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Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 01:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

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La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mar, 30/06/2015 - 23:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

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Alex de la Iglesia se va al cine con Raphael

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

No es fácil dilucidar quién está más feliz, cuál de los dos está más seducido y entregado al contrario. Las risotadas de Álex de la Iglesia alegran el rostro de Raphael, orgulloso de este paso que está a punto de dar, su vuelta al cine. El director bilbaíno ha conseguido que el cantante regrese a la pantalla grande después de 40 años. Será en Mi gran noche, la película que De la Iglesia comienza a rodar en febrero, en la que también participarán Carlos Areces y Pepón Nieto. Raphael será Alphonso (también con ph) e interpretará a un cantante egocéntrico y sádico que quiere ser el primero en intervenir en la grabación de un programa televisivo de fin de año. Una grabación que tiene lugar meses antes, en otoño, en un estudio de un polígono industrial, con un calor horroroso, y en el que unos 300 figurantes, vestidos de gala, lujosos trajes de noche y smoking gritan “Feliz año” y tienen que demostrar que están felices aunque no lo estén. “Una de las cosas que más me obsesiona como director”, dice Álex de la Iglesia, “es la fiesta falsa, la de que todos somos felices y es todo mentira pero hay que seguir manteniendo el tipo, aplaudir y no parar de reir. Soportar una situación insostenible con la alegría de un figurante”.

El encuentro del director y el cantante, un domingo por la mañana en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, viene de lejos. De la admiración de De la Iglesia por el que considera el “Frank Sinatra español”, ídolo desde la niñez. “Mi cine tiene mucho que ver con las cosas que me obsesionan, que me enloquecen y me apasionan, también que me angustian o preocupan de mi país. Todo lo que he vivido se ve en mis películas y para explicar un montón de cosas de España necesito a Raphael”. Pues ha llegado al momento. El flechazo surgió con Balada triste de trompeta, el filme que De la Iglesia rodó hace cinco años. Entonces el realizador utilizó una actuación grabada del cantante en los años setenta para interpretar el tema que daba título al filme, sin atreverse a llamar a su autor y pedirle su participación —“Me daba terror por si me decía que no”—. Cuando Raphael vio el resultado le dijo: “Pero, ¿cómo has hecho esto sin mí?” y le propuso, medio en broma, medio en serio, que escribiera un guion pensando en él. “Es un papel absolutamente inesperado”, se carcajea De la Iglesia. “Es difícil imaginárselo en un personaje como el que he escrito para él, aceptándolo ha demostrado una gran generosidad, valentía y carácter”, añade el director, ante un rendido artista, que ya con el guion en la mano, buscó un hueco en la gira mundial de su último disco De amor y desamor. “Siento que con este papel rompo muchas convenciones. Es algo que no había hecho hasta ahora. Estoy especialmente ilusionado con hacer reír a la gente, me encanta esa idea. He hecho mucho cine pero tengo unas giras tan interminables que es difícil encontrar un hueco”. El cantante de Linares (Jaén) debutó en el cine en 1963 con Las gemelas, apenas un año después de ganar el Festival de la Canción de Benidorm. Mario Camus y Vicente Escrivá son los directores con los que Raphael ha trabajo en más ocasiones (tres películas con cada uno). La mayoría de estos títulos giraban en torno a la figura del propio cantante. Su última participación en el cine data de 1975 con Rafael es Raphael, de Antonio Isasi-Isasmendi.

Y frente a todas las incertidumbres que aparecen siempre cuando de hacer cine se trata, De la Iglesia está más seguro que nunca, al menos con la elección de este símbolo de la canción española a quien le ha ido a ver en los conciertos. Allí se ha topado con un tipo “más espectacular que nunca” y con el sentimiento “formidable” de mucha gente ante algo que forma parte de sus vidas. “Son momentos míticos que forman parte ya de una iconografía”, añade exultante. A Raphael tampoco le atenaza ningún miedo. Todo lo contrario. “¿Temores yo? Ninguno. Yo llevo poniéndome delante del público años. Mi imagen es irrompible. Lo que sí va a ser rompedor para el espectador de la película es que van a descubrir que este artista también tiene sentido del humor”. A su lado, el director suelta: “Eso es lo maravilloso. Raphael es un individuo que nos supera a todos. Lo único que puedo hacer yo es subirme al carro de un tipo como él que tiene la capacidad de contar y hacer cosas nuevas. Si quieres ser moderno en este país tienes que hacer una película con Raphael. Mientras nosotros nos estábamos haciendo los modernos, él ya estaba en los escenarios de Broadway. Creo que si este señor y yo nos divertimos vamos a conseguir que la gente se divierta. Raphael forma parte de mi vida, pero no de manera exterior, sino que es algo que está dentro de mí. Para bien o para mal, te guste o no, este hombre está dentro de cada uno de nosotros”.

Algo está cambiando en la posición beligerante que el director de El día de la bestia, La comunidad o Las brujas de Zugarramurdi ha mantenido, confiesa, con respecto al cine español clásico, el que ha conformado la generación inmediata a la suya. “Siempre he sido muy beligerante y he defendido el cine de género frente al cine de autor, la comedia frente al drama o el cine de taquilla frente al de festival. Haciendo Balada triste de trompeta, me di cuenta de que todo es mentira, de que dentro de ti existe también ese cine, de que yo no soy nadie sin el cine de Borau o Mario Camus y tantos otros. No puedo imaginar la vida sin Cria cuervos [de Carlos Saura], o sin La familia de Pascual Duarte [de Ricardo Franco]. Ahora, en este momento, lo único que puedo hacer si me encuentro con Mario Camus es darle un abrazo y rendirle mi agradecimiento. Es un tipo que forma parte de mi vida. Lo mismo me ocurre con Raphael. Son tipos increíbles. ¡Dios mío! ¡Voy a hacer una película con este hombre!”.

