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Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 02:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

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La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mié, 01/07/2015 - 00:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

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Sin revoluciones

Comunicacion ElMundo - Hace 3 horas 16 mins
Los buenos propósitos de los medios audiovisuales al comienzo de cada temporada hay que recibirlos como las promesas de los políticos en campaña. Leer
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Lasa y Zabala, la polémica llega al cine

Cultura ElPaís - Hace 5 horas 55 mins

“El caldo de cultivo de odio entre gente joven”, fue lo que motivo a Pablo Malo a filmar Lasa y Zabala. La película, que se estrenará en el Festival de Cine de San Sebastián (que arranca el próximo viernes) ha empezado a generar polémica tanto por el tema y su realización, es considerado el primer caso de los GAL, como por su financiación, ya que ha contado con ayudas del Gobierno vasco, la cadena de televisión ETB y la Diputación de Gipuzkoa.

“Teníamos claro que íbamos basarnos en el sumario porque es un tema especialmente delicado”, explica el director donostiarra, ganador en 2004 del Goya a Mejor dirección novel por Frío sol de invierno, que ya recibe acusaciones de “izquierdista abertzale” o “batasuno”. Ha “contado esta salvajada”, asegura, “igual que podía haber contado la salvajada que ETA hizo con el asesinato de Miguel Ángel Blanco o el terrible secuestro sufrido por José Antonio Lara”. Tiene claro que el filme solo se ha podido realizar tras el abandono de las armas por parte de la banda terrorista.

Todo empieza una noche. Lloviznaba y hacía frío. Las calles estaban casi vacías ese sábado 16 de octubre de 1983 en Bayona (Francia). Joxean Lasa y Joxi Zabala, miembros de ETA y refugiados en el País Vasco francés desde dos años antes, salían de un bar de la localidad cuando fueron secuestrados y metidos en el maletero de un Renault 12 blanco. En este cruzaron la frontera para ser conducidos hasta el Palacio de la Cumbre, en San Sebastián, un edificio deshabitado propiedad del Ministerio del Interior. Allí, fueron sometidos a salvajes torturas por miembros de la 513 Comandancia de la Guardia Civil de Gipuzkoa, al mando entonces del comandante Enrique González Galindo. Transcurrido más o menos un mes, los dos jóvenes fueron asesinados de un tiro en la cabeza y enterrados en cal viva en Busot (Alicante). Sus cuerpos fueron identificados 12 años más tarde. Lasa y Zabala tenían 20 y 21 años. Dos de los guardias civiles, Enrique Dorado y Felipe Bayo, de 23 y 25 años, más tarde fueron condenados por torturas a los secuestrados, . A Pablo Malo ese dato de las edades de los cuatro le impresiona y sorprende sobremanera.

Después de años de investigación, Malo presentará el 25 de septiembre Lasa y Zabala en la sección oficial fuera de concurso del Festival de San Sebastián. La película, afirma, está basada, dato por dato, en los hechos probados, juzgados y ratificados por los tribunales internacionales. Está protagonizada por Unax Ugalde, en el papel del abogado de las familias de Lasa y Zabala Iñigo Iruin, y por Oriol Vila, Francesc Orella, Aitor Mazo, Pep Tosar, Ricard Sales y Andrés Gertrúdix, entre otros.

La película recorre el tortuoso camino desde la desaparición de los dos etarras, que habían huido a Francia tras el asalto frustrado a un banco en Tolosa, a la identificación de los cuerpos, 12 años después, y la apertura de un largo sumario hasta el juicio que condenó al teniente coronel Ángel Vaquero, los guardias Dorado y Bayo, el exgeneral Rodríguez Galindo y el ex gobernador civil de Guipúzcoa, Julen Elgorriaga, a entre 67 y 71 años de prisión.

La polémica no ha hecho más que empezar. “Te das cuenta”, lamenta el director, “de que todavía vivimos en los extremos, es muy difícil que las posturas se vayan acercando, que uno reconozca y comprenda el dolor del otro. La violencia me repugna. Me parece injusto que por el hecho de que hagas una película sobre Lasa y Zabala te posicionen en un lado político”. El caso de estos dos etarras “es un capítulo más de la tragedia y la violencia que ha sufrido el País Vasco durante 50 años”, añade el director sobre esos años de plomo que crearon dolor y odio. Horas antes del secuestro de los dos jóvenes, ETA había asesinado a un guardia civil en Oñati (Gipuzkoa) y cuatro días después aparecía muerto con un tiro en la nuca el capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios, secuestrado por ETA dos semanas antes.

La película, producida por AbraProd y Parsimonia, ha contado, según el productor Joxé Portela, con ayudas del Gobierno vasco (300.000 euros), la cadena de televisión ETB (700.000 euros) y la Diputación de Gipuzkoa (100.000 euros), presidida por Martin Garitano de la coalición Bildu. Esta última cifra es la que ha levantado más ampollas. Se trata de una ayuda extraordinaria y nominada para esta película, sin concurso de ningún tipo, reconocen en la propia Diputación, que también concedió en la misma orden igual cantidad para Amama, un filme sobre el conflicto generacional en el mundo rural rodada en euskera. La institución de Gipuzkoa justificó esta decisión en el gran valor social de las dos historias. El grupo socialista en la Diputación critica esta ayuda no por el hecho de tratarse de una película sobre Lasa y Zabala, secuestrados durante el gobierno socialista de Felipe González en el poder, sino por realizarse de manera aleatoria y con el informe negativo de los auditores forales.

El jueves 25 de septiembre, a un kilómetro escaso del Palacio de la Cumbre, se presentará en el Zinemaldía esta película. Las familias de Lasa y Zabala han visto el filme hace pocos días. No fueron ni las madres ni los padres de los chicos. “La salida fue como asistir a un funeral”, recuerda Malo.

“En ningún momento me he olvidado del sufrimiento de las víctimas de ETA. No hay justificación política ninguna, pero el sufrimiento de los otros también merece ser contado. Una forma de avanzar es que se empiece a asumir estas barbaridades y se reconozca la culpa, que cada uno asuma sus responsabilidades, que abramos las ventanas y entre aire nuevo”, finaliza Malo. Después de este tiempo enfangado en el odio y la violencia, el director solo sueña con una historia de amor, alegrías y risas.

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Escoceses en España

Cultura ElPaís - Hace 5 horas 55 mins

Oleadas de grupos escoceses nos empezaron a llegar a partir de los años ochenta. Desde Simple Minds para abajo, todos aterrizaban aquí para hacer promoción y/o dar conciertos. A veces, costaba descifrar su pronunciación pero en general eran cordiales y manifestaban una genuina alegría por estar en España. Ya saben: que el público español y el escocés compartían el gusto por vivir y la necesidad de hacer cada concierto algo inolvidable.

También hubo malentendidos. Los Bluebells se quedaron chafados cuando tocaron Y viva España, convencidos de que era una manera de agradecer tantas atenciones, y el público madrileño les pitó. Recuerdo con pavor la noche que hice de cicerone de Alan McGee por Malasaña. El fundador de Creation Records, futuro orquestador del fenómeno Oasis, iba pasado de copas y se empeñaba en sobar a desconocidos, un gesto de fraternidad hispano-gaélica que no fue entendido en bares como La Vía Láctea.

En aquellos grupos, había unanimidad en rechazar la salida nacionalista. Podían burlarse de los ingleses e indignarse ante las derrotas de su selección en Wembley pero aseguraban que el Scotish National Party era cosa rural, de paletos. Los únicos militantes del SNP que traté fueron The Proclaimers, los gemelos Charlie y Craig Reid. Nada simpáticos, como si les costara reconciliar su estrellato global con la obligación histórica de cortar los vínculos con los ingleses.

Encontré otros dos hermanos que sí resultaron razonables y que ofrecían algo más que argumentos viscerales. Eran Pat y Greg Kane, que encabezaban Hue and Cry. Decían que Escocia sí creía en el concepto de sociedad, al contrario que Margaret Thatcher. Y eso les condenaba a la frustración: aunque votara izquierdista, Escocia dependía finalmente del Parlamento de Westminster, sólidamente controlado por los conservadores.

Pat Kane era elocuente. Enfatizaba que, con o sin perestroika, Escocia estaba en primera línea de la Guerra Fría, con sus bases de submarinos nucleares. Y nada tenía de paleto: su banda había trabajado con productores neoyorquinos, con músicos de Los Ángeles. Pero Hue and Cry se aferraba a Glasgow. Esa era la decisión esencial, aseguraba. Comprendía que Annie Lennox, Jack Bruce, Ian Anderson, Jimmy Sommerville, los Cocteau Twins y mil más se hubieran buscado la vida en Londres. Pero entendía como un deber político residir, trabajar en Escocia.

Sin renunciar a sus labores musicales, Pat ha desarrollado un perfil público eminentemente independentista. Fue considerado como momento decisivo en el camino a la emancipación cuando Kane, en las votaciones para rector de la Universidad de Glasgow, derrotó a Tony Benn, la venerable cara radical del laborismo; ya se manifestaba el desafecto escocés con el antiguo partido dominante.

Sigo a Kane en sus columnas para The Guardian y The Sunday Herald. Aunque muy atento a los debates de Slavoj Zizek y demás pensadores heterodoxos, suele buscar el matiz pop en la pelea dialéctica por la separación de Escocia. Denunció lo absurdo del mensaje de David Bowie a favor de mantener la unión, transmitido por… ¿Kate Moss? Eso es nuevo, David: ¡activismo a través de una supermodelo! No he visto, sin embargo, que comente el apoyo de Morrissey al secesionismo escocés. Lo entiendo: hace no demasiado, el excantante de los Smiths se envolvía, literalmente, en la Union Jack, mientras hacía equilibrios con el sentimiento de la xenofobia.

¡Ay, los cantantes de pop! Maravillosas veletas que se mueven al viento que sopla sobre su ego. ¿Importa lo que digan, lo que canten? El mismo Kane se arrepiente de sus arrebatos cuando interpretaba su mayor éxito, Labour of love, en Inglaterra: el público aplaudía y un airado Pat les recriminaba que nada habían aprendido de la letra si seguían votando a “ese monstruo” (Thatcher).

Cara al referéndum del jueves 18, no envidio su papel como voz razonable del independentismo. Gane el sí o el no, al día siguiente Escocia estará dividida por un muro de frustraciones, sospechas, recriminaciones.

