'

Cultura ElMundo - Lun, 22/12/2014 - 03:39
'En España han puesto un marcha un mecanismo de autodefensa [ley mordaza] para evitar las protestas en masa', denuncia el profesor fetiche de nuestra era del descontento. Leer
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Samuel Beckett, el escritor sigue en pie

Cultura ElPaís - Lun, 22/12/2014 - 00:14

Mi admiración por Samuel Beckett, de cuya muerte se cumplen hoy 25 años, crece a cada nueva zambullida en su mundo. Vuelvo a leerle y pienso en un gran pájaro, con alas de albatros y pico de quebrantahuesos, sobrevolando todos los tópicos vertidos sobre su obra. ¿Beckett, nihilista? Se ha dicho demasiadas veces y sigo sin creerlo. Pienso más bien en un Beckett realista, un Beckett combativo, un Beckett optimista. Siempre me llamó la atención una frase suya, escrita durante la Ocupación: “Prefiero vivir en una Francia en lucha que en la Irlanda neutral”. Beckett combativo: pocos saben que militó en la Resistencia, por cuyas acciones (a las que quitaba importancia, calificándolas de “cosas de boy scout”) obtuvo la Cruz de Guerra. El gran misántropo era también, al decir de quienes le conocieron, un hombre “infinitamente amable y bondadoso”. Harold Pinter contaba, conmovido, una historia que vivió con él a comienzos de los años sesenta: en su casa, la noche de su primer encuentro, Beckett se levantó y recorrió varias farmacias de París a las cinco de la mañana hasta conseguir algo de bicarbonato con el que paliar la feroz indigestión de su invitado.

En Primer amor, un relato escrito en 1946, cuyo despojamiento formal y humor negrísimo anticipan la trilogía de Molloy, Malone muere y El innombrable, podrían rastrearse, quizás, las profundas cicatrices de un hombre anterior: el joven Beckett (Dublín, 1906-París, 1989) que se considera “muerto y sin sentimientos” tras su ruptura con Lucia Joyce, y que pasa dos años de tratamiento en la clínica Tavistock a raíz de la muerte de su padre.

Beckett realista: “Las mujeres dan a luz a caballo de una tumba, el día resplandece un instante y en seguida vuelve la noche”, dice Pozzo. Beckett optimista: “Winnie no se suicida y puede hacerlo”, decía Giorgio Strehler cuando dirigió Días felices. “En el primer acto tiene una pistola en la mano, pero nadie se ha suicidado nunca en una obra de Beckett”. Winnie, hermana de Molly Bloom, rebosa humor, humor pragmático como una forma de resistencia. Suena el timbre, y esa mujer enterrada hasta el cuello abre los ojos como una actriz a la que vuelven a llamar a escena: “Canta, Winnie”, se dice, “canta tu canción”. Esperando a Godot hace pensar en un grupo de cómicos obligados a representar una obra, sin saber por qué, en un viejo teatro abandonado. Fin de partida evoca las figuras de dos reyes que han quedado solos, en el centro del tablero, y optan por seguir realizando pequeños movimientos.

En la nada más absoluta siempre queda algo, “algo que sigue abriéndose camino hacia alguna parte”, llámese carcoma, palabra o narración. Hay en sus protagonistas, escribí, una tendencia natural hacia la narración, hacia el humor verbal y fantasioso, y sobre todo hacia la impavidez estoica de quien conoce las verdades de la vida y su alternancia de horror y belleza. Pese a todo, parece decirnos Beckett, siempre puede surgir un inesperado rebrote en el árbol seco: debemos seguir moviéndonos aunque no vayamos a ninguna parte, debemos seguir jugando aunque todos hayan mostrado ya sus cartas. De gesto en gesto, de palabra en palabra, los protagonistas de su obra trazan un nombre secreto en la arena: salvación, aquí y ahora. No veo absurdo en Beckett. Nos habla de necesidades esenciales: comer, dormir, buscar compañía, buscar la manera de pasar la noche.

En la segunda parte de Esperando a Godot todo recomienza para peor, como un infierno circular: Pozzo se ha quedado ciego, Lucky se ha vuelto mudo. Vladimir dice: “Tenemos tiempo para envejecer. "El aire está lleno de nuestros gritos, pero el hábito es un gran calmante”.