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“Pensé que con mi trabajo en la televisión nunca haría más cine”

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

El signo de los tiempos podría ser el alias de Álvaro Fernández Armero (Madrid, 1969). Fue uno de los faros en los años noventa, cuando con un corto (El columpio) y tres películas —Todo es mentira, Brujas y Nada en la nevera—era el creador que ilustraba en cine el día a día de una generación. Después llegaron otros tres largos, un buen documental sobre Ángel Nieto, y desde 2007, el silencio en la gran pantalla. “Me ha costado llegar hasta esta película, pero sacar esta adelante, por sí misma, no. He estado trabajando mucho, en televisión y moviendo otros proyectos”, comenta y continúa. “Vi venir la crisis, y me enganché a la televisión, donde por suerte tuve mucho trabajo. Hubo un momento en que pensé que mi inercia de la tele me impediría hacer más cine. Yo generaba proyectos de películas que no salían adelante. Me llegó también el parón televisivo, durante un año creí que mis expectativas se iban al garete... Y decidí construir con esa sensación un guion. Es curioso: ha resultado ser justo la idea que me ha sacado del pozo”. Es decir, experimentó en carne propia lo que posteriormente ha contado en el cine.

Fernández Armero sí siente que hablaba por una generación: “Sale de forma inconsciente. Es que escribo lo que veo alrededor y copio lo que escucho. Por eso ahora mis personajes tienen 40 años. Y el tiempo ha cambiado en todo. Si hubiera que hacer un remake de Todo es mentira, los protagonistas ya no tendrían 20 años sino 35, porque los jóvenes no pueden pagarse el piso, por ejemplo”. Por eso Fernández Armero habla en Las ovejas no pierden el tren de compartir pisos, de oportunidades perdidas, de la crisis del periodismo, de las dudas de tener hijos, de peterpanes eternos... Aunque de los dos hermanos del filme, Juan (Alberto San Juan) y Alberto (Raúl Arévalo, que encarna al más joven), él se siente cercano al pequeño, que para eso ambos son padres. “Es complicado educar un hijo. Das el paso de ser educado a ser el educador. Y te preguntas: ¿quién? ¿yo? Sí todavía tengo 15 años... pero con canas”.

En Las ovejas no pierden el tren se habla de periodismo, “porque si fueran cineastas sería más aburrido”. Y explica: “Ambas profesiones sufren problemas similares. Puedo traspasar lo que sé de una a la otra. Trabajos eventuales, la misma desvirtualización de su labor...”. Algo sí ha cambiado en su cine: los personajes son de muy diversas generaciones. “He abierto el abanico, porque arranqué la historia con amigos de 40 años y pronto me di cuenta al escribir que los cuarenta ya no son como los de antes —y la crisis gorda es a los cincuenta— y que la crisis económica ha removido los estratos de edad y nos ha igualado: todos tenemos los mismos miedos”. El cineasta sigue olisqueando España. “Eso sí, soy optimista”.

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Unas gotas de Michael Mann

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

A las películas de Michael Mann siempre les ha bastado con Michael Mann. Más allá de la debilidad de algunos guiones (Ali, Corrupción en Miami), el talento del director acababa conformando obras de irresistible poder visual, de esperanzadora búsqueda de los mecanismos de representación de la violencia, física y mental. Y si además había un gran guion detrás (Heat, El dilema, Collateral...), las películas sensacionales, esas que el tiempo puede convertir en obras maestras, iban apareciendo sin remedio. Pero el esquelético guión de Blackhat,del debutante Morgan Davis Foehl, alrededor del terrorismo cibernético como nueva forma de guerra del siglo XXI, no hay quien lo levante más allá de unos esporádicos chispazos de genio. Es la tumba habitual de los artistas de la cámara que no escriben, que necesitan libretos a la altura de su brío, o al menos con posibilidades, y eso a veces no se encuentra.

De todos modos, en los últimos trabajos de Mann se nota una querencia cada vez mayor por el minimalismo temático, como si el director de Ladrón prefiriese el reto al triunfo. Algo de eso había ya en su penúltimo trabajo, Luck, la serie creada por David Milch de la que Mann dirigió el magnífico episodio piloto. Magnífico por Mann, porque la serie se fue despeñando poco a poco entre lo árido, lo farragoso y lo directamente anoréxico. Como Blackhat, con un infumable arranque que intenta representar un flujo de datos informáticos malignos, su primera losa, y que sólo se sostiene durante esas coreografías del disparo del director, entre el espectáculo, el dolor y la lírica, o esas ceremonias nocturnas visualizadas en digital, con la inimitable textura de un poeta de la profundidad de campo que, por esta vez, se ha fiado demasiado de sí mismo.

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La buena memoria

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

“Hay actores que se mueren y nadie se entera de ello, ni siquiera los compañeros o los amigos”, se lamentaba Manuel Zarzo en una entrevista en televisión al saber de la muerte de un colega: “La prensa sólo habla de los que son famosos; este país no suele tener respeto a nuestra profesión”, concluía entristecido. Y con cierta razón. Cada año, en el recuerdo a los fallecidos que se hace en la ceremonia de los Goya suele producirse más de una sorpresa ya que hay quienes han desaparecido sin haber tenido eco alguno o suficiente en los medios de prensa.

Entre otros será este año el caso de Germán Cobos, galán y buen actor que intervino en más de cien películas luciendo su palmito, casi siempre en papeles de reparto aunque también como protagonista. Demostró sus dotes de buen intérprete en películas de Carlos Saura, Pedro Almodóvar, Pedro Olea, Manuel Gómez Pereira, José Luis Cuerda, Enrique Urbizu, y Jaime Camino, entre muchos otros directores de talento. También intervino en películas baratas en los años cincuenta y sesenta, aquellas en las que incluso el sueldo de los actores dependía de la categoría con la que el ministerio clasificara la película, como él mismo recordaba. Y en coproducciones con Italia, Francia o México…

Hubo un tiempo en que la SGAE grababa con los cineastas largas entrevistas para sus archivos, y algunas son memorables. Pero por la razón que fuera se dejaron de hacer. Germán Cobos hubiera tenido cosas interesantes que contarnos al igual que otra mucha gente del cine que se nos van yendo sin haber dejado testimonio de sus experiencias. Al dolor de su pérdida se une la ausencia de sus memorias, tan necesarias en este país tan olvidadizo. Con sus muertes desaparece parte de la historia del cine español que nadie podrá ya reemplazar. Y quien dice historia del cine español dice Historia a secas.