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Una fiesta de la belleza de la palabra

Cultura ElPaís - Hace 5 horas 55 mins

“Belleza, violencia, dolor. El mar”. Un trasunto de James Joyce, el actor Antoni Gomila, representó un fragmento de Ulises al cerrar, ayer, las Conversaciones Literarias de Formentor (Mallorca). Gomila agregó, de broche, a la voz de Joyce los tres epígrafes que motivaron los debates de la cita de más de 30 autores, editores y críticos con muchos lectores. Un foro repleto, sin pagar entrada ni entregar créditos académicos.

“El público no existe, no sé lo que es. Son personas distintas”, explicó sobre el éxito literario Javier Cercas, torrencial, a golpes de frases-sentencia en diálogo con Basilio Baltasar y Jesús Ruiz Mantilla. “Escribe lo que sale de las tripas”, tal vez “un párrafo, veinte veces” y se han de reescribir los originales, pero no las “seis veces” que hacía García Márquez. “Es mentira”. “Hay que trabajar mucho para que no se note lo trabajado”, apostilló el autor de Anatomía de un instante, quien cree que “el pasado es una dimensión del presente”.

Un “sensación de vacío, en el adiós a la palabra, escoria de la luz”, confesó haber sentido Antonio Colinas tras editar su obra poética completa. Con 36 años de vida ligada a la isla de Ibiza, a Colinas le gustan “las novelas de ideas”. De su última obra, Canciones para una música silente, leyó una elegía a su amiga insular la periodista Concha García Campoy, “impensablemente” muerta.

Colinas habló Boris Pasternak, de León Tolstoi y de su investigación sobre Rafael Alberti, sus poemas y teatro ligados a su estancia en Ibiza, al estallar la Guerra Civil. Poesía en resistencia y la tensión, el ser humano que huye.

La literatura y el arte pueden servir “de redención frente a la brutalidad y el feísmo”, por ejemplo en la historia de la Bella y la Bestia, anotó Juan Luis Cebrián, académico y presidente de EL PAÍS. Disertó sobre Juan Rulfo, para quien escribir pudo ser un sufrimiento —como lo fue su vida—, pero, “al menos, ha servido de redención a sus lectores”.

A los tres temas centrales de las Conversaciones, Cebrián añadió los del amor y el desamparo para subrayar que son “los elementos esenciales de la condición humana y la materia prima del artificio literario”. En las páginas de Rulfo halló “palabras mágicas escritas a sangre y fuego”.

Cebrián ahondó en la persona y la luminosa y escasa producción del autor mexicano, de sus cuentos sobre la miseria, la degradación y soledad de los hombres: El llano en llamas, obra precursora de la novela Pedro Páramo. El periodista consideró: “Los lectores somos dueños de esta belleza que surge de la escoria”.

En la apertura de las Conversaciones, se evocó la figura y la obra de Carlos Fuentes, alma de la recuperación de Formentor como punto de encuentro literario universal. El autor de Terra nostra fue investido doctor honoris causa por la Universidad de las Islas Baleares (UIB), y su viuda, la periodista Silvia Lemus, recibió la distinción post mortem.

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Messi y Dolce & Gabbana, una curiosa relación

Sociedad ElPaís - Hace 6 horas 1 min

“Con mi amigo Domenico”. Así titula Leo Messi la última de las fotografías que ha colgado en Instagram: vistiendo vaqueros, camisa blanca y corbata negra posa junto a Domenico Dolce (la mitad de Dolce & Gabbana) en el lujoso local que la firma posee en el cuadrilátero de oro milanés. Acudió junto a su novia, Antonella Raccuzo, y junto a Daniella Seeman, novia de Cesc Fábregas. Ambas se hicieron también sendos selfies junto al diseñador.

Pero no es la primera vez, ni será la última, que Messi aprovecha los descansos para ir de compras con su novia a Milán, y en concreto a alguno de los locales que la firma posee en la ciudad italiana. Existen fotografías y vídeos que se remontan a 2010, en los que se puede ver al argentino, siempre al lado de Antonella, entrando y saliendo de sus tiendas.

Tampoco es extraño que califique al diseñador de “amigo”. Antes de que se firmara su primera colaboración conjunta en 2010, Messi ya asistía a las entregas del Balón de Oro vestido con trajes de la firma. Y desde que la estrella del Barcelona y el dúo milanés colaboran juntos, Domenico Dolce se encarga personalmente de fotografiarle en todas las campañas y producciones de revistas. Estas y otras imágenes dieron forma al libro Lionel Andres Messi (Rizzoli), en el que futbolista desarrolla su vertiente más estilosa frente al objetivo de Domenico.

El tándem fútbol y moda lleva años dando sus frutos: los jugadores mueven masas como iconos aspiracionales. Representan una cara de la virilidad y el heroísmo que no entra en contradicción con la moda y las rutinas de belleza. Por eso las marcas ven en ellos un vehículo con el que ampliar su público. Pero Messi no es Beckham. El argentino, aparentemente, tiene una imagen austera y modesta. Le gusta transgredir en las apariciones públicas luciendo trajes estampados o coloridos, pero fuera de los focos, viste de un modo mucho más desprecoupado.

Sin embargo, la unión de Messi con Dolce & Gabbana es, hasta la fecha, la más férrea que se ha dado entre un futbolista y una firma de moda: no sólo protagoniza campañas, acude a desfiles o inaugura espacios y viste de la marca de pies a cabeza en cualquier circunstancia (salvo, obviamente, cuando luce el traje oficial del Barça, firmado por Replay).

Al margen de colaboraciones y contratos, los futbolistas definen su estilo a partir de sus marcas fetiche y rara vez recurren a asesores de imagen. “Tienen muy clara cuál es la marca que les gusta. Se dejan aconsejar, pero sólo por el modelo que más les favorece dentro de su firma preferida”, afirma Luis Sans, propietario de Santa Eulalia, la tienda barcelonesa a la que son asiduos los jugadores del Barça. Mientras otros, como Alves, Pujol e Iniesta, buscan piezas de Giuseppe Zanotti, Lanvin o Neil Barrett, Messi siempre ha sentido predilección por Dolce & Gabbana.

“Siempre me he decantado por sus trajes, siempre me ha encantado la imagen sofisticada que proyectan”, declaraba el jugador cuando se hizo pública la colaboración. Y lo cierto es que no mentía. Antes de Dolce & Gabbana, Messi prestó su imagen a la firma Stork Man, pero fuera de las cámaras, las sudaderas, los vaqueros y las camisas de su vestidor las firmaba el dúo milanés.

Por eso, cuando tiene un hueco en su agenda, acude a renovar su armario a su sede en Milán, siempre acompañado por Antonella, que ejerce como asesora de imagen. En eso coincide con el resto de sus compañeros: “Los jugadores pocas veces vienen solos de compras, siempre lo hacen acompañados por sus mujeres e hijos”, cuenta Sans. Ellas son las que perfilan esa estética que posteriormente será imitada por miles de aficionados.

¿Pero qué tiene Messi que no tengan el resto? Dolce & Gabbana lleva años asociándose con el fútbol, retratando a los jugadores en los vestuarios o confeccionando los trajes oficiales del Milan AC, el Chelsea o la selección italiana. Sin embargo, Messi no encaja totalmente en ese canon musculoso y sensual que la marca había buscado hasta entonces en sus estrellas.

No es el físico, sino la historia personal lo que ha fomentado la colaboración. “Es la pasión y el empeño con el que juega”, declaraban los diseñadores tras realizar junto a él su última campaña. Un jugador demasiado bajito para competir en los grandes equipos, en el que muy pocos creyeron, y que hoy, sin embargo, se ha coronado varias veces como mejor futbolista del mundo. Por primera vez, Dolce & Gabbana no han confiado su marca al cuerpo, sino al relato. Y Messi ahora puede atesorar por decenas esos trajes y camisetas que compraba cuando aún no era una estrella.

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La reinvención del Bioy Casares más querido y desconocido

Cultura ElPaís - Hace 6 horas 1 min

La invención de Morel, Plan de evasión, El sueño de los héroes, El perjurio de la nieve, La trama celeste, Guirnalda con amores, Memoria sobre la pampa y los gauchos... La herencia literaria de Adolfo Bioy Casares vive más que nunca estos días en Argentina con motivo del centenario de su nacimiento, hoy 15 de septiembre. La obra del ganador del premio Cervantes en 1990 (Buenos Aires, 1914-1999) es celebrada en su ciudad con conferencias sobre su literatura, ciclos de cine basado en sus libros e incluso el rescate de su faceta como fotógrafo.

Aunque Bioy Casares siempre ha estado presente en las letras argentinas y latinoamericas, este año sus lectores viven una especie de reinvención de quien abordara la literatura policial, fantástica y de ciencia ficción, además del ensayo. Un ciclo de películas que adaptaron algunas de sus obras y las de su compatriota Julio Cortázar (Ixelles, Bélgica, 1914-París, 1984) se ha titulado Diálogo de centenarios y se puede disfrutar en el Museo del Cine de Buenos Aires desde el pasado día 6 hasta el próximo 28. Ese día comenzará en el Centro Cultural San Martín una muestra de las fotografías que como aficionado había sacado Bioy Casares. Mientras, hoy concluye en la Biblioteca Nacional una serie de conferencias sobre quien escribiera libros con su gran amigo Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986).

En el Museo del Cine ya se ha proyectado Invasión, de Hugo Santiago, con guion redactado por él, Bioy y Borges, y el estreno de En memoria de Paulina, ópera prima de Alejandro Areal Vélez, que se basó en un cuento homónimo del escritor. El próximo sábado se podrá ver la adaptación al cine de la novela El sueño de los héroes bajo la dirección de Sergio Renán. El 28 se ofrecerá Dormir al sol, la película de Alejandro Chomski sobre otra novela del autor argentino.