También se ha dicho que hay mucha soledad en su teatro, pero lo cierto es que abundan las parejas. En Esperando a Godot tenemos a Vladimir y Estragon, a Pozzo y a Luzky (y a Vladimir y Estragon jugando a ser Pozzo y Lucky). En Fin de partida están Hamm y Clov, y Nagg y Nell. En Días felices, Winnie y Willie. Willie, su esposo, apenas habla, pero a Winnie le basta con saber que está ahí, que sigue vivo. Incluso Krapp, que está solo, escucha a su yo antiguo, grabado en La última cinta.

“Llegará un día”, dice Winnie, “en el que tendré que aprender a hablar sola”. Premonitorias palabras, porque en sus últimos años Beckett escribe monólogos cada vez más breves, más despojados y más amargos (Not I, That Time, A piece of monologue, Rockaby) siempre girando en torno a los mismos temas: soledad, vacío, locura, pérdida, muerte, memoria rota, peso del pasado. Voces solitarias y flotantes, que caen en el vacío como un fluido oscuro. Es un Beckett que ya ha recibido el Nobel (cuyo dinero rechazó), al que todos consideran un clásico incontestable, pero que sigue escribiendo, “moviéndose en alguna dirección” como cualquiera de sus personajes, para no quedarse quieto, inmóvil en el pedestal; un Beckett que prefiere, como dice después de haber terminado Not I, “work standing still prior to lying down”, seguir en pie, trabajando, en vez de tenderse, de dejarse abatir.

 

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Más que un autor, una región

Cultura ElPaís - Lun, 22/12/2014 - 00:14

Hay muchos Beckett en Beckett, por eso casi mejor hablar de una región. Porque ahí dentro caben todos: los extraños y un poco petulantes, los perdidos y desamparados, los animosos, los provocadores, los que hacen todo lo posible por resultar sensatos y previsores, los que pasan angustias y los que están radiantes. “Pero prefería atenerme a mi simple creencia, la que me decía, Molloy, tu región es muy extensa, nunca has salido de ella y nunca saldrás”, dice uno de sus personajes. Y en uno de sus textos breves, Sin,da una idea del lugar donde está, su sitio, el mundo: “Gris ceniza alrededor tierra cielo confundidos lejanía sin fin”. Las precisiones podrían ser aún mayores, pero tampoco importa tanto. Ésa es la región de Beckett.

Nació en Dublín el 13 de abril de 1906, el segundo hijo de una pareja acomodada. Fue de joven un magnífico deportista: rugby, boxeo y, sobre todo, críquet; nadaba muy bien, jugaba al tenis y al golf, tuvo una moto. Estudió filología moderna y obtuvo, al terminar, una plaza para enseñar inglés en la École Normale Supérieure, París. Llegó en 1928 y se instalaría definitivamente allí a partir de 1937, adoptando el francés como su lengua literaria. Conoció a James Joyce, del que terminaría siendo un gran amigo y con el que rompió cuando no correspondió a los amores de su hija Lucia. En 1938 un proxeneta lo apuñaló y pudo haber muerto. El episodio le permitió conocer a Suzanne Deschevaux-Dumesnil, seis años mayor que él, la mujer más importante de su vida. Hubo otras, como la millonaria Peggy Guggenheim o Barbara Bray, traductora y editora de la BBC, a la que conoció a finales de los cincuenta.

Beckett fue un tipo complicado. Le gustaba mucho caminar, y se pasaba el tiempo quejándose de las más diferentes dolencias. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en la Resistencia y luego, entre 1946 y 1950, escribió algunas de sus mayores obras: Mercier et Camier, Eleutheria, su gran trilogía (Molloy, Malone muere y El innombrable) y Esperando a Godot. En 1969, mientras viajaba con Suzanne por Túnez, supo que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura, así que se encerró en un monasterio y desconectó el teléfono. La Academia se lo concedió “por su escritura, que, renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno”. Murió en París, el 22 de diciembre de 1989.