La SGAE, las academias de cine, las diversas filmotecas, las asociaciones profesionales, las teles… ¿No podrían invertir parte de su tiempo en recabar recuerdos de las gentes del cine y formar entre todos un archivo histórico que conserve nuestra memoria? Si lo están haciendo, no se sabe, y si lo hicieron permanece oculto. Este país nuestro es como es…

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Jake Gyllenhaal, un coyote hambriento de buen cine

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

En 2013 Jake Gyllenhaal estrenó Prisioneros y Enemy. Dos películas, dirigidas por Denis Villeneuve, que confirmaban que su intenso papel en el drama policial Sin tregua el año anterior no había sido sólo un pequeño desvío en su carrera, sino que eran el camino definitivo que quería seguir después del batacazo de Prince of Persia. “Ni se lo mencionéis”, bromeaba Villeneuve sobre su actor. “Es consciente de que no fue bueno para él… Jake ha crecido en esta gran maquinaria, intentando sobrevivir; pero ahora es un hombre, puede tomar sus propias decisiones y espero que le dejen demostrar el gran actor que es”.

Gyllenhaal, hijo de una guionista y un director, hermano pequeño de la actriz Maggie Gyllenhaal, ha decidido elegir sólo proyectos que le hagan crecer. Y Nightcrawler, ópera prima del guionista Dan Gilroy (hermano de Tony Gilroy, productor del filme junto a Gyllenhaal), es un paso más en esta decisión firme del actor a dar una vuelta a su carrera. “Llevo tres años seguidos viniendo a este festival con películas de las que me siento muy orgulloso y por eso estoy aprendiendo a aceptar los halagos ”, decía en el pasado festival de Toronto, donde presentó la película y empezaron las críticas positivas por su transformación en un cazador de noticias macabras en la noche de Los Ángeles, un sociópata sin escrúpulos y sediento de éxito que captura y vende imágenes de sangre, intimidad y dramas humanos a una televisión.

“Yo no le veo como un sociópata”, corre a decir el actor. “No puedes interpretar a alguien pensando en lo malvado que es. Yo le veo como a un artista, alguien que intenta buscar su camino, alguien al que el destino le ha dado su oportunidad. La película es el nacimiento de un artista, así lo entendí mientras me preparaba”.

En esta nueva etapa de su carrera, Gyllenhaal se ha dado cuenta de que el proceso para convertirse en el personaje es más importante que el resultado. Por eso se pasó cuatro meses preparándose para este papel. “Cuando estaba aquí el año pasado, no comía, repetía mis diálogos una y otra vez entre entrevista y entrevista, porque sabía que la única manera de que pudiéramos rodar Nightcrawler en 25 días era que el personaje se me calara hasta los huesos”, explica y asegura que aún no lo ha soltado del todo y le ha cambiado para siempre.

“Cada personaje que he interpretado recientemente ha tenido un efecto en mí y lo mismo me ha pasado con Lou. Estuve en lugares muy aislados y muy extraños para ser él. Ahora sé que quería interpretar este personaje porque hay una parte de mí que le entiende. La interpretación es una profesión inmadura y egoísta. Pero también puede generar empatía, aunque no fueras capaz de hacer lo que alguien hace, lo entiendes. Y creo que es lo mejor de ser actor”.

La empatía por este personaje se le despertó cuando dio con la clave de su personalidad. “Lou es un coyote”, exclama, como le soltó a Dan Gilroy en mitad de un paseo por Los Ángeles. “Al contrario que otras metrópolis, Los Ángeles está rodeada de desierto y hay animales salvajes, sobre todo coyotes que acechan en las sombras y cuando te cruzas con uno te miran como si fueran a comerte, su técnica consiste en cazar al desesperado. Intenté convertirme en uno. Y por eso empecé a ir corriendo al set. Aunque estuviera a 20 kilómetros de distancia. Hubo días que llegaba al set corriendo, me ponía el vestuario, ni me duchaba y entraba a rodar. Y no comía”.

Además, igual que con Sin tregua y Prisioneros pasó tiempo con policías, para Nightcrawler conoció a cazadores de noticias reales. “Nos pasamos noches enteras con ellos, dando vueltas por Los Ángeles, escuchando las radios policiales, esperando, esperando, hasta que saltaba algo, nos íbamos hasta el lugar, lo grababan, lo editaban y lo mandaban”, cuenta. Esas imágenes que capturaban de accidentes o crímenes se las vendían al mejor postor, que en la película es una directora de informativos, interpretada por Rene Russo, con menos escrúpulos que su camarógrafo.

Un intercambio de información y poder a través del cual Gilroy no sólo retrata en Nightcrawler la obsesión enfermiza del personaje de Gyllenhaal por la fama –algo que el actor dice entender “habiendo crecido en EE UU y el capitalismo”–, sino que además plantea la falta de ética y la manipulación actual en los medios de comunicación. “Yo iría más lejos, creo que lo que ocurre en los medios ahora es que provocan algo dentro de nosotros que nos hace ir más despacio cuando pasamos por delante de un accidente o pinchar en un vídeo angustioso; aunque nos parezca terrible, nos interesa”, dice Gyllenhaal. “Lo que creo es que Lou es un tipo al que le da el poder el personaje de Rene. Y a Rene se lo dan los capos de su televisión, que a su vez están autorizados por nosotros. Lou es un producto creado por nosotros. Mucha gente no lo verá así, pero lo es. Así es como lo veo”.

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Los platos fuertes de los Goya

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

LA ISLA MÍNIMA

Dirección: Alberto Rodríguez.

Intérpretes: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre, Nerea Barros, Jesús Castro, Mercedes León.

Género: thriller.

Distribuidora: Warner.

España, 1980. Dos policías llegan a las marismas de Guadalquivir para investigar la desaparición de dos hermanas adolescentes. El caso crece, la fauna humana de la zona enturbia el caso, la película deviene en una inmersión en aquella España bisagra entre el franquismo y la democracia. Alberto Rodríguez sigue en su escalada hacia la excelencia, porque no tiene ni una película mala en su carrera. Son solo dos palabras: obra maestra. Y que digan.

PACO DE LUCÍA: LA BÚSQUEDA

Dirección: Curro Sánchez Varela.

Género: documental biográfico.

Distribuidora: Innercia.

Paco de Lucía: la búsqueda es el brillante retrato de la vida musical de uno de los más grandes guitarristas de la historia. Encima, está dirigido por su hijo, Curro Sánchez Varela. que cuando falleció su padre estaba justo en mitad de este filme “El dolor era tan grande que no me atreví a retomar la historia. Sentí un impulso y me encerré a editar lo filmado. Así recuperé a mi padre”. El filme triunfa en sus dos vertientes: contar la peripecia del genio y sus apuestas artísticas y emocionar musicalmente a sus fans más irredentos. Hay que reconocer que Sánchez Varela saca sobresaliente en su debut.