“Bioy estaba fascinado por la ciencia de antaño. Hay críticos que todavía lo incluyen dentro de la ciencia ficción. Eso es polémico, porque si vamos a hablar de ciencia ficción en Bioy, deberíamos hacer una sutil corrección y decir retro ciencia ficción”, dice Soledad Quereilhac, doctora en Letras, investigadora y colaboradora del periódico La Nación y esposa del ministro de Economía argentino, Axel Kicillof. “A Bioy le interesan los elementos residuales de una ciencia que es propia del periodo de entre siglos, cuando se produjo ese raro maridaje entre lo material y lo espiritual, cuando muchos científicos empezaron a interesarse por los médiums, la telequinesis y esas cosas”, agregó en una conferencia Quereilhac. En esto, añade la experta, Bioy se diferencia mucho de Borges, “porque le interesan esas bizarrías científicas”. “Si uno piensa en La invención de Morel o Plan de evasión, verá que hay una lógica residual, cientificista, pero en claro cruce con lo espiritualista, abundan las explicaciones de los fenómenos, algo que Borges directamente no valora”. Recordó que en Bioy se busca la racionalización de la experiencia.

A la literatura de los principales cultivadores del relato fantástico argentino —Borges, Bioy, Silvina Ocampo (esposa de Bioy) y Cortázar—, el escritor Carlos Gamerro prefiere llamarla ficción barroca. Y asegura que ha sido frecuentemente leída como una reacción a la llegada del peronismo, “irrupción que había vuelto patente el ocaso de la clase dirigente a la que ellos pertenecían”. Recalcó que donde difieren estos cuatro autores es en su respuesta a esa invasión: “En Borges, una de ellas es dar pelea. Silvina y Bioy eligen la estrategia inversa de pasar inadvertidos”.

Con voces de diferentes investigadores y críticos, Buenos Aires ha recordado estos días la primera etapa fantástica y borgeana, de Bioy Casares, al igual que su segundo periodo de autonomía estética, su narrativa breve y sus obras en colaboración, incluidas las que que escribió con Borges, como Seis problemas para don Isidro Parodi, Dos fantasías memorables, Un modelo para la muerte, Cuentos breves y extraordinarios, Libro del Cielo y del Infierno, Crónicas de Bustos Domecq y Nuevos cuentos de Bustos Domecq.

Hoy, día del centenario, en la Biblioteca Nacional se hablará de su libro póstumo Borges y otros escritos autobiográficos. Como cierre de la conmemoración, a finales de mes abrirá la exposición El lado de la luz, Bioy fotógrafo. Se verán imágenes que el escritor tomó en la intimidad entre 1958 y 1971, algunas de su familia, unas de su piso en el aristocrático barrio de Recoleta y otras del mundillo cultural que pasaba por ahí. Testimonio de los años Bioy.

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Pla, espía número 10 de Franco

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 19:45

Amén de llorar en Marsella ante una modesta bullabesa tras cruzar la frontera huyendo (supuestamente) de los anarquistas y de descubrir, leer y (dudosamente) haber ido desde ahí a entrevistar a Georges Simenon, Josep Pla hizo también de espía para Franco durante la guerra civil. Era miembro de Servicio de Información de Fronteras del Nordeste de España (SIFNE), del que el político y empresario Francesc Cambó no estaba en lo financiero demasiado lejos, en el marco de sus infructuosos méritos ante el militar sedicioso. Es un episodio de los más polémicos y delicados de las letras catalanas y de la siempre brumosa biografía del autor de El quadern gris, cuyos hagiógrafos siempre han minimizado. Pero ahora quedan menos dudas al respecto: era el agente número 10 del SIFNE y algunos de sus informes fueron especialmente valiosos, como fija el periodista Josep Guixà en su jugoso y a buen seguro polémico libro Espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó (Fórcola).

La abrumadora investigación (nueve archivos consultados, 82 artículos y 223 libros referenciados y 808 notas) empieza, aportando detalles inéditos, a disipar la neblina alrededor del Pla espía con gabardina por el puerto y los bares de Marsella. El buceo de Guixà en la prácticamente virgen documentación del SIFNE en el Archivo General Militar de Ávila le ha cundido. El escritor llega a la ciudad marítima francesa, puerto de salida de buques de carga con destino a la zona republicana española, a las 10.40 horas del 16 de octubre de 1936 tras, cómo no, un episodio oscuro: la visita a su Palafrugell natal de un pelotón de anarquistas de Barcelona entre el 20 y el 22 de julio y del que le salvó el comité anarcosindicalista local, con intervención decisiva de un tal Pere Pey, que le facilitaron un salvoconducto. “No creo que fueran anarquistas sino periodistas vinculados al Comissariat de Premsa que querían, por las buenas o por las malas, convencerle de que siguiera escribiendo para el entonces ya incautado diario La Veu de Catalunya”, apunta en una primera polémica Guixà.

La intervención de Jaume Miravitlles, el genial director del Comissariat de Propaganda, y del suegro de Pla, Halfdan Enberg (cónsul general de Dinamarca en Barcelona y futura garganta profunda), facilitaron el papeleo para que el escritor se reencontrara en Marsella con su amigo el periodista Carles Sentís, agente ya número siete de esa SIFNE que construyó uno de los brazos organizativos más eficaces de Cambó, Josep Bertrán i Musitu. Miembro fundador de esa Lliga Regionalista que tras las elecciones de 1931 ya trabajaba con la derecha española en el golpe de Estado y eficaz director del Somatén que se enfrentó al pistolerismo sindical barcelonés en los años 20, no dudó en contactar con la Abwehr (el servicio de inteligencia militar nazi) para tomar ideas.

En un ambiente casi de “empresa familiar” como define el autor (Adi Enberg, novia de Pla, trabajó de secretaria por sus conocimientos de idiomas y muchos informantes habían tenido contactos y negocios con responsables de la organización años atrás), Pla se integró rápido. Llevaba buenas credenciales: en un aspecto poco sabido, Guixà documenta que Pla había asistido ya en octubre de 1933 a una reunión de “escritores simpatizantes” con José Antonio Primo de Rivera de la que saldría el semanario falangista FE. Ahí (1933-1934), como en la también revista Arriba (1935-1936) Pla escribiría artículos siempre anónimos, muchísimo más beligerantes y antirrepublicanos que los que redactaba simultáneamente para su diario titular, La Veu, en una taimada estrategia.

Demasiado significado ya como escritor y periodista como para infiltrarse en según qué misiones (como sí haría su colega Sentís), Pla redactaba notas informativas y pequeños informes anónimos, pero también en al menos media docena de ocasiones, unos documentos extensos y bien argumentados (que exasperaban a su patrón Cambó por su literaria longitud), fáciles de atribuírselos porque “hay giros estilísticos claramente suyos o, más sencillo, porque los confidentes eran buenos amigos de años; Pla nunca disimuló su inconfundible prosa: es como si no quisiera esconder que era el autor para hacer méritos ante alguien”, apunta Guixà.

Tiene claro el autor que Pla nunca delató a nadie y desmiente que una de sus notas fuera la causante indirecta del hundimiento de un barco griego con armamento para Barcelona, como algunos estudiosos le atribuyen. “Pla no fue demasiado elegante al pasar al Heraldo de Aragón una lista de republicanos burgueses que se refugiaron en Francia por el peligro revolucionario; pero no lo considero delación porque eran figuras públicas y en Francia no corrían peligro”, expone Guixà. Pero sí le atribuye responsabilidad al ser un “elemento imprescindible” (Bertrán y Musitu dixit) en “una organización que tenía como una de sus principales misiones alertar a la aviación italiana con base en las Baleares de barcos que zarpaban clandestinamente de Marsella con armamento para la República”.

No le queda clara, sin embargo, la participación de Pla en la autoría de otro informe, de enero de 1937, de la sede de la SIFNE en Biarritz, en el que se afirma que un bombardeo de Barcelona “lejos de producir pánico, sería recibido como el primer síntoma de una próxima liberación a que todos aspiran después de seis meses de anarquía”. Guixà, en cambio, es categórico al asegurar que Pla no tuvo “nada que ver, seguro” con los bombardeos italianos sobre Barcelona de marzo de 1938, precedidos, eso sí, de unas gestiones de Cambó cerca del entorno del mismísimo Mussolini.

El escritor fue el padre de informaciones valiosas, como la de la fallida visita de Juan Negrín a París en julio de 1937 para frenar a la desesperada el reconocimiento del gobierno rebelde de Burgos y sobre el encuentro entre masones franceses y españoles. Pero uno de sus grandes momentos como espía fue alertar sobre los intensos contactos del gobierno republicano y de la Generalitat para lograr la mediación internacional que frenase la guerra. La información se la sonsacó a uno de sus mejores amigos, el escritor Josep Maria de Sagarra, de paso en Marsella rumbo a Tahití en su oportuno viaje de bodas. ¿Desliz de un Sagarra inocentón? “Es poco creíble que Sagarra no supiera con quién se la jugaba; lo que ocurre es que, estando a punto de irse, quedaba bien con un amigo simpatizante o agente de los rebeldes que quizá podría devolverle el favor si las cosas se torcían; habló con demasiada precisión como para hacer el bocazas”, cree el autor, a quien Sentís (infiltrado además en la vital tertúlia en París del abogado Amadeu Hurtado, que participaba en esas negociaciones) confirmó la autoría de Pla del informe. Además, el poeta y dramaturgo tenía un hermano, Fernando, militante de la Lliga, que también aparece en las listas de colaboradores del SIFNE (agente 52).

El otro gran momento-espía de Pla es su más que probable participación en un informe sorprendente que el SIFNE remitió en abril de 1937 a Salamanca sobre Estat Català, partido catalanista radical de donde en noviembre de 1936 surgió una oscura trama para apartar al presidente de la Generalitat Lluis Companys de su cargo, eliminar a una veintena de dirigentes anarquistas y responsables de milicias antifascistas y declarar la República catalana bajo el auspicio de Francia.

De los papeles analizados por Guixà se desprende que el SIFNE mantuvo contactos con Josep Dencàs, exconsejero de Gobernación de la Generalitat y uno de los máximos promotores de los Fets d’Octubre de 1934 y que en agosto de 1936 huyó de Cataluña perseguido por los anarquistas, enemigos acérrimos a los que acusaba de destrozar y desvirtuar Cataluña. “Los del SIFNE pretendían que Estat Català fuera una especie de agente provocador que desestabilizase la retaguardia barcelonesa”, cree el autor.

Para Guixà, Dencàs fue un poco “un tonto útil” porque si bien el SIFNE transmitió a Franco su propuesta de provocar una invasión por el Pirineo de sus partidarios a cambio de que Cataluña se convirtiera en un protectorado fascista, “no creo que nadie pensara que Franco aceptaría el acuerdo; pero le dieron cuerda”. Para aprovechar eso y hacer pinza, los hombres de Bertrán y Musitu reiteraban en sus informes la necesidad de que Franco pasara rápidamente a la ofensiva en Cataluña, una idea que obsesionaba a Pla.