De su obra se ha dicho que tiene un aire filosófico, y se le ha etiquetado como un cabal representante del teatro del absurdo. Pero todo eso es seguramente irrelevante. Importa más coger sus libros y entrar en su región. Y leer, por ejemplo: “Los patos puede que sean lo peor, verse de pronto pataleando y tropezando en medio de los patos, o de las gallinas, cualquier clase de volátil, hay pocas cosas peores”. He ahí Samuel Beckett.

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André Breton: “Una cloaca de sangre, imbecilidad y fango”

Cultura ElPaís - Lun, 22/12/2014 - 00:14

Puede que fuera André Breton, gran teórico del surrealismo, el formulador de una de las definiciones más precisas de lo que fue la Gran Guerra en el sentir del ámbito artístico: “Una cloaca de sangre, imbecilidad y fango”. Fueron muchos los artistas que se convirtieron en soldados. Algunos murieron en el frente; otros retornaron con las vidas destrozadas por lo que habían visto en el campo de batalla.

La lista de los enrolados en ambos bandos es larga: Guillaume Apollinaire, Fernand Léger, Paul Klee, Otto Dix, William Roberts, David Bomberg, Wyndham Lewis o Max Beckmann participaron directamente. Todos contaron el drama a través de su obra o sus escritos. Cuando está a punto de extinguirse un año plagado de conmemoraciones dedicadas a recordar el comienzo de la Gran Guerra, el 28 de julio de 1914, un libro publicado por la historiadora Esperanza Guillén (Granada, 1961) recupera los testimonios de una veintena de los artistas participantes. Los artistas frente a la Primera Guerra Mundial. Correspondencia, diarios y memorias (Editorial Atrio) es un documento de primer orden para que el lector comparta el sufrimiento expresado por los artistas.

El libro está dividido en tres partes. La primera está dedicada a los creadores alemanes y austriacos que participaron en la guerra: Franz Marc, Paul Klee, Georges Grosz, Oskar Kokoschka, Otto Dix, Max Beckmann, Egon Schiele, Oskar Schlemmer. En el segundo bloque se recogen testimonios de los artistas aliados de la Triple Entente: Fernand Léger, André Derain, Wyndham Lewis, Marc Chagall, Giorgio de Chirico, Arturo Martini, Umberto Boccioni, Felix Vallotton. En la última parte, se cuentan los casos de quienes sufrieron el conflicto desde la retaguardia: Pablo Picasso, Juan Gris, Alfred Cubin, Henri Matisse, Ignacio Zuloaga o Claude Monet.

Esperanza Guillén explica que este libro es parte de los resultados de un proyecto de investigación colectivo que ella dirige, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, titulado El artista y el dolor. El sufrimiento como límite de la representación en la cultura artística contemporánea. “Puesto que cada investigador desarrolla una línea de trabajo, yo me ocupo del estudio de la verbalización del sufrimiento de los artistas reflejado en su correspondencia, sus diarios o sus memorias. El argumento principal de un libro más extenso que estoy escribiendo para ese proyecto se centra en los padecimientos asociados a la creación, como el miedo ante el lienzo en blanco, la inseguridad frente a los resultados alcanzados, el dolor ocasionado por la incomprensión del mercado o de la crítica, o la ansiedad ante el hecho de que la enfermedad o la muerte imposibiliten la conclusión de la obra”.

En el libro no hay documentos inéditos, aunque es la primera vez que algunos testimonios se traducen al español. “En esta ocasión (a diferencia de un libro anterior, Orgullo y dependencia. Cartas de artistas españoles) no recojo ningún texto que no haya sido publicado, aunque muchos de ellos no han visto nunca la luz en nuestro país, por lo que ha sido preciso traducirlos por primera vez a nuestro idioma. Me interesaba situar esos fragmentos de cartas, diarios y memorias, escritos por tanto en primera persona, próximos los unos a los otros, para ofrecer una composición coral que reflejara las reacciones más diversas ante el mismo acontecimiento”.

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Héroes y aventuras literarias de América Latina

Cultura ElPaís - Lun, 22/12/2014 - 00:02

No tienen súperpoderes ni disfraces ridículos. A los fusiles cósmicos prefieren los cheques y esconden detrás de un traje su falta de escrúpulos. En fin, que los anodinos villanos de hoy en día nada tienen que ver con los fascinantes malos de los cómics. “No es que el mal no exista, pero su rostro y sus modos son distintos. No hay enemigos carismáticos como Ming el Despiadado o Joker. El único que podía funcionar era Bin Laden, y ya se han encargado de eliminarlo”, cuenta Marcelo Figueras. Así que, a falta de sus némesis, ¿qué harían los héroes en nuestro mundo? Contestar a esa pregunta (y a varias más) le ha costado al escritor y guionista argentino más de 500 páginas, las de su última novela, El rey de los espinos (Suma de Letras).