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Rendidos a la falsa pureza

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

Al cineasta más insospechado le puede entrar la fiebre del cine puro: el impulso de despojarse de lo accesorio y encontrar la elocuencia a través de, pongamos, la desnuda relación entre figura y paisaje. J. C. Chandor satisfizo ese impulso de forma proverbialmente honesta en Cuando todo está perdido (2013), una de esas películas tan irreprochables como antipáticas, dirigidas a un espectador capaz de extraer placer al comprobar cómo el cineasta y su estrella, Robert Redford, lograban no meter la pata ni en una sola secuencia de su metraje. Algunos años antes, Robert Zemeckis había tanteado ese territorio ciñéndose un corsé mucho más laxo en Náufrago (2000), película que tan sólo jugaba a simular esas reglas (austeras) del juego para seguir ejercitando el barroquismo marca de la casa. 127 horas (2010), de Danny Boyle, y ahora esta Alma salvaje, de Jean-Marc Vallé, llevan el contraste entre intenciones, estrategias y resultados al terreno del chiste paradójico.

Basada en el libro autobiográfico de Cheryl Strayed, Alma salvaje es la crónica del camino de redención, tras una deriva autodestructiva de sexo y drogas, emprendido por la protagonista a través de las 1.100 millas del Sendero de la Cresta del Pacífico. Whiterspoon se entrega y uno puede entender incluso la secreta coherencia entre Dallas Buyers Club y este trabajo, pero Alma salvaje es el tipo de película donde cualquier detalle activa explícitos y pirotécnicos flashbacks, que convierten el pasado del personaje en carnaza para el sensacionalismo de videoclip.

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Compromiso y verdad

Cultura ElPaís - Hace 14 horas 49 mins

Conocí a Amparo Baró en Agosto,de Tracy Letts, en el CDN. Volvía al teatro después de muchos años y tras decirme que no tres veces seguidas. Le mandé el texto y se enamoró de él. Contaba los días para ponerse a ensayar, preocupada por el más mínimo detalle de la producción. Desde los primeros ensayos, poco a poco, fue tomando cuerpo su manera de trabajar. Y de repente, como en un destello inesperado, apareció sobre el escenario la actriz de raza que es. Todo su potencial dramático, toda su capacidad de riesgo, su comicidad apabullante, su entrega sin límites, su originalidad y su necesidad casi obsesiva de perfección. Pero no desde la histeria egocéntrica de los actores enfermos de vanidad, sino desde la naturalidad, algo que surgía sencillamente del propio trabajo y que teñía toda su actividad de una manera silenciosa, cómplice y cercana. Todo lo hacía fácil para los compañeros y para el equipo. Amparo es una actriz a la que yo definiría con una palabra clave que la ha acompañado siempre en su larga trayectoria profesional: compromiso. Compromiso con la propuesta escénica y con el elenco junto al que trabaja.

El trabajo cotidiano en un escenario es para ella sinónimo de rigor, de versatilidad, de oficio y de una pasión arrolladora por una profesión a la que ha dedicado toda una vida. Y, por encima de todo, con una imaginación y un talento extraordinarios.

Pertenece a una generación de actores y actrices irrepetible, que aprendió desde muy joven abriéndose paso en los escenarios, asumiendo poco a poco personajes de mayor responsabilidad, hasta llegar a conformar una brillante galería de primeros actores que se han convertido en referentes.

Amparo también sorprende, asombra, inquieta, y ahí radica su extraordinaria modernidad. Cuando crees que ya tiene todo el personaje diseñado, comprendido, estudiado, llega un día en el que empieza a sentirse libre y comienza a volar. Ahí es cuando el personaje crece, y el espectáculo con él, y empiezas a ver en el escenario esa enorme imaginación, esa necesidad de arriesgar continuamente y esa contemporaneidad que la acercan al espectador y que la han hecho formar parte ya de la memoria colectiva.

Eso fue lo que sucedió en Agosto, su última aparición sobre los escenarios, un trabajo en el que cristalizaron todas estas virtudes de una manera brutal, potenciadas también por su relación con una compañía extraordinaria y su mano a mano con otra actriz enorme, su gran amiga Carmen Machi. No puede haber mayor placer para un director que ver a estas dos grandes derrochando talento día a día y en permanente estado de gracia. Dejándose la piel, como si fuese el único personaje que han de interpretar en su vida.

Disculpen que hable de ella en presente. Me resulta insoportable aceptar que Amparo se ha ido. Y sí, Amparo Baró se nos ha ido a todos. Pero estoy seguro de que estará en otro lugar buscando cualquier excusa para subirse a un escenario, para fumarse un pitillo a escondidas, para sentir el amor de sus compañeros y poder seguir demostrando que el trabajo no es más que buscar la verdad con pasión, lanzarse al vacío como si fuese la primera y la última vez. Y también estoy seguro de que Amparo Baró es ya una luz, una luz cegadora y caliente que iluminará nuestros escenarios y las vidas de sus amigos para siempre.

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“México no es que me duela; me da vergüenza”

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 23:35

La escritora mexicana Elena Poniatowska (París, 1932), una de las voces más críticas del México trágico, y a la vez mágico y querido, de nuestros días, se dio ayer un baño de masas en un acto organizado por la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, preludio del doctorado honoris causa que hoy le entregará la institución. “Estoy muy emocionada”, dijo la autora.

Tras el homenaje en el que hubo representación teatral y debate, decenas de estudiantes esperaron pacientemente para que la autora de La noche de Tlatelolco (1971) les firmara un ejemplar del libro que, inencontrable en España, acaba de publicar en una edición especial la propia Universidad en colaboración con la editorial Escolar y mayo. Incluso accedió a ponerse un pin en forma de triángulo rojo, la identificación de los republicanos españoles en los campos de concentración nazis, que le entregó una alumna cuyos familiares estuvieron en Mauthausen. En las paredes de la facultad y en el salón de actos donde tuvo lugar el encuentro, había carteles con los rostros de los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa asesinados el pasado 26 de septiembre en Iguala (Estado de Guerrero) a manos de los sicarios del narco tras ser confundidos con miembros de un cartel rival, según la versión oficial del Gobierno mexicano.