La presión sobre la cúpula del SIFNE de las autoridades francesas (el 10 de diciembre de 1937 el nombre de Pla ya aparecía en una lista de la Direction Générale de la Sûreté) llevaría al ya de natural asustadizo Pla a moverse por París, Biarritz e incluso Roma, facilitado todo por la absorción, en febrero de 1938, del SIFNE por parte del Servicio de Investigación Militar (SIM) que dirigía el coronel Ungría.

Pla se alejó del espionaje cuando su buen amigo Manuel Aznar pasó a dirigir El Diario Vasco y le pidió que fuera su lugarteniente. Augusto Assía, Eugenio Montes y Dionisio Ridruejo fue la particular escolta que el miedoso Pla se encontró cuando llegó a Irún dispuesto a pasar a zona rebelde.

Ese mismo tándem Aznar-Pla llegó a la Barcelona de enero de 1939 con la entrada de las tropas franquistas casi compitiendo a la carrera con Carlos Godó y Valls, el propietario de La Vanguardia, para tomar posesión de la redacción del diario barcelonés. Los primeros lo dirigirían apenas cuatro meses: Aznar se fue a Roma y Pla, a pesar de que respondía a todo el mundo en castellano por los pasillos del rotativo, al quedarse solo no supo hacer frente a las autoridades franquistas y a un Godó que el libro descubre que ingresó en el SIFNE el 15 de octubre de 1937: “Su labor consistió en ceder uno de sus vehículos para misiones de enlace y, como después él mismo se vanagloriaba en la primera posguerra, hacer gestiones financieras para la junta de Burgos”, clarifica Guixà.

El autor de Viaje en autobús nunca dijo nada en su voluminosa obra sobre su pasado como espía de Franco. Sólo dos detalles en sendos artículos le delatan: en 1943 escribió sobre su vieja amistad con el periodista portugués António Ferro, uno de los principales informadores que tuvo en Francia; en los años 60, en un artículo sobre cocina provenzal, citó que en Marsella conoció a un gran cocinero mallorquín, Salom (también lo mencionaba Sentís en un texto): el tal Salom y su local fueron vitales para el SIFNE.

En diciembre de 1944, un informe de la Guardia Civil de Palafrugell citaba al escritor, junto a su hermano y otros vecinos de la localidad, como espías que vigilaban los movimientos marítimos en la Costa Brava para los servicios de inteligencia aliadófilos. Eran otros tiempos: quizá la democracia volvería... Pla, como siempre, le había dado la vuelta. Efectivamente, un agente 10.

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El Tanjazz, una isla cultural dentro Marruecos

Cultura ElMundo - Dom, 14/09/2014 - 17:35
El Festival de Jazz de la ciudad de Tánger celebrado en el antiguo consulado italiano, es el único festival musical celebrado en todo Marruecos donde se vende alcohol Leer
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Buika corona el jazz de Tánger

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 17:12

Tánger, tras varios lustros relegada, bulle ahora en el norte de Marruecos en todos los sentidos. La ciudad está en obras y levantada por los cuatro costados y culturalmente los festivales se suceden. Esta noche termina la XV edición de Tanjazz, que ha reunido durante cinco días a más de siete mil personas y 40 conciertos en el histórico Palacio de las Instituciones Italianas, una de esas joyas arquitectónicas hispano moriscas escondidas de la ciudad, destinado a albergar en sus 32.000 metros cuadrados de salones con mármoles de carrara, jardines, fuentes y hasta cinco escenarios diferentes, un auténtico festín del jazz. La española Concha Buika coronó en la noche del sábado la fiesta con un concierto grandilocuente que se convirtió en un espectáculo de deconstrucción de la copla para toda la colonia internacional.

El Tanjazz no es todavía una cita obligada en el panorama musical. Es aún bastante desconocido. Algunos de los asistentes valoran esa situación porque concede a esta cita estival un carácter de joya exclusiva, solo para entendidos, al otro lado del Estrecho. El Tanjazz no es solo un festival de jazz. La música, ese tipo de música, es la disculpa para convocar a las noches de la mítica Tánger a un público diverso y multicultural que acude atraído por el nombre de una villa que evoca tiempos distintos, cuando a mediados de siglo pasado disfrutaba de un estatuto internacional y unos residentes y visitantes más libertarios.

El Tanjazz es una actividad cultural diferente, sobre todo, por el espacio que lo alberga. El Palacio de las Instituciones Italianas o Palacio del Sultán Moulay Hafid, donde se rodaron muchas escenas de la serie española El Tiempo entre costuras, es un lugar con magia y con pasado. El complejo, ubicado en el barrio de Hasnona, abarca una extensión de 32.800 metros cuadrados, 8.000 edificados, de estilo hispano morisco, levantados entre 1912 y 1914 por el sultán Hafid para rivalizar en poder con el palacio Dar el Majzen. No le dio tiempo a verlo acabado. Cedió el sultanato y sus dominios a su hermanastro y cuando el país empezó a caer en desgracia tuvo que exiliarse. El recinto pasó luego por distintas etapas de cesión, compras y subastas hasta que acabó en manos del Gobierno italiano, que ahora lo usa para actividades culturales.

Tanjazz ha encontrado ahí un cobijo particular. Durante cinco días, desde el pasado miércoles hasta esta noche del domingo, se reproducen en sus cinco escenarios diferentes hasta 40 conciertos de gran nivel musical. La mayoría son bandas y vocalistas de jazz internacionales, pero también se convocan otros tipos de música. El lema de esta XV edición ha sido “Leyendas de ayer y del mañana” y bajo ese manto un buen número de grupos y cantantes han rendido homenaje cada noche a Louis Armstrong, Duke Ellington, los Beatles, Gershwin o Nina Simone. Los platos estrella de este año han sido la prometedora Cécile McLorin, con toda su dulzura desplegada en la noche del viernes, y la consagrada Concha Buika. La actuación en la noche del sábado de Buika fue un desparrame de todo su repertorio de copla, soul, flamenco y hasta funk. La versión que realizó de Santa Lucía desconcertó al comienzo pero la emoción con la que cantó Mi niña Lola y otras de sus canciones más reconocidas recuperó el aliento del auditorio hasta crear el caldo de cultivo propicio para sus momentos más excesivos.

Los visitantes del Tanjazz y del Palacio han vivido así cinco días o un fin de semana de fiesta de la música y el reencuentro bajo un ambiente y una temperatura espectacular, en un recinto único, con múltiples bares y restaurantes, pero con entradas un poco caras (40 euros al día) para facilitar la presencia de los residentes locales con menos recursos.

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Exposición de una carta inédita de Picasso a Jacob

Cultura ElMundo - Dom, 14/09/2014 - 13:06
Varios bocetos acompañan al texto, escrito en 1903 desde Barcelona. La misiva, que descubre la profunda amistad que unió al malagueño y a Max Jacob, finaliza con un "Tu hermano Picasso". Leer
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Cinco décadas de ocupación

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 11:32

La crónica de la ocupación por parte de Israel de las tierras adquiridas en 1967 gracias a su asombrosa victoria en la Guerra de los Seis Días se resume, hasta el momento, del siguiente modo: en la primera década después de 1967 Israel tuvo dificultades para decidir qué hacer con las vastas extensiones de tierra que de forma inesperada había arrebatado a Egipto, Jordania y Siria. El país carecía de un plan organizado y no era capaz de resolver qué parte de los territorios ocupados conservar y qué parte devolver, pero su instinto le decía que esperara y, en general, prefirió conservar la tierra y renunciar a vivir en paz con sus vecinos. En ese período, cualquier consideración acerca de la devolución de algunos de los territorios ocupados, principalmente la península del Sinaí a Egipto y los Altos del Golán a Siria, surgió solo como un recurso táctico que le permitiera aferrarse a Cisjordania, la cuna de la historia judía, y a la Franja de Gaza, zona que Israel quería mantener por razones estratégicas. No obstante, en ausencia de presiones internacionales serias, incluso esas ideas se debilitaron. Los primeros ministros de este período no prestaron atención a las advertencias de que no había tiempo que perder y de que la oportunidad de alcanzar un acuerdo, en particular con los palestinos, podía perderse durante una generación o más si no se actuaba con prontitud. En retrospectiva, es posible decir sin temor a equivocarse que Israel perdió una oportunidad única de llegar a acuerdos de paz con sus vecinos durante la primera década de la ocupación.

En la segunda década, de 1977 a 1987, Israel decidió por fin qué quería hacer: tras el vuelco electoral que en 1977 llevó al poder al Likud, el partido de la derecha, por primera vez en la historia de Israel, el nuevo primer ministro, Menájem Beguin, emprendió un gran plan para hacer que la ocupación fuera irreversible; un aspecto central de ese plan era la construcción de asentamientos judíos en los territorios ocupados, en particular Cisjordania y la Franja de Gaza. El Gobierno encabezado por Beguin, tras la presión internacional desencadenada por el presidente Sadat, que en un gesto muy valiente planteó públicamente a Israel su voluntad de alcanzar un acuerdo, y gracias a una promesa sin precedentes de ayuda económica y militar por parte de Estados Unidos, puso fin a la ocupación del Sinaí. Sin embargo, Beguin estaba decidido a conservar para siempre los territorios palestinos ocupados (Cisjordania y la Franja de Gaza) y, al menos por el momento, los Altos del Golán, que Israel anexionó de forma oficial. Desdeñando la historia y la realidad, Israel intentó consolidar su control sobre los territorios ocupados empleando métodos colonialistas anacrónicos e ilegítimos, en particular la construcción de asentamientos contraria al derecho internacional.