El libro arranca con la muerte de un autor de cómic. Su departida pone en marcha una trama que bien podría encajar en sus historietas: cuatro héroes de sus tebeos se ven catapultados en el mundo real, donde les esperan dos jóvenes aliados y decenas de aventuras. Un viaje frenético, que condujo a Figueras hasta su pasado. Tras centrar novelas como El muchacho peronista o Kamchatka en la dictadura —“necesité que mis primeros libros metabolizaran la experiencia de vivir en mi país en esos años"—, el autor sintió que ya podía dedicarse a la obra que siempre había tenido en la cabeza.

“Tengo la sensación de que los otros libros son la excepción. Pensé: ‘¿por qué no escribir la historia que quería hacer desde que tenía 4 años?”, relata. Esa historia es El rey de los espinos, mezcla en salsa latinoamericana de la prosa de un escritor aplaudido con los sueños de un niño que hacía volar su fantasía gracias a Salgari, Verne o Melville. “He querido ser escritor desde que tengo uso de razón, siempre fui nerd de la literatura. Mis padres me cuentan que en las fiestas era el niño que desaparecía y lo encontrabas con un libro”, recuerda el autor.

Además del tributo a los autores que tanto amó, Figueras también quería homenajear a Héctor Oesterheld, célebre guionista de cómics argentino, secuestrado por la dictadura y desaparecido en 1977. Y, ya puestos a cumplir deseos, el autor necesitaba realizar otra aspiración: “Adoro los géneros clásicos pero echo en falta relatos de aventura, terror o fantasy que recojan nuestra sensibilidad latina. Tenemos talento y mitología de sobra para hacerlo”.

Para ello, de poco le servirían los héroes habituales. ¿Acaso el Capitán de la a menudo odiada América podría liderar su escuadrón latino? Así, de la tradición Figueras solo se quedó con el marco: un pirata, un viajero del tiempo, un caballero y un vampiro. A partir de ahí, pintó un cuadro totalmente distinto: su bucanero es adicto al opio, el espadachín es árabe y gay y el bebesangre luce origen maya y un físico bastante más deprimente que el de Robert Pattinson. “Mi sensibilidad no puede ser la misma que la de Tolkien [El señor de los anillos] o Martin [Juego de tronos]. Inevitablemente tiene que ver con la empatía por los marginados del mundo, por los que nunca llegarán a reyes de nada y luchan batallas épicas solo por alcanzar algo parecido a la felicidad”, defiende Figueras.

Su discurso sobre el planeta más allá del primer mundo le lleva directo a una cuestión que parece importarle especialmente. La define como “división internacional del trabajo intelectual”. “A los países periféricos se nos permite que tengamos creaciones muy locales u ocasionalmente alguna figura rutilante por el lado del arte más exquisito. Los Estados centrales, de EE UU a Reino Unido, se reservan los grandes relatos que todo el mundo consume, tienen el monopolio del policial, la ciencia-ficción, el fantasy, etc”, añade Figueras. En busca de explicaciones, el autor acude a los medios, tanto económicos como de canales de difusión, con los que estos gigantes cuentan.

Sin embargo, Latinoamérica también sufre el ataque del fuego amigo. “Ha habido un enorme desarrollo de la cooperación económica, salvo para los bienes culturales. A la Argentina no llega lo que hacen en otros sitios de Hispanoamérica ni lo que producimos llega a otros lados. La distribución del cine español en mi país, por ejemplo, es tétrica”, agrega. El autor cree que falta una apuesta por la cultura como marca de la casa, producto rentable a exportar, al estilo del ganado argentino o de la agricultura.