A sus casi 83 años, la escritora y periodista (“periodista ante todo, siempre lo digo, y lo voy a ser toda la vida”, recalca) va rejuveneciendo décadas a medida que habla hasta que asoma el joven rostro de aquella informadora que denunció la matanza por orden del Gobierno del PRI de decenas de estudiantes (aún se desconoce el número) en la Plaza de Tlatelolco en 1968, uno de los capítulos más duros de la historia mexicana hasta la masacre de Iguala.

No solo son joviales sus ojos, sino su risa de niña, su ironía y su sentido del humor en el que canta verdades, salpicadas por el colorista y creativo español de México. Su vitalidad es tal que en una comida posterior al acto, dio cuenta de una paella y dos vasos de vino tinto, mientras desgranaba maldades contra algunos escritores contemporáneos y seguía firmando libros. “España me da puras maravillas” dijo, refiriéndose a un galardón, el primero que le concede una institución académica española, que se suma al Premio Cervantes 2013, al Premio Alfaguara 2001, a la Legión de Honor francesa o al Mary Moors Cabot de Periodismo de la Universidad de Columbia, entre otros muchos. “En México hemos sentido en estos últimos tiempos el calor con que nos mira España”.

Firmemente comprometida con la causa de los derechos humanos, la autora de biografías como Tinísima o Leonora ve un paralelismo entre los sucesos de Tlatelolco e Iguala y arremetió contra el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

“El Gobierno se tardó mucho en la investigación, lo que demuestra que México es un país racista porque eran estudiantes pobres y los pobres tienen pocas oportunidades y los ricos, muchas porque existe una enorme impunidad”, aseguró. “El presidente, su esposa y hasta el ministro de Economía se han comprado casas a precios millonarios que para sí quisieran muchos actores de Hollywood. No sé cómo Meryl Streep no se viene a México. Se comportan como si fueran Luis XIV o los dictadores Duvalier de Haití. Me da la patada. No es que me duela México, es que me da vergüenza”.

Infatigable (“yo no me cansé”, dijo, en un juego de palabras con el lema Ya me cansé que inundó las redes sociales y las calles mexicanas después de que el procurador general Jesús Murillo Karam, manifestara refiriéndose al caso Iguala: “Ya me cansé”), Poniatowska afirmó que no hay nada como la indignación “para mantenerte encendido como una llamarada y voy a seguir indignada. Ojalá se sepa la verdad algún día”.

Secretaria de Cultura

Firme partidaria de Andrés Manuel López Obrador, líder carismático de la izquierda mexicana y ahora dirigente de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), que llegó a proponerla en las últimas elecciones como secretaria de Cultura (“un cargo para el que no valía porque soy desorganizada”), Poniatowska mira con simpatía a Podemos (“me hace gracia el de la coleta, aunque no conozco la política española, y más los griegos de Syriza”).

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Katsuhiro Otomo, padre de ‘Akira’, gana el Gran Premio de Angulema

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 21:05

El artista japonés Katsuhiro Otomo, creador de la serie Akira, ganó hoy el Gran Premio de la 42 edición del Festival Internacional del Cómic de Angulema, lo que supone la apertura del festival del noveno arte más importante de Europa a la escuela nipona del manga.

El artista japonés Katsuhiro Otomo, creador de la serie Akira, ganó hoy el Gran Premio de la 42 edición del Festival Internacional del Cómic de Angulema, lo que supone la apertura del festival del noveno arte más importante de Europa a la escuela nipona del manga.

Otomo (Tome, 1954), primer autor asiático en recibir el mayor honor de Angulema, se impuso al británico Alan Moore, guionista de la serie Watchmen y V de Vendetta, y al belga Hermann Huppen autor de álbumes como Comanche o Manhattan Beach 1957.

El fallo del premio en la primera jornada del festival coincidió con la entrega simbólica de un Premio Especial de homenaje a los miembros de la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo, víctima de un mortal atentado terrorista en París a inicios de enero.

Akira, obra maestra del laureado, es una saga postnuclear publicada entre 1982 y 1989 que se desarrolla en un Tokio postmoderno, violento y corrompido en el año 2030 y que contribuyó a popularizar el manga en Europa, en los años noventa del pasado siglo.

"La fresca desmesura de Akira fascina no solo por su tema, sus personajes, sus ambientes y su gusto omnipresente por el dibujo, sino también por su excepcional exigencia estética, que la convirtió casi instantáneamente, desde su publicación, en una obra de culto del noveno arte. Su influencia es considerable en el mundo entero", resumieron los organizadores del festival.

Otomo, que en 2005 fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras de Francia y ha ganado cinco veces el Premio Harvey por Akira, adaptó su popular serie de más de dos mil páginas de tebeos al cine de animación en 1988 con título homónimo y también ha llevado a la gran pantalla trabajos como Steamboy o Mushishi.

Sucede en el palmarés de Angulema a Bill Watterson, premiado en la pasada edición por la ingeniosa tira cómica Calvin y Hobbes, que entre 1985 y 1995 daba cuenta de las aventuras de un niño y su sarcástico tigre de peluche.

En 2012, el también japonés Akira Toriyama y padre de Dragon Ball recibió el Premio Especial del 40 aniversario del certamen de cómic más importante de Europa, aunque fue el holandés e historietista de prensa Willem quien se llevó el codiciado Gran Premio.

Aquella decisión creó polémica y por eso el reconocimiento a Otomo representa la apertura definitiva de Angulema hacia las historietas de factura nipona, una de las grandes escuelas de cómic, junto con la estadounidense y la franco-belga, todas ellas convenientemente representadas en los finalistas de la presente edición del festival.

Quizá por eso anunció el premio el también japonés Jiro Taniguchi, autor de La montaña mágica o El rastreador y objeto de una muestra retrospectiva en la presente edición del Festival Internacional del Cómic de Angulema titulada El hombre que sueña.

También hoy se entregó el Gran Premio ACBD de la Crítica en Francia a los españoles Antonio Altarriba y Keko (José Antonio Godoy Cazorla) por el cómic Yo, asesino, una reflexión en blanco, negro y rojo sobre el arte de la muerte.

El resto de los galardones de envergadura del certamen, entre ellos el nuevo premio Charlie Hebdo consagrado a la libertad de expresión y el reconocimiento al mejor álbum del año, se entregarán el próximo domingo, cuando se clausure un festival que se espera visiten unas 200.000 personas.