A lo largo de las siguientes dos décadas de la ocupación, de 1987 a 2007, Israel por fin empezó a poner los pies en tierra, en buena parte debido al estallido en 1987 de la primera Intifada, que hizo que un número creciente de israelíes se diera cuenta de que el proyecto de la ocupación estaba condenado al fracaso. En 1991, con la Conferencia de Madrid, se puso en marcha una nueva iniciativa cuya meta era conseguir la paz a cambio de la tierra y poner fin a la ocupación. Sin embargo, ese proceso de paz no fue suficientemente riguroso y a Israel le faltó magnanimidad. Los palestinos, que al reconocer en 1988 el derecho a existir del estado de Israel renunciaron efectivamente a reclamar el 78% de la antigua Palestina, estaban resueltos a impedir que los israelíes se quedaran con el 22% restante y, por tanto, se negaron a transigir aún más durante las negociaciones de paz. Frustrados, los palestinos de los territorios combatieron a los ocupantes, como era su derecho legítimo y, quizá, el curso de acción lógico en vista de que para entonces era una lección de la historia que el estado de Israel solo cede cuando se le presiona.

Durante el proceso de pacificación, los israelíes fueron gradualmente comprendiendo que el precio de la paz sería alto: Siria insistía en una retirada total de los Altos del Golán y los palestinos querían un acuerdo equitativo. Como no estaban dispuestos a pagar este precio, los israelíes, en un proceso que alcanzaría el clímax durante el gobierno de Sharon (2001-2006), suspendieron temporalmente la búsqueda de la paz con Siria y decidieron retirarse unilateralmente de la Franja de Gaza, una espina clavada en el pie para Israel, lo que les permitía aferrarse a Cisjordania y sus recursos al tiempo que evitaban las cuestiones más problemáticas de la ocupación. No obstante, el breve idilio de Israel con el unilateralismo llegó a su fin después de que este hubiera conducido al ascenso de Hamás en la Franja de Gaza, desde donde los milicianos continuaron hostigando al país con cohetes.

La competencia y las divisiones crecientes entre Hamás en la Franja de Gaza y el régimen más secular de Cisjordania han beneficiado directamente a Israel, pues el Gobierno ha justificado su reticencia a seguir adelante con el proceso de paz argumentando que los palestinos están demasiado divididos y que Hamás no reconoce el derecho a existir del Estado de Israel. Mientras que la llamada primavera árabe y la desintegración del régimen de Bashar el Asad descartan, al menos por el momento, cualquier posibilidad de diálogo entre Israel y Siria para poner fin a la ocupación del Golán.

¿Dónde nos deja este resumen? ¿Qué nos aguarda en la quinta década de la ocupación israelí, ya bastante adelantada?

Resulta evidente que la opción de la primera década, mantener el statu quo, ya no existe, y que la alternativa de la segunda, construir asentamientos en un intento de absorber los territorios ocupados dentro de Israel, nunca fue realista. La estrategia intentada durante la cuarta década, el unilateralismo, ha perdido todo apoyo dentro de Israel, lo que nos devuelve a la opción que se probó a comienzos del decenio de 1990, a saber, el intento de poner fin a la ocupación mediante negociaciones de paz con los palestinos y los árabes. Pero para que las conversaciones de paz se reanuden de forma significativa, la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, tendrá que endurecer su postura ante el Estado de Israel y, cuando sea necesario, sobornarlo para que transija, pues si las cuatro décadas anteriores han demostrado algo es que los israelíes no cederán con facilidad los territorios ocupados.

No tengo la menor duda de que la ocupación llegará algún día a su fin, como ocurre con todas las guerras y conflictos. En 1967 a nadie se le hubiera ocurrido pensar que Israel, Egipto y Jordania llegarían a firmar tratados de paz completos; hoy, en cambio, es posible esperar que en algún momento se firmen acuerdos similares entre Israel y los palestinos y entre Israel y Siria y el Líbano. No obstante, dadas la profundidad del resentimiento que existe entre las partes, en particular entre los israelíes y los palestinos, y las actuales revoluciones en Oriente Próximo, que distraen del conflicto con Israel, puede suceder que se necesiten muchas generaciones antes de que una reconciliación auténtica eche raíces. Lo que resulta claro es que el intento de Israel de absorber los territorios ocupados a lo largo de las cuatro últimas décadas ha fracasado.

Creo que el veredicto de la historia interpretará las cuatro décadas de la ocupación descritas en este libro como una mancha negra en la historia de Israel y, de hecho, en la historia judía. Este fue un período en el que Israel, con la ayuda de la diáspora judía, en particular en Estados Unidos, demostró que incluso las naciones que han sufrido tragedias indescriptibles pueden actuar de forma igualmente cruel cuando tienen el poder. En 1967, el ministro de Defensa de la época, Moshe Dayan, anotó que si tuviera que escoger alguna de las naciones del mundo para vivir bajo la ocupación de sus fuerzas militares, dudaría en elegir Israel. Tenía razón: mirando lo ocurrido en estas cuatro décadas resulta claro que Israel fue, y en este momento continúa siendo, un ocupador cruel y brutal. Pues mientras otros colonialistas, como los británicos en la India, entre otros, aprendieron el valor de ganarse el aprecio de las élites locales construyendo escuelas, universidades y otros servicios públicos para los colonizados, Israel nunca ha pensado que tenga el deber de ayudar, proteger o mejorar la calidad de vida de la población bajo su control, a la que en el mejor de los casos considera un mercado cautivo o una fuente de mano de obra barata a su disposición. Sin embargo, al forzarlos a vivir en la miseria y sin esperanza, Israel ha endurecido a quienes viven sometidos a su poder, haciéndolos más decididos a poner fin a la ocupación, incluso a través de la violencia si es necesario, y vivir una vida de dignidad y libertad.

La ocupación, Israel y los territorios ocupados, de Ahron Bregman (Crítica), se publica el 23 de septiembre. 24,99 euros (edición papel), 14,99 euros (libro electrónico).

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El Ártico escondía una leyenda

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 11:32

La noticia no ha podido dejar frío a nadie: un equipo canadiense ha hallado esta semana uno de los dos barcos de la expedición del explorador británico sir John Franklin, desaparecida en 1845 en el Ártico. Es un hallazgo sensacional. La búsqueda de esa expedición, que parecía haberse esfumado, ha obsesionado al mundo desde que se perdió. Innumerables misiones fueron enviadas tras su estela, provocando, en una nefasta cadena, nuevas desapariciones.

No hay historia polar más tétrica y funesta ni más legendaria ni más comentada (hasta inspiró a Julio Verne) que la de la expedición de Franklin, desvanecida en el entonces ignoto norte de Canadá, en parajes donde la temperatura desciende a 50º bajo cero y hay que cortar la mantequilla con hacha —si tienes mantequilla—, cuando trataba de atravesar el último tramo del codiciado paso del Noroeste, el atajo entre el Atlántico y el Pacífico.

Aquella malhadada aventura, arquetipo de tragedia helada, reúne todos los ingredientes para hacerla insuperable en lo pavoroso. No es solo que murieran, después de pasarlo francamente mal, en la clásica mezcla de congelaciones, hambre y enfermedades, notablemente escorbuto, los 129 integrantes de la expedición (un balance que convierte cuantitativamente el desastre de Scott en el Polo Sur, con sus cinco muertos, en una insignificancia), incluido su líder, el capitán sir John Franklin, que había combatido en Trafalgar y sido gobernador de Tasmania. Además, varios de sus miembros practicaron el canibalismo y el grupo dejó lóbregos testimonios esparcidos por las heladas extensiones como un macabro e involuntario juego de pistas para la posteridad. Cosas como un bote con dos esqueletos —una estampa digna de Piratas del Caribe en versión ártica—, pilas de huesos con evidencias de descarnamiento (gastronómico), o un cementerio en el que se ha desenterrado a tres de los exploradores sepultados por sus compañeros y preservados increíblemente por el frío permafrost en sus ataúdes como bellas (?) durmientes zombis.

Pocas cosas ha arrojado la arqueología en su versión forense tan tremendas como los cuerpos de esos tipos. El suboficial John Torrington, que era un mozo guapo en vida, veinteañero, y al que se le ataron las manos al cuerpo, quedó con un rictus espantoso en el que parece que puedas escuchar aún cómo le castañetean los dientes. Su colega de eternidad congelada, William Braine, presenta incluso peor aspecto: el ataúd era pequeño y le aplastaba la nariz, que le quedó como de cerdo. El tercero, John Hartnell, parece reírse de todo, pero no es una risa contagiosa.

El análisis de los restos en 1984 planteó un nuevo enigma: los cuerpos presentaban una elevadísima cantidad de plomo, compatible con un envenenamiento por ese elemento. Inicialmente se pensó que era a causa de las latas que consumían masivamente —una dieta poco equilibrada (y luego menos)—. Parece ahora que lo pudo producir las cañerías de los barcos.

Durante años, se ha tratado de esclarecer lo que le pasó a la expedición. En lo básico está muy claro: palmaron todos (se les dio por muertos oficialmente en 1854). Pero carecemos de muchos de los detalles —previsiblemente morbosos— y a lo largo de 150 años se ha tratado esforzadamente de dar con ellos. En Gran Bretaña se convirtió en un asunto nacional, y romántico: la esposa de Franklin, lady Jane, la Penélope del Ártico, se negó a dar a su marido por muerto y patrocinó personalmente hasta siete expediciones para encontrarlo. En una de ellas se llegó a soltar zorros que portaban collares con mensajes para conseguir socorro.  Uno de esos collares puede verse (¡y es muy emocionante!) junto a otras reliquias de la expedición en el Instituto Polar Scott de Cambridge.

La historia de la exploración avanzó notablemente con la búsqueda. Alguien dijo, con cierta sorna, que los resultados geográficos y científicos de la búsqueda han sido superiores a los que hubiera traído la expedición.

Sir John Franklin es más conocido por su dramático fracaso y su desaparición que por cualquier otra circunstancia de su carrera. Nacido en 1786, no vio el mar hasta los 12 años pero entonces fue un flechazo: dos años después se alistó en la Royal Navy a bordo del HMS Polyphemus, un barco que recordarán los que hayan leído a Patrick O'Brian. Vio acción en la batalla de Copenhague y sirvió también en Trafalgar. El Almirantazgo luego lo seleccionó para la búsqueda del pasaje del noroeste y ya su primera expedición estuvo a punto de acabar en desastre -casi mueren todos de hambre y un explorador canadiense del grupo, en aperitivo de lo que vendría,  se comió a un tripulante inglés (y fue ejecutado por ello)-. Lastraba a Franklin  su apego  a las viejas tradiciones de la marina como no permitir que los oficiales cargaran grande pesos o que la misión debía realizarse a toda costa fueran cuales fueran los riesgos. Su segunda expedición ártica fue mejor y a la vuelta le concedieron el título de sir. 