Es eso, según Figueras, lo que necesita el cine de su país, que ya cuenta con “mucho talento y muchísima producción”. A ella, tarde o temprano se añadirá el filme que el propio autor quiere dirigir desde hace tiempo. Se titula Rey y narra la historia de un tipo que sale de la cárcel y al que su exmujer impide ver a su hija. Pesa a que Figueras cuenta en su currículo de guionista con taquillazos como Kamchatka y Peligrosa obsesión, la película está en busca de financiación. Al fin y al cabo, hacer cine hoy en día es otra aventura.

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‘After’: de fantasía ‘online’ y por entregas a libro millonario

Cultura ElPaís - Lun, 22/12/2014 - 00:01

En abril de 2013, Anna Todd escribió el primer capítulo de After, una novela de fanfiction, el género literario y fenómeno juvenil en el que las historias, aunque ficticias, están inspiradas en personajes reales. En su caso, Todd tomó como referente uno de sus grupos favoritos y que más literatura de este tipo genera, One Direction, e imaginó una historia de amor (y sexo) entre una chica recién llegada a la universidad, Tessa (con quien comparte muchas cosas, reconoce), y uno de los componentes de la popular banda, Harry Styles.

Escribió el primer capítulo y lo subió a Wattpad, la plataforma online y red social literaria, en la que llevaba meses leyendo relatos de otros usuarios. “Al día siguiente subí el segundo capítulo; y cuando me hice con la herramienta, empecé a subir casi un capítulo diario”, cuenta por teléfono desde Texas.

Ese verano, After alcanzó el millón de lectores. Un año después firmó un contrato de seis cifras con una editorial estadounidense por cuatro libros y vendió los derechos a 23 países, entre ellos, España, donde Planeta acaba de publicar el primer volumen. Hace un mes, Paramount Pictures anunció que convertirá la novela en una película.

Anna Todd tiene 25 años y vive con su marido, soldado del ejército de EE UU, en un pueblo cerca de Austin. Cuando empezó After, trabajaba como maquilladora en una tienda. Nunca había escrito antes. “Había pensado en escribir, pero nunca de una manera nada realista”, dice. “Sentía que era algo que tenía dentro de mí, pero no sabía cómo sacarlo”. Otros lectores y usuarios de Wattpad, que se convirtieron enseguida en fans, le ayudaron a hacerlo dándole “críticas positivas y constructivas constantemente”.

“Las plataformas de escritura responden a una doble necesidad: a la voluntad de miles de personas de escribir y ser leídos, pero sobre todo a la de compartir la experiencia de la creación con los lectores”, explica María Guitart, editora de After en Planeta. Es la adicción que ya creaban Dickens o Galdós con sus novelar por entregas, sin intermediarios y multiplicada por la tecnología. Es el fenómeno de la escritura y lectura social y móvil en el que la plataforma Wattpad, con más de 35 millones de usuarios por todo el mundo (más de un millón en España), es número uno.

“Cada día subirán unos 250 mil historias. Cada minuto, el equivalente a 24 horas de lectura”, cuenta Allen Lau, CEO y cofundador de Wattpad, que nació en 2006 como herramienta de lectura, pero en seguida se convirtió en un lugar de encuentro de lectores y escritores o, como ellos se llaman, Wattpadders.

El perfil del Wattpadder es como Anna Todd. “La mayoría son mujeres menores de 25 años”, dice Lau. Sus géneros favoritos son “romance, ficción juvenil y fanfiction, aunque la ciencia-ficción y la no ficción están creciendo rápidamente”.

Ella tampoco es la primera que consigue que su novela por entregas pase al papel. “Abigail Gibbs fue una de las primeras Wattpadders en firmar un contrato de seis cifras con una gran editorial en 2012”, dice Lau. “Brittany Geragotelis fue otra popular escritora de la red que publicó al principio”. La semana pasada, M.K. Shaddix firmó en exclusiva con Amazon.

De todos, After sigue siendo el mayor éxito con más de mil millones de lecturas, pero ya hay muchos escritores en esta red que han firmado acuerdos de publicación. “Cientos”, asegura Allen Lau. El libro físico sigue siendo la manera de sacarle jugo a estos fenómenos. Para todos: Wattpad ha encontrado en la representación de sus Wattpadders, con Anna Todd como debut, una nueva forma de monetizar esa fuente de talento que tienen y que las editoriales rastrean, ávidos del siguiente 50 sombras de Grey.