No obstante, el ataque yihadista contra Charlie Hebdo ha enrarecido la presente edición del certamen, que se vuelca en homenajes al maltrecho "periódico irresponsable" entre robustas medidas de seguridad mientras intenta no perder su espíritu festivo.

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El PSOE llevará la Ley de Propiedad Intelectual ante el Constitucional

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 20:45

El PSOE recurrirá el próximo miércoles la Ley de Propiedad Intelectual ante el Tribunal Constitucional. Tras votar en contra del texto durante toda su tramitación y ver cómo el PP sacaba adelante la reforma en solitario, gracias a su mayoría absoluta, los socialistas han decidido ahora continuar con su oposición por otra vía: consideran directamente que la ley, que entró en vigor este mes de enero, tiene al menos tres aspectos contrarios a la Carta Magna, tal y como adelantó la cadena SER.

El propio secretario general, Pedro Sánchez, entregará el recurso al Constitucional, según precisó a EL PAÍS el secretario de Cultura del PSOE, Ibán García del Blanco. De hecho, el partido espera que creadores y asociaciones culturales se sumen al acto, para aumentar su valor simbólico.

García del Blanco explica que hay muchos puntos de la ley a los que el PSOE se opone pero que tres en concreto estarían en desacuerdo con la Constitución. Ante todo, la nueva compensación por copia privada con cargo a los Presupuestos del Estado, que sustituyó al canon digital. Según el PSOE, el hecho de que la cantidad destinada a los autores se deje a la discrecionalidad del Gobierno, sin referencia a criterios para calcularla, y dentro de la disponibilidad que ofrezcan cada año los Presupuestos, choca con el derecho de los creadores a recibir una compensación que corresponda al valor de sus bienes. Con el nuevo sistema, la cantidad pasó de 115 millones a los cinco que las entidades recibieron en cada uno de los últimos dos años.

La duda del PSOE es parecida a la que llevó el Supremo a enviar dos preguntas al Tribunal de Justicia de la Unión Europea respecto a la nueva Ley de Propiedad Intelectual. El Supremo quiere saber ante todo si es coherente con las normativas europeas que la compensación corra a cargo de los Presupuestos del Estado, es decir, que la paguemos entre todos. Pero también –y aquí el criterio se parece al del PSOE- si es aceptable que la cantidad destinada a compensar la copia privada, “aun siendo calculada con base en el perjuicio causado, deba fijarse dentro de los límites presupuestarios establecidos para cada ejercicio”.

El segundo punto que critica el PSOE es la llamada ventanilla única. Básicamente, la ley establece que las entidades de gestión han de crear un órgano común al que pueda acudir cualquier usuario (hotel, bar, televisión, discoteca, etc.) que tenga que pagar por los derechos de autor. Sin embargo, García del Blanco considera que esto “conculca el derecho de libre asociación, ya que nadie puede obligar a nadie a asociarse”.

Finalmente, el PSOE se opone también al arbitraje que la ley establece en el caso de peleas entre usuarios y entidades sobre las tarifas. García del Blanco opina que la obligación de recurrir a un laudo va en contra de la tutela judicial y de la posibilidad de que ambos lados quieran acudir directamente a los tribunales.

El plazo para el recurso vence el próximo 5 de febrero, de ahí que el miércoles sea el penúltimo día útil para presentarlo. ¿Por qué el PSOE ha apurado tanto? "Queríamos estar seguros de presentar un recurso riguroso, que fuera admitido a trámite", relata García del Blanco. En cuanto a los tiempos, los socialistas calculan unos pocos meses para saber si el recurso sigue adelante. La sentencia llegaría, eso sí, en un par de años.

En caso de que el recurso prospere, el Constitucional será el enésimo organismo llamado a opinar sobre la Ley de Propiedad Intelectual. Primero, el Consejo de Estado expresó sus dudas respecto el anteproyecto, que tachó de “desigual”. Luego, la Comisión Nacional de Competencia criticó entre otros aspectos el “derecho irrenunciable” que la ley establece para los periódicos a recibir un pago por parte de los agregadores de noticias, como Google News, que usaran fragmentos de sus artículos. Finalmente, el Supremo también se sumó a los escépticos.

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Fallece Collen McCullough, autora de ‘El pájaro espino’

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 19:46

La novelista australiana Collen McCullough, que en 1977 saltó a la fama por su obra El pájaro espino, ha fallecido este jueves a los 77 años de edad en un hospital de la isla de Norfolk. También fue autora de novela histórica. Toda su obra suma 25 libros.

McCullough (Wellington, 1 de junio de 1937-Norfolk, 29 de enero de 2015) trabajó como neurocientífica en los Estados Unidos antes de dedicarse a escribir a tiempo completo. La saga romántica entre un sacerdote y una mujer, que a comienzos de los años ochenta fue adaptada como una miniserie de televisión, ha vendido treinta millones de ejemplares en todo el mundo. La miniserie fue protagonizada por Richard Chamberlain, como el sacerdote Ralph de Bricassart, y Rachel Ward, la hija de un granjero de la que se enamora el cura.

McCullough nació en Wellington y vivió en la isla de Norfolk, donde se casó y pasó la mayor parte de los últimos cuarenta años. Trabajó como neurocientífica en el Great Ormond Street Hospital de Londres antes de mudarse a los Estados Unidos como profesor e investigador en neurología en Yale donde escribió sus dos primeras novelas. Su primera obra fue Tim (1974), sobre el romance de una mujer de mediana edad con un discapacitado intelectual, fue llevada también al cine en una película protagonizada por Piper Laurie y Mel Gibson. Luego publicó El pájaro espino en 1977.

Pero McCollough no solo escribió novelas de amor, en 1990 cambia de género e inicia la saga A Creed of the Third Millennium publicada entre principios de la década de los noventa y el año 2007 sobre los emperadores romanos.

Su última novela Bittersweet fue publicada en 2013. En España, Ediciones B ha anunciado que el 15 de abril publicará esta novela bajo el título de Agridulce. Según la editorial, el libro supone el regreso de McCullough a la novela épica y romántica ambientada en Australia, "escenario de su obra más famosa".

Shona Marty, editora de HarperCollins, ha recordado que "fue una de las primeras escritoras australianas en tener éxito en el escenario mundial".