El infausto destino de Franklin ha sido una bendición para las artes. Pinturas, libros, obras de teatro y hasta canciones -desde las baladas hasta el Frozen man de James Taylor ("I said angel of mercy I'm alive or am I dead?"), inspirada en la visión de fotos de John Torrington- han recordado su última expedición. En sus aventuras, el capitán Hatteras de Verne sigue los pasos de Franklin. Wilkie Collins y Dickens pergeñaron una obra de teatro alegórica sobre el asunto, The frozen deep, que negaba las informaciones sobre el canibalismo de los británicos y lo achacaba a los esquimales. Más tarde, en 1983, Sten Nadolny hizo a Franklin el protagonista de su novela Elogio de la lentitud (Edhasa) y en 2007, Dan Simmons recreó la expedición en clave fantástica -una criatura misteriosa  ataca a los marinos-, con pasajes tremendos,  en El terror (Roca Editorial).

El hallazgo de uno de los barcos de la Expedición Franklin, no se sabe aún si el Erebus o el Terror (dos nombres animosos para un viaje difícil —Erebus es el nombre de una región del Hades, el infierno clásico—, aunque no peores que el del ballenero ártico de Kane, el Vana esperanza—), es un hito de la arqueología marina y de la historia de la exploración. Más allá de las claves que pueda contener sobre la infortunada expedición (por ejemplo, nueva información sobre el origen del envenenamiento por plomo), hay que recordar que ambas embarcaciones son per se piezas históricas tan notables como el Fram, el barco de Nansen, que se conserva en su museo en Oslo, el Endurance de Shackleton, atrapado por el hielo y engullido en el congelado Mar de Weddell en 1915, o el Terra Nova de Scott, que después de la muerte del capitán en el Polo Sur funcionó como pesquero y, tras averiarse, fue hundido por la guardia costera de EE UU en 1943 en la costa de Groenlandia (donde, precisamente, fue localizado en 2012).

El barco de Franklin hallado ahora se encuentra bajo el agua en el golfo de la Reina Maud al oeste de la isla O‘Reilly, y las imágenes de radar lo muestran posado en el fondo relativamente bien conservado. Su hermano no debería estar muy lejos. Hace tiempo que se efectúan búsquedas en la zona y ya habían aparecido pistas.

El HMS Terror y el HMS Erebus, barcos de la armada británica, eran fiables veteranos de la exploración. Botados en 1813 y 1826 respectivamente, habían servido a James Clark Ross en su expedición a la Antártida en 1840. El monte Erebus del continente polar fue nombrado así por uno de los barcos y el volcán monte Terror por el otro. El Terror había tenido una previa carrera bélica, durante la guerra de 1812 contra EE UU. Los dos barcos iban equipados con motores de locomotoras adaptados para impulsar las hélices, además de llevar la quilla reforzada con planchas de hierro. Contaban con un sistema de calefacción, provisiones para siete años y copiosas bibliotecas, incluidas mil ediciones encuadernadas de la revista Punch. La última vez que los barcos fueron vistos por europeos (hasta ahora) fue en julio de 1845 cuando, de camino a su perdición, se cruzaron con un ballenero en la bahía de Baffin.

Mediante los indicios hallados durante 150 años de rastreos, incluidas varias notas, restos humanos y materiales (entre ellos cubiertos de plata, que no proliferan en el Ártico), y los testimonios recogidos de los nativos inuit -que reaprovecharon algunos objetos de los marinos-, se ha podido reconstruir en parte lo que aconteció. La expedición invernó en la isla Beechley, donde los tres miembros que hemos visto murieron y fueron enterrados (se los halló en 1851 -las autopsias se hicieron mucho después-). En septiembre de 1846, los barcos quedaron atrapados por el hielo junto a la isla del Rey Guillermo, y ya no volvieron a navegar. Franklin (según una nota hallada en 1859 en un pote junto a un cairn, un túmulo de piedras), murió el 11 de junio de 1847. También murieron otros cuarenta. Finalmente, el resto de la tripulación trató de llegar a pie hasta el Canadá continental, avanzando hacia el sur,  y fueron falleciendo por el camino. Algunos se comieron a otros.

Por los hallazgos arqueológicos está claro que la expedición no contaba con medios adecuados ni preparación para viajar a pie. No se ganaron la ayuda de las tribus de la región, que podrían haberlos salvado.

De los barcos no se supo nada. Se creyó en 1851 que habían sido avistados los dos flotando a la deriva en un bloque de hielo cerca de Terranova, pero ahora está claro que se trataba de otras embarcaciones. Por lo visto no se movieron mucho y ahora aguardan —al menos uno— allá abajo con toda su carga de emoción intacta, y acaso secretos que hagan honor a sus escalofriantes nombres y a su historia. 

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Los 'crímenes' de Beck en el Dcode

Cultura ElMundo - Dom, 14/09/2014 - 08:25
El músico estadounidense justifica la cuarta edición del único festival madrileño, donde también actuaron Vetusta Morla y Chvrches. Leer
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Rafael Álvarez, 'El Brujo': 'El teatro ha desaparecido'

Cultura ElMundo - Dom, 14/09/2014 - 03:21
Le llaman 'El Brujo' pero su credo no está hecho de magia, sino de palabras. "El teatro no es sólo entretenimiento. La risa debe tener un propósito. Esta profesión requiere una actitud artística, también por parte del espectador", asegura. Leer
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Fallece Arturo Maccanti, en la estela de Pavese

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 03:13

De Arturo Maccanti, poeta que murió el jueves en Tenerife a los 80 años (ayer fue su entierro), escribió Alfonso O‘Shanahan, poeta también fallecido: “Tiene la angustia existencial de un Pavese, la profundidad de un Cavafis y la ternura de un Ungaretti. Además de ello, su bondad es machadiana y su temperamento insular se entronca con Alonso Quesada. De pocos poetas vivos canarios podemos decir lo mismo”.

Eso lo escribió O‘Shanahan para introducir, en 1989, una edición antológica de la obra de Maccanti El eco de un eco de un eco del resplandor, Biblioteca Básica Canaria, 1989) y no era sólo una definición literaria sino que era una descripción humana del escritor que acaba de fallecer. No sólo estuvo próximo a Pavese por la naturaleza italiana de su procedencia sino que esa angustia existencial que se hizo sólida y simbólica de su casi paisano lo acompañó hasta el último suspiro. Y era profundo y aislado, ensimismado, bondadoso y tierno, en efecto, pero también salvaje y esquivo, como una herida que nunca pudo cerrar.

Esa herida mayor de su vida se la produjo la muerte muy temprana de un hijo suyo. Vivieron él y su mujer (María Isabel, a la que va dedicado, junto a su otra hija, María José, El eco de un eco…) ese momento radicalmente triste de sus vidas con la intensidad de lo inolvidable, y han pasado días y décadas, y en su semblante y en la risa acongojada con la que acompañaba sus paseos por La Laguna, la ciudad donde ha vivido casi toda su vida, siempre ha estado en Maccanti esa sombra que los marcó.

Su poesía es el eco de la angustia. Aún así, en lo público tuvo variadas actividades: fue editor (con sus amigos Manuel Padorno y Josefina Betancor, hicieron Taller de Ediciones JB, y fue creador, con otros poetas, de la colección La fuente que mana y corre), presidente del Ateneo de La Laguna, presidente de La Laguna Ciudad de la Poesía, estudió Derecho, enseñó la isla de Tenerife a los extranjeros, fue amigo fiel de numerosos amigos, y recibió a media luz aquel golpe tan grave y otras tarascadas inesperadas de una existencia a la que O‘Shanahan le puso aquellos paralelismos.

En 2003 fue distinguido con el premio Canarias de Literatura. Fue miembro de una generación canaria que le dio a la historia el suyo y otros nombres, como Martín Chirino, Manuel Millares, el citado Padorno. Todos ellos han significado (y significan) maneras de abordar la isla como punto de apoyo o como frontera; la isla fue alma. Su devoción por La Laguna (a la que llamó Guerea) era la expresión humana de su deseo de estar en tierra firme, de sentir que, aunque la vida le había arrebatado tantas veces el aliento, la propia existencia de la ciudad a la que quiso era capaz de devolverle el sentido de vivir.

En aquel escrito que citamos al principio O‘Shanahan sugiere que el poema que define a Maccanti es Coronación y exilio, “un poema definitivo y de permanente compañía”. Así termina: “Ahora soy viejo/ y estoy perdido entre las sombras,/ enredado en el tiempo y en la muerte,/ como tú, madre mía…”

Nació en Gran Canaria, hijo de italiano y portuguesa. Desde 1951 vivió en Tenerife. Cuando murió Pavese Natalia Ginzburg escribió de aquel antecedente de Maccanti: “En los últimos años tenía el rostro demacrado y lleno de arrugas, devastado por los pensamientos atormentados, pero su figura conservó hasta el último momento la gracia de un adolescente”. Para nosotros fue siempre Maccanti un adolescente que en algún momento del trayecto supo que ya no cabía arañar más la alegría, que ésta se había acabado, pero conservó ese aire romántico que combinaba con su figura de Gassman y Mastroiani y que disimulaba con risa el profundo dolor con que se ha ido de este mundo.

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Los últimos 15 días de Bolívar

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 01:04

Para contar los últimos 15 días de la vida de Simón Bolívar, el escritor y periodista Fermín Goñi (Pamplona, 1953) viajó hasta la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, caribe colombiano, donde logró un permiso para permanecer 18 horas continuas. Allí, con una cámara de vídeo y dos de fotografía vio ponerse el sol junto a los tamarindos de los que colgó la hamaca del Libertador y también desde su habitación, que permanece intacta desde aquellos días a finales de 1830.

“Tenía que estar sin lugar a dudas en el lugar donde murió. Saber por dónde sale el sol, cómo calienta, si hay tormentas. Ahora la Quinta está convertida en un museo que tiene un cierto tinte de parque temático, pero la habitación de Bolívar sigue con las medidas exactas”, dice Goñi horas antes de lanzar en Bogotá su novela Todo llevará su nombre (Roca Editorial), y que llegará a España a finales del año.