A pesar del gran lanzamiento editorial, After seguirá disponible y gratis en Wattpad. Entonces, ¿qué valor tiene el libro? “Hoy en día todo pasa por la red, pero cuando se trata de un gran fenómeno lo que ofrece la red no es suficiente, es importante ‘tener’ el libro entre manos”, explica María Guitart. “Un ejemplo: miles de fans de After han leído tres, cuatro veces el libro en la red, pero en el momento en que se anunció la publicación en papel, han estado contando los días para poder tenerlo entre sus manos, y se han volcado en una compra casi militante. No sólo quieren tener After, quieren ayudar a hacer crecer el fenómeno del que se sienten parte”.

“Sujetar el libro con mis manos, firmarlo, verlo en las tiendas hace que todo esto parezca más real”, asegunda Todd. “Si me gusta un libro y está en papel, aunque lo haya leído en digital, lo compro. Además, la versión en papel es diferente, está editada”. Sin embargo a la hora de escribir no podría abandonar la comunidad. “Ni siquiera sé si quiero intentarlo, me gusta la parte social”. Estos días para seguir fidelizando a sus fans, por ejemplo, sube capítulos de una precuela: “Es punto de vista de Hardin (el nombre ficticio de Harry Stiles)”.

“Se puede decir que el camino de doble sentido es una realidad”, dice Guitart. “Nacen cosas en la red que acaban en papel, seguramente porque ahora el lector/escritor está en la red, es el reflejo del momento que vivimos: nunca antes digital y analógico habían convivido y se habían alimentado mutuamente de este modo”.

El papel es una aspiración para los que vienen detrás de Anna Todd. ¿Es el fin último? “Para nada”, dice Allen Lau. “La gente escribe en Wattpad por diferentes razones. Algunos lo hacen para autoexpresarse, otros buscan una carrera”. Y otros, como Todd, se la encuentran. “No puedo llamarme escritora aún, pero definitivamente quiero dedicarme a escribir”.

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“No se puede frivolizar con la violencia. Ha de repeler”

Cultura ElPaís - Dom, 21/12/2014 - 16:44

¿De dónde viene su querencia por filmar la violencia? Forma parte del ser humano y evidentemente de mí. No se puede rodar de una manera que no signifique un impacto para el espectador, y Celda 211 fue un ejemplo. No se trata de buscar morbo ni efectos gratuitos: tiene que repeler. No puedes frivolizar con la violencia.

Así lo percibe el espectador. Una mujer, de unos 70 años, me paró en la calle. “Qué película más bonita”. Aclaró: “Es dura y violenta, pero no es gratuita; es una violencia necesaria para la historia y está tratada de forma justa”.

Y así sucede en El niño. Pasamos ocho meses en el sur, investigando; surge de la realidad que nos contaron policías, guardia civil, gente de vigilancia, delincuentes. Ahí nos dimos cuenta de que estos jóvenes se meten en el tráfico de drogas como un juego, por desafiar a la autoridad, por el dinero rápido. Hasta que la realidad los golpea.

¿Y los policías? Están metidos en una atmósfera turbia, tensa; conocen el peligro; tienen la paranoia de ver detrás de cada persona a un narcotraficante. Lo que queríamos mostrar era que el mundo de la policía es angustioso, que están en esa cárcel existencial que sobrellevan. Y que los chavales parten de una luz, hasta que la película los lleva al punto en que gira ese juego en su contra.

Hay una pulsión violenta: en el policía, en el delincuente. Y en nosotros. Ante una atrocidad repugnante, si uno hace el angustioso ejercicio mental de tratar de meterse en esa situación, ya no te digo que puedas compartirla ni justificarla, pero sí que pueda haber una brizna de comprensión o entendimiento... No quiero que me malinterpretes: yo veo las últimas decapitaciones de periodistas y lo que me produce es repulsión. Pero como escritor, o director de cine, si le propongo a un actor el papel del que acaba de decapitar a una persona, ese actor tendría que hacer un viaje espantoso y horrible al fondo de la noche para tratar de encontrar cómo en el fondo; en algún lado, hay algo.