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Amparo Baró, una intérprete completa

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 16:37

La actriz Amparo Baró ha fallecido hoy en Madrid a los 77 años, víctima de un cáncer. Aunque se conocía desde hace tiempo su enfermedad la noticia ha conmocionado al mundo del teatro y el cine españoles. Y a los espectadores, que habían quedado seducidos con su vitalidad y buen humor a través de las interpretaciones de personajes populares en televisión, especialmente la Sole de la serie 7 vidas, emitida a lo largo de siete años. Pero la carrera de Amparo Baró fue mucho más rica, amplia y diversa.

Nacida en Barcelona en plena guerra civil, inició a los 18 años la carrera de Filosofía y Letras que pronto abandonó, abducida como estaba por el teatro, que practicaba en grupos de aficionados. Hasta que la “descubrió” Adolfo Marsillach, que en Barcelona había establecido su propia compañía, y le dio en 1958 un pequeñísimo papel en Café del Liceo, de Jaime de Armiñán, en la que ella no hablaba hasta el final de la obra preguntándole simplemente al novio si la quería. Y bajaba el telón. “Era jovencísima y muy inteligente”, escribió Marsillach de ella en sus Memorias. Inteligente, sin duda, ya que, como en tantas leyendas del teatro, se sabía de memoria el papel de la primera actriz, en este caso Amparo Soler Leal, siendo capaz de sustituirla cuando ésta cayó enferma. El espectáculo debía seguir y Amparo Baró continuó con gran éxito las representaciones de El invisible Harvey, de Mary Chase, premio Pulitzer de 1945.

A partir de entonces, Amparo Baró no dejó de trabajar. Su versatilidad como actriz la hicieron apta para cualquier personaje aunque su contagiosa vis cómica la inclinaba a la comedia. Sin duda también su físico. Era menudita y no tan guapa como se requería entonces, especialmente en el cine, donde comenzó a aparecer pronto en pequeños papeles de reparto. Aunque nunca tuvo personajes protagónicos en la gran pantalla intervino en una treintena de películas –la primera Rapsodia de sangre (1957), de Antonio Isasi, y la última, Maktub (2011) de Pedro Arango, por cuyo trabajo obtuvo el premio de la Unión de Actores. Entre esas películas actuó prácticamente en todas las dirigidas por Jaime de Armiñán. Con este director y guionista inició también sus colaboraciones en televisión (Galería de maridos, en 1959, teniendo a Adolfo Marsillach como oponente en el reparto), y continuó con Armiñán en Chicas en la ciudad (1961), entre otras. La televisión fue su mundo. Antes de las series que la hicieron popular en los últimos años (la ya citada 7 vidas, El internado. Tio Willy, El club de la comedia…), Amparo Baró fue asidua en los repartos de Estudio 1, Fábulas, Primera fila, Novela, espacios que durante las décadas de los sesenta y setenta adaptaban a la tele conocidas obras de teatro o la literatura.

Para ella la televisión y el teatro eran preferibles al cine. Inolvidables fueron, por citar sólo unos títulos, sus actuaciones en La calumnia, de Lillian Hellman, Casa de muñecas, de Ibsen, Los buenos días perdidos, de Antonio Gala, Las bacantes, de Eurípides, o Agosto, de Tracy Letts, que fue hace dos años su última aparición en escena. En ella compartía titulares con Carmen Machi en los personajes que más tarde hicieron para el cine Meryl Streep y Julia Roberts. El brío de la interpretación de Amparo Baró le valió el premio Max a la mejor actriz protagonista así como el premio Nacional de Teatro Pepe Isbert. Es imposible reseñar los incontables premios que recibió, entre ellos el Goya a la mejor actriz de reparto de 2007 por Siete mesas de billar francés, película de Gracia Querejeta.

Amparo Baró fue de esas actrices versátiles y sensibles, de esas personas fuertes y sabias, que es difícil no admirar y querer.

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El veneno del teatro prendió hace tiempo en Vargas Llosa

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 14:49

Mario Vargas Llosa tiene 78 años y más premios de los que caben en un programa de teatro. Entre esos premios hay uno que la gente no conoce: se lo dio la naturaleza y se llama entusiasmo. El entusiasmo hace a las personas entrañables y contumaces; les sirve para olvidarse del tiempo y también de la edad; se miran al espejo y ven en ese amable o perverso refractario al chiquillo que un día tuvo una ilusión, y aún sigue intentando cumplir.

En el caso de Mario Vargas Llosa, el muchacho que a los diez años debió abandonar lo que él creía que era el paraíso y encontró a su padre, la primera ilusión, el impulso de su entusiasmo, fue la poesía; antes de esa edad ya había abrazado la literatura, el arte de contar; un día dijo que se puso a escribir “para escapar de la pena”. Y vivió ese entusiasmo incluso a través del infierno, pues el descubrimiento de su padre fue una amarga contradicción con la serenidad en la que había vivido mientras, junto a su madre, era consciente de ser un huérfano feliz.

Ha sido toda su vida, desde entonces, un hombre que fabulaba, y sigue fabulando; la tesis principal de esta adaptación tan suya del Decamerón que ahora somete a la crítica del público en el Español de Madrid es que la ficción nos salva hasta de la peste. Nos salva de la pena, sin duda; todos esos cuentos con los que Vargas prolonga los cuentos de Bocaccio tienen como raíz la alegría (o la pena) y desembocan en su contrario.

Por ejemplo, el cuento en el que es un halcón el protagonista inconsciente del origen de una felicidad contrariada produce no sólo la pena de la que habla Mario sino la constancia de que uno está en la vida para que el azar se convierta en desgracia. Claro, todas esas cosas tienen que ver con la literatura, con el teatro, con la manera de hacer de Joan Ollé, el director de escena, con Aitana Sánchez Gijón, con Pedro Casablanc, con Marta Poveda, con Óscar de la Fuente…, pero ese trabajo cierto que es el teatro tiene sus misterios que desentrañan los críticos, y que ahora el nuevo actor, Vargas Llosa, leerá ávidamente seguro que para seguir aprendiendo como aquel muchacho que leía a Neruda en las oscuridades de su cuarto.