El Bolívar de Goñi es el hombre de carne y hueso, alejado de esa foto fija de las grandes hazañas militares. “Es el Bolívar misántropo, que piensa que va a ser capaz de vencer la enfermedad (tuberculosis), que se automedica porque nunca se fio de los médicos. El que cree que su problema es de mala bilis y que tenía que expulsarla. Pero la realidad era que tenía el pulmón lleno de pus. No había remedio”.

Durante la presentación de la novela en una librería al norte de Bogotá, el periodista y también escritor Mauricio Vargas, autor de una trilogía dedicada a los próceres de América -de la que ha publicado dos partes-, lo definiría como un Bolívar de “huesos con piel” y preguntaría si acaso el Libertador no merecía una muerte diferente. “Fue triste, tristísima”, diría Goñi. Una tristeza que, para Vargas, impregna toda la novela.

Pero a la enfermedad se suma lo que Goñi llama “un padecimiento moral enorme”. Dos años antes de terminar en una cama en Santa Marta, habían intentado asesinarlo en Bogotá y desconfiaba de todos. “En las últimas semanas no quería ver a nadie, al que no conocía le ponía la cara de Santander, pensando que volvía para matarlo”, cuenta el escritor, quien se declara fascinado por los próceres latinoamericanos. Quizás más que de Bolívar, de Francisco de Miranda, a quien ya le dedicó Los sueños de un Libertador (2009), un personaje que para Goñi es el verdadero inductor de la revolución, esa que comprende la parte final de la presencia española en Latinoamérica y donde “tan pocas personas lograron con tan pocos medios y tiempo conseguir la libertad de un territorio tan vasto”.

Sin embargo, Bolívar quería huir de América a como diera lugar, por eso Goñi habla en su novela de ese último viaje a ninguna parte, del hombre que según escribe ha conseguido expulsar a los militares españoles del sur del continente americano tras trece años de guerra, pero que, a cambio, no ha logrado la paz entre sus conciudadanos. Un Bolívar que se da cuenta de que la unión de los países americanos no iba a suceder. “Y los años le han dado la razón. Aunque hoy hay tratados de unión entre distintos países en América Latina, no hay uno que los pueda unir a todos. Puede ser una tarea loable pero titánica si no imposible”.

Todo llevará su nombre es la cuenta atrás del Libertador que Goñi reconstruye con la pasión del reportero pero con un ingrediente adicional, porque esta novela no es solo ver al prócer abandonarse a la muerte. Será el médico francés que lo atiende, el único del que se deja recetar aunque a regañadientes, quién prenderá la chispa de saber cómo empezó todo.

El escritor contará entonces cómo cayó en manos del prócer un mapa hecho por encargo del rey de España, que descubría la enormidad de lo que era América. "No fue la fuente de inspiración pero sí una de las chispas que prendió la mecha", dice. Un mapa que el escritor se enorgullece de tener en su poder.

Goñi también ha elegido contar cómo Bolívar, buscando fortalecer su ejército, ordena a su representante en Londres que organice una leva a la que se suman militares, en su mayoría irlandeses, y también aventureros. “En los libros de historia el papel de los mercenarios británicos prácticamente no aparece, pero existieron, y una prueba es que al final de los días de Bolívar, junto a él estaba el coronel Belford Hinton Wilson, que tenía apenas 17 años cuando llegó a conocerlo y el general O'Leary, quien es el que recupera toda la correspondencia del Libertador”.

Goñi hace otra aclaración: “Cuando habla Bolívar, habla Bolívar”. Eso significa que lejos de la ficción, las palabras de su Bolívar son las de Bolívar, uno mortal, alejado de ese “bolivarismo que parece ser que hoy fuera una religión, y su principal profeta el expresidente Hugo Chávez”. Y agrega que hay que dejarlo descansar en paz, sin más exhumaciones.

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Vieja escuela, nueva escuela

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 00:27

Uno salía arropado por proyecciones psicodélicas, una banda espectacular y la vitalidad de un veinteañero. El otro, con la guitarra como única arma, una discreta iluminación que dejaba en penumbra a sus músicos y sobriedad ante el micrófono. El primero era Beck, vieja gloria del rock ya en la cuarentena que acaba de publicar Morning phase,su primer disco en seis años. El segundo, Jake Bugg, publicaba su debut en 2012 y, con solo 20 años, ha sido comparado con Dylan o Johnny Cash. Ambos contradecían ayer en el festival Dcode de Madrid el papel que les toca por edad. La vieja escuela aún tiene acné y la modernidad hace tiempo que luce patas de gallo.

Beck era el plato fuerte de una cita que esperaba reunir a entre 15.000 y 18.000 personas en su cuarta edición. El estadounidense acentuaba el carácter nostálgico del festival Dcode, última fiesta del verano, última oportunidad para lucir camisas hawaianas, coronas de flores y sombreros de paja. Los acordes de Devils haircut, single de su disco Odelay (joya que le encumbró en 1996) congregaba a un público que quizás por aquel entonces escuchaba tan solo el sonido de su propio chupete. A los más mayores, aquel revival les sonaba a gloria. Ellos coreaban con más energía que nadie (la misma que lucía el cantante, que parecía haber rejuvenecido hasta aquel disco fundacional) el estribillo con el que Beck se plantaba ya en el tercer tema: “Soy un perdedor/ I’m a loser, baby / So why don’t you kill me”. Veinte años después de Loser, con el pelo corto —pero con sombrero—, Beck sigue jugando a ser un gamberro.

Jake Bugg nació el año en que Loser llegó a las tiendas. Le correspondería, quizá, el papel de jovenzuelo rupturista que adoptó por entonces su compañero de cartel. Pero el británico recorre otras sendas. La suya es la del rock y el folk, y a ella se limitó anoche. Aferrado a su guitarra, con un pelo a lo beatle revisitado, el casi adolescente disparaba sus letras sin descanso, pronunciado un tímido “Thank you” de tanto en tanto con su marcado acento. No prometía fiesta, aunque la rozó. Exhibió el rasgueo alegre de Seen it all, pero también un paréntesis entre bailes para Broken, solo sobre escena, con seis cuerdas como único acompañamiento.

No fue el británico quien llevó la nostalgia a los campos de rugby de la Universidad Complutense. En torno a las seis, cuando unos pocos cientos de personas remoloneaban ya sobre el césped, apenas era necesario que el operario de turno regara festivamente a los presentes para ahuyentar el sol. El otoño se había instalado con la voz profunda y oscura de Anna Calvi, más propia quizás para espacios cerrados e íntimos. Los más entusiastas coreaban el potente Jezebel que ofrecía la artista. Los que habían llegado hasta la Ciudad Universitaria para apurar agosto esperaban ya en el escenario contiguo la improbable fiesta pseudoétnica de Bombay Bicycle Club.

Para Marta y Susana, madrileñas de adopción y vallisoletanas de nacimiento, ese era el pistoletazo de una fiesta que debía durar hasta las cuatro y media de la madrugada. Ninguna de estas dos veinteañeras había podido abandonar la capital durante el verano (el trabajo se impone) y veían el evento como la única forma de entrar en la fiebre festivalera, aunque fuera sin salir de Madrid. “No es igual que irte con tu mochila y tu tienda de campaña, pero el ambiente es parecido”, comentaban resignadas. La organización ha puesto a la venta más de 22.000 entradas pensadas, sobre todo, para los rodríguez que buscan en los 32.000 metros cuadrados del recinto una compensación por las vacaciones que nunca fueron, o las que dejaron de ser hace semanas.

Quedaban entonces ocho largas horas de fiesta que la organización había orquestado situando los principales conciertos a partir de las diez de la noche, aunque la música hubiera comenzado a sonar a las cuatro de la tarde en los tres escenarios. Entre Beck, el peso pesado, y Chvrches, su tercero, mediarían cuatro horas de paseos por el césped. Todo por apurar con tristeza un verano menos, un verano más. O por empaparse de guitarreo y saltos antes de que el curso musical madrileño haga parecer el Dcode un sueño lejano.

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“El rencor es una fuerza enorme de la que puede ser difícil prescindir”

Cultura ElPaís - Dom, 14/09/2014 - 00:10

La soledad de su voz fue desterrada cuando el propio Javier Marías abrió la puerta del balcón de su casa en Madrid e irrumpió el rumor babélico de los turistas de la plaza. Él estaba en mitad de sus reflexiones sobre su nueva novela, Así empieza lo malo (Alfaguara), que saldrá a la venta el 23 de septiembre. Dejó entrar las voces y el sol contundente de la tarde, sin parar de fumar ni hablar, en ese momento, de la manera en que algunos españoles no solo se “cambiaron de chaqueta”, como por arte de magia, tras la muerte de Franco, sino que intentaron obrar el milagro de usurparse a sí mismos con nuevas biografías. Fue poco después de que aclarara que no se trata de una novela política, sino sobre el deseo, el rencor y la arbitrariedad del perdón, de pasar por alto cuestiones graves y, en cambio, dejar emponzoñar algunas nimias.

El ojo en una rendija…

…Y el lector como testigo de una historia privada sobre la manera en que se fraguan una desdicha amorosa, unos deseos sexuales como motores de la vida, unos recuerdos nobles y rastreros y el arte de enmascarar y querer saber la verdad… ¡La verdad!… ¿Para qué? Y es ahí donde Javier Marías (Madrid, 1951) a la vez que cuenta y recupera el tiempo para comprenderlo, establece un diálogo con el lector.

Es su novela más erótica y feminista, con más humor y desparpajo lingüístico y la segunda más larga (la primera es su trilogía de Tu rostro mañana), en cuyas 534 páginas está el rastro del joven Marías, del Javier Marías que fue, y que es en la memoria y en los recuerdos, llamado aquí Juan de Vere. Él, el joven Juan, es quien desde una edad cercana a los 50 años del presente evoca su vida en 1980. Tenía 23 años, el adiós al franquismo aún estaba presente, la Transición había echado a andar, el mundo parecía reinventarse y el divorcio, el divorcio estaba al caer. Faltaba un año. Ahí está el origen de una novela en cuyo título, una vez más, está la presencia tutelar de Shakespeare, ahora invocado en Hamlet: “Así empieza lo malo y lo peor queda atrás”. Mientras, aquí mismo, y antes de que se cuele el murmullo de voces, la del escritor y académico, sentado en el sofá de su casa bajo un cuadro de Keller-Reuntlingen, donde un pueblo decimonónico entre sombras se refleja en el agua, escenifica lo que dicen de su narrativa: pensamiento en movimiento trenzado de relato y análisis, ahora, mientras habla al lector:

“Si en otras novelas he podido determinar con bastante exactitud el primer latido, como decía Nabokov, aquí no tengo un elemento tan concreto. Cuando uno lleva 43 años publicando y ha tenido varias fases, llega un momento en el cual uno acepta que tiene un estilo, unos temas principales que me preocupan y sobre los cuales se puede ahondar, y no es meramente repetición”.