Es como si la maldad no tuviera límite. Sí, son las cosas que más me escalofrían. Siempre he sido un niño muy sensible y la violencia me marcó profundamente. Asistí a un acto de violencia, a un estallido gratuito en plena calle. Eso me dejó paralizado. Tenía siete u ocho años; notaba que no tenía fuerza en el cuerpo; muchas veces me he planteado que hago cine como catarsis de una impresión como aquella.

¿Le sigue marcando esa visión? Uno supone que lo ha superado, pero creo que ha sido el motor de muchas cosas. De niño las películas de terror me entusiasmaban, pero me generaban también pesadillas que me producían fiebre... Tenía que superar el miedo, y era miedo a la sangre, a la violencia, a toda esta agresión del mundo de fuera.

¿Y cómo se siente ante la violencia ahora? Cuando tomas conciencia de que el mal no tiene límites te sientes absolutamente aterrado, indefenso; es cuando accedes a lo que significa el mundo de verdad y tienes que hacerte fuerte. Ese miedo que sentí viendo películas de terror (llegué a 38 de fiebre por haber visto Drácula, de Christopher Lee) lo usé de manera creativa, y nunca más tuve miedo.

¿Ve violencia social? Y no me gusta nada. Está en las tertulias de radio y televisión. Es un espectáculo irresponsable. De crío oíamos La clave de fondo: gente inteligente hablando; el diálogo te impregnaba; ahora los críos tienen alrededor un circo de gente que grita e insulta, y eso también te impregna. Para mal.

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Madonna adelanta en la Red por sorpresa seis temas de su álbum

Cultura ElPaís - Dom, 21/12/2014 - 14:47

La cantante Madonna ha anunciado este fin de semana en su web el lanzamiento de seis de los temas que incluirá su nuevo álbum, titulado Rebel Heart, cuya publicación está prevista para la primera semana de marzo de 2015. El material está disponible en iTunes para su compra, así como en las diversas plataformas de streaming musical. El próximo 9 de febrero se darán a conocer otros 13 temas de este nuevo trabajo discográfico.

Las razones que han movido a la artista a adelantar las canciones hay que buscarlas en la reciente filtración de versiones inacabadas de algunos de esos temas. "Prefiero que mis fans escuchen las canciones terminadas en lugar de esas versiones incompletas que andan circulando por ahí. Por favor, consideradlo un regalo navideño prematuro", explica Madonna en el comunicado que recibe a los internautas en su página web.

Los títulos de las canciones disponibles desde hoy son Living for love, Devil pray, Ghosttown, Unapologetic Bitch, Illuminati y Bitch I'm Madonna, esta última grabada con la rapera excesiva Nicki Minaj.

El último trabajo de la rubia platino, MDNA, fue un relativo fracaso comercial y supuso su primer lanzamiento tras la firma de un contrato millonario de 10 años con la promotora de conciertos y ahora también discográfica Live Nation.

Rebel Heart esta coproducido por la propia Madonna, dj Diplo y el cantante Kanye West y fue grabado en estudios de Nueva York, Los Ángeles y Londres.

La intérprete explica en su página web la decisión de lanzar estas nuevas canciones de forma anticipada como un regalo navideño para sus seguidores. En blanco y negro, un primer plano de la cantante con la cara enredada en un cable, sirve de imagen para promocionar este nuevo disco en el que aparece con el título tatuado sobre la piel desnuda, bajo el cuello.

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'El arte militante aburre'

Cultura ElMundo - Dom, 21/12/2014 - 06:25
Christian Clavier protagoniza el éxito del cine francés del año, una comedia sobre la integración. Leer
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El caso de la rubia platino

Cultura ElMundo - Dom, 21/12/2014 - 05:38
El primer puesto en la batalla de las rubias tintadas de Hollywood fue para Marilyn Monroe. Y, como ella, tuvo un final prematuro y trágico. La vida no le hizo favores. Alcanzó el éxito con la misma consideración con que cayó en desgracia.Pero su carrera de actriz,si es que llegó a afianzarse alguna vez, nunca alcanzóla gloria soñada. Leer
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Reinas al borde de un ataque

Cultura ElMundo - Dom, 21/12/2014 - 05:10
Joyce DiDonato está en un momento dulcísimo, y las ovaciones prolongadas que le dedicó el público del Liceu son un buen termómetro para medirlo. Leer
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