“Una de las cosas que parece haberse olvidado es que hasta hace relativamente poco no había divorcio en España. Recordé que muchos matrimonios, aunque se llevaran mal y fueran indiferentes, seguían juntos. Eso me llevó a pensar que aparte de no existir el divorcio, una de las cosas que, a menudo, más mantiene a las parejas, y vale tanto para matrimonios como otro tipo de relaciones, es el rencor. Cómo el rencor es una fuerza enorme, y puede ser difícil prescindir de él. Me interesaba también abordar el deseo sexual mezclado, a veces, con amor y como uno de los motores más fuertes entre dos personas, sobre todo en la juventud. El narrador cuenta desde una edad ya madura y eso le permite observarse de joven y a los jóvenes en general. Hay una frase que define parte de la novela: ‘Los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas’, y suelen ser desaprensivos en algunos terrenos. Hay un tercer elemento: la arbitrariedad del perdón. En um momento dado uno de los personajes centrales, Eduardo Muriel, dice que la justicia desinteresada e impersonal no existe”.

No es una novela sobre los jóvenes y la sexualidad, pero… tiene coordenadas sobre ese territorio y la manera en que algunos jóvenes buscan crear recuerdos. Sembrar felicidades.

“Como autor me resulta inquietante que el joven en un momento dado tiene la sensación de haber vivido cosas como una especie de atesoramiento, y viene a decir: ‘Tengo que fijarme bien, tengo que aprehender bien este momento y estar atento a los detalles porque habrá un yo futuro que ya no tendrá tan fácil este tipo de escenas y me reclamará este momento’. Como si uno tuviera presente el espectro que será. A medida que uno cumple años descubre que el joven que fue tenía razón, y que uno ha guardado aquel día, aquella noche, aquel polvo, por decirlo mal, o aquel enamoramiento. No es malo que el lector reconozca cosas en esta novela. Cuando la gente dice que la novela es una forma de conocimiento yo digo no, para mí es una forma de reconocimiento. La novela lo que hace es traerte como lector cosas que sabías pero no sabías que sabías”.

No es una novela autobiográfica, pero…. Marías, desde el borde del sofá de esta casa donde vive hace 20 años, y con el cigarrillo entre los dedos, desanda sus años juveniles.

“El lenguaje del narrador es más crudo. Sobre todo en el pensamiento, y eso da verosimilitud. Para su configuración recordé pasajes de mi vida de joven. He pensado con cierta honestidad sobre si yo habría hecho una cosa u otra. Y a veces no es fácil reconocer y aceptar que también uno se portó de manera un poco indigna, aunque a eso está uno expuesto en cualquier edad, pero en la juventud hay cosas a las que no se les da importancia porque los jóvenes tienen el alma y la conciencia aplazadas. Y me temo que sí hay elementos del que fui…”.

No es una novela de amor, pero… tras los retratos de Los enamoramientos, su exitosa novela anterior, en Así empieza lo malo se asoma a diferentes formas de amor.

“Lo extraordinario es que el amor sea correspondido. ¿Por qué diablos alguien a quien nosotros señalamos va a corresponder y, en caso extraño de que así sea, por qué ha de durar? Lo tenemos como algo que sucede habitualmente. Enlaza con una idea de Corazón tan blanco, cuando se dice que en realidad todo el mundo obliga a todo el mundo. En las relaciones más extraordinarias, amorosas, probablemente, al menos al inicio, hay un cierto grado de forzamiento de las circunstancias de quien toma la iniciativa, incluso en la amistad, aunque luego las tornas se cambien. Es muy raro que todo sea simultáneo. Como cuando un niño le dice a otro: ‘Quiero ser amigo tuyo’. Eso sigue siendo así, aunque no se verbalice. Verse considerado, deseable por alguien, te hace sentir bien y considerar al otro también, cosa que no hubiera sido posible de otra manera. Estamos expuestos a dejar de ser un bulto en el océano, porque si nos avistan, y tampoco ocurre mucho: o se acercan a uno, o nos esquivan.

No es una novela sobre venganzas, pero… palpita ese lado incontrolable del ser humano, junto al de la impunidad y las sombras de la justicia.

“La arbitrariedad del perdón es un misterio. El que no pasemos por alto cosas pequeñas. Quizá tiene que ver con lo que hiere el amor propio y este es enigmático. A veces nos tomamos mal que se ponga en duda algo trivial y no nos importa que se ponga en duda algo básico de nuestra personalidad o comportamiento. Nadie sabe muy bien dónde tiene puesto el orgullo. Si me lo preguntas a mí, no te sabría decir con exactitud, pero probablemente no sería en mis libros. El orgullo no siempre está puesto en lo aparentemente más importante.

No es una novela política ni histórica, pero… el franquismo parece tocarlo todo en España. Su estela es larga y el autor de Todas las almas y Mañana en la batalla piensa en mí no calla.

“Hubo un acuerdo, después de la dictadura, de no pasar factura a nadie. Es algo que ahora la gente reclama mucho, pero olvida que aunque se hubiera querido hacer, en los 80 los únicos que mantenían las armas eran los del ejército que seguían siendo franquistas como se demostró con el fallido golpe de Estado del 23-F. Si alguien hubiera dicho ‘queremos que se juzgue a los culpables del franquismo’ habría caído en el vacío. Fue acertado no llevar a nadie al banquillo, aunque eso supusiera renunciar a muchas cosas. Pero sin duda eso contribuyó a que pasáramos a tener un país más o menos normal, por muy imperfecta que sea la democracia y más imperfecta que esté ahora. No sé si fue una bajada de pantalones, como dicen algunos, pero conseguimos mucho a cambio. Se olvida que los periodos de libertad en España se contaban por trienios y ahora llevamos cerca de 40 años”.

“Una cosa es que no se pasaran cuentas y existiera una especie de amnistía general y otra es que no se pudieran saber las cosas. Y ahí es donde quizá hubo una exageración, en el ocultamiento, y eso es más irritante porque es en lo que seguimos, hasta cierto punto. En la novela hay un personaje que quiere saber algo del pasado de un amigo y luego desiste. Dice que si perdiera esa amistad al involucrarse en lo que él hizo hace muchos años, y que luego ha reparado, sería el mayor imbécil de un país donde nadie está haciendo eso. Donde se están dejando pasar las cosas. Así renuncia a saber. Eso refleja la época, 1980, y lo que ha pasado en este país. Pero no es solo reflejo de una época española sino de la historia de la humanidad. En realidad, en casi todas partes el número de crímenes que han sido juzgados y castigados es mínimo. No se puede llevar a todo un país, y ni siquiera a medio, al banquillo, salvo en una dictadura, si eres Stalin, Franco o Hitler, y ¿quién quería eso?”.

Sin dejar de hablar, Marías se levanta, se acerca al balcón y deja rodear su voz del murmullo, al regresar al sofá y pasar por el muro de sol que entra hace revolotear las finas serpentinas del humo del cigarrillo.

“No es que sea conformista, es la aceptación de que así son las cosas. Hay un momento en que dices: ‘Hay que convivir’. Pero me parece bien que queramos reclamar la verdad, y que se diga lo que sucedió. Una cosa es que no se lleve a nadie al banquillo y otra que algunos hubieran empezado a crearse biografías festivas. A veces los cambios de chaqueta son sinceros. Pero mi padre decía: ‘No creo en arte de magia’. En personas que un día están aquí y al día siguiente allá, hay que ver su desplazamiento. Tenía razón. Incluso muchos intelectuales tuvieron actuaciones dudosas u oportunistas y fueron cambiando, algunos de manera sincera. Nunca es lo mismo una guerra con los demás que con uno mismo”.

“Quizá sea mi novela más feminista en el sentido de que hay mayor conciencia del abuso habitual que se le da y se le ha dado a las mujeres. Cómo se logran de ellas cosas mediante la coacción, la amenaza, el chantaje o la denuncia. O, incluso, se busca satisfacer el deseo con ellas como manera de pago como ocurrió en el franquismo de forma rastrera”.

No es una comedia ni un melodrama, pero… hacia las siete de la tarde el autor de El hombre sentimental emparenta su nuevo libro con el culebrón en su sentido más noble.

“En mis novelas suele haber humor. Ahora, tal vez, como elemento rebajador de la tensión. Quizá porque hay elementos de melodrama en el mejor sentido de la palabra. Eso se ha producido con cierta sorpresa al intentar ser más realista, más verosímil. Al hacerlo me he encontrado con que cuanto más se acerca uno a la vida de las personas aparece el melodrama. La ocultación o el engaño de muchos tipos suelen estar presentes en las relaciones. Y, a veces, cuando se descubre la verdad, lo que se ha vivido se vuelve desazonador. Entonces se quiere borrar ese periodo de farsa. Pero no puede ser porque se ha vivido, fue real, aunque esa verdad invalide parte de una vida y sea un periodo contaminado”.

No es una novela ni filosófica ni sociológica, pero… Marías abunda en el tema y se pregunta qué haría la gente: ¿saber o no saber algo personal o ajeno? Por lo pronto, él cuenta qué va a hacer ahora.

“No tardaré mucho en empezar algo. El 20 de septiembre cumplo 63 años. La edad casi de un jubilado y si uno no está activo está peor. Antiguamente tenía más perspectiva en lo que yo llamaba futuro abstracto, ignoto, en el que cabe todo. Pero ahora vivo en un presente continuo y no se sabe lo que nos deparará la vida”.

Él, que ha escrito 12 novelas, ha sido traducido a 29 idiomas y ganado varios premios,  y que se sabe hijo del azar porque su bisabuelo materno estuvo a punto de morir cuando era un bebé, mientras décadas después su padre fue casi empujado a la muerte, durante el franquismo, tras la infamia de un delator, deja su universo literario de Así empieza lo malo con dos personas que se miran y en silencio parecen decirse: “Y no, nada de palabras”.

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