De lo que yo quería hablar, y es lo que hago de inmediato, es de esa pasión sin refugio que tiene Vargas Llosa por el teatro; lo ha escrito, lo ha visto desde abajo, lo ha intentado alguna vez (en el cine, en el teatro, ha sido dizque actor..., hasta ahora), pero nunca se había atrevido a tanto. Dirán lo que tengan que decir quienes lo han visto y quienes lo verán, pero hay algo que es incuestionable: este es su homenaje al teatro, un veneno tan potente que le ha puesto (cómo él mismo ha dicho) en el rigor del ridículo. Él ha afrontado esa eventualidad con el vigor de un muchacho y le ha dado, con el ejercicio de ese entusiasmo, un enorme reconocimiento de respeto al teatro, su pasión.

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Sus mejores momentos en cine, teatro y televisión

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 14:13

La actriz Amparo Baró (Barcelona, 1937) ha muerto este jueves a los 77 años. La dama del teatro que llevaba más de 50 años sobre las tablas, resurgió en el imaginario de las nuevas generaciones gracias a la televisión, donde repartió collejas con su Sole de 7 Vidas y puso orden en El Internado, pero su legado llega mucho más allá. 

La actriz protagonizó hasta una docena de Estudio 1, el mítico programa de TVE donde el teatro se convertía en televisión. Solo unos meses después de su estreno, Baró, conocida por su altura y su voz, apareció en 50 años de felicidad, en 1966. Una pasión que mantuvo hasta 1984, cuando protagonizó El Sombrero de copa de Vital Aza. Tres sombreros de copa de Miguel Mihura y Cuatro corazones con freno y marcha atrás de Enrique Jardiel Poncela fueron otros de sus papeles destacados.

La comedia 7 Vidas la recuperó para los jóvenes nacidos en los ochenta y noventa. Soledad Huete devolvió al lenguaje la palabra colleja, que repartió a diestro y siniestro a Javier Cámara, Florentino Fernández (su hijo del que nunca antes se había hablado), Toni Cantó, Blanca Portillo, Carmen Machi, Guillermo Toledo y Paz Vega. Bajo sus golpes se forjó una generación de actores. Recibir sus tortazos se convirtió en honor.

Baró fue una cara presente en televisión durante toda su vida. De la serie de antologías Confesiones de Jaime de Armiñán, que protagonizó desde 1964 a 1965, a su aparición especial en la efímera Los Quién, que le reunió con Javier Cámara, su hijo en 7 Vidas. Incluso Farmacia de Guardia, la cocina de Con las manos en la masa y Un, dos, tres requirieron su fuerte carácter interpretativo y su pasión en algún momento. Era de nuevo Armiñán quien escribía su monólogo para el programa de Chico Ibáñez Serrador. Con el escritor y director colaboró en otras cuatro películas.

Aunque su vis cómica es algo que se destapó en su última época, la televisión supo sacarle provecho. Baró fue una de los presentadores elegidas por Tele 5 para su versión de Saturday Night Live e interpretó hasta monólogos cómicos en las diversas encarnaciones de El Club de la Comedia.

Si 7 Vidas debía mucho a la serie estadounidense Friends, Juntas pero no revueltas (1996) se basaba directamente en Las Chicas de Oro. La versión de la sitcom sobre un grupo de amigas sexagenarias fue uno de los fracasos más sonados de la televisión de los noventa. Una prueba para Baró que no prosperó. Pocos podían augurar entonces que el género le volvería a dar la fama.

El premio Pulitzer Agosto (Condado de Osage), de Tracy Letts, dio a Baró sus últimas alegrías teatrales. Un premio Max y una nominación a los Valle Inclán por un papel que la reunió con Carmen Machi sobre los escenarios y que meses más tarde interpretaría en cine Meryl Streep. Los premios no eran la tónica habitual de una carrera plagada por papeles secundarios, aunque en 2013 su corta interpretación en 7 mesas de billar francés, de Gracia Querejeta, le hizo valedora de un Goya en 2007. Cinco años más tarde, logró la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Además del teatro y la televisión, Baró hizo sus pinitos en la pantalla grande, casi siempre en papeles secundarios, de la mano de Jaime Chávarri, en Las Cosas del Querer (1988); José Luis Cuerda, en El Bosque Animado (1987) y Manuel Gómez Pereira, en Boca a Boca. La argentina Maktub (2011), de Paco Arango, la colocó frente a una familia numerosa con Diego Peretti, Aitana Sánchez Gijón, Goya Toledo, Enrique Villén y Mariví Bilbao. 

Su último papel, sin embargo, fue en el multipremiado cortometraje Eutanas, SA de Victor Nores, en 2013.

Su director la ha recordado en Twitter horas después de su fallecimiento. "Fuiste un sueño, realidad y ahora recuerdo imborrable".

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Javier Cámara: “Ponía el alma en cada frase que pronunciaba”

Cultura ElPaís - Jue, 29/01/2015 - 13:49

Javier Cámara no ha podido despedirse de Amparo Baró, y lo lamenta. Habló con ella hace meses y hoy se ha topado con la noticia de su muerte. Cada día de los cuatro años en los que trabajó con la actriz en la comedia 7 Vidas, Cámara dice que aprendió algo. "Con Amparo se pierde no solo una mujer de carácter y una trabajadora incansable, también desaparece una intérprete de una gran profesionalidad. Ella exigía siempre a los demás profesionalidad, pero la primera que la ejercía era ella”, ha explicado Cámara esta mañana en conversación telefónica con este periódico.

Para la actriz barcelonesa, bregada en teatro y cine durante años y que conoció la popularidad gracias a 7 Vidas, hacer comedia era algo muy serio, comenta su compañero en la serie. "Nos enseñó a todos, actores, guionistas y directores cómo enfrentarnos a una sitcom, algo que nosotros creíamos nuevo en el panorama televisivo y que ella ya había hecho hacía años. Siempre decía que en la comedia, los personajes tenían que estar por debajo de los actores. Ella ponía el alma en cada una de las frases que pronunciaba. En ella tuvimos siempre el ejemplo de la pasión que ponía en cada uno de sus personajes".

El último trabajo de Baró en el teatro fue Agosto, obra de Tracy Letts que dirigió Gerardo Vera a finales de 2011, en la que compartió escenario con Carmen Machi, Irene Escolar y Alicia Borrachero, entre otros actores. Vera, entonces al frente del Centro Dramático Nacional, llamó en tres ocasiones a Amparo Baró para ofrecerle diferentes obras. "En las tres ocasiones me dio calabazas, pero cuando tuve en mis manos el guion de Agosto se lo envié. Fue un lunes cuando ella lo recibió y el martes me llamó para decirme que mataba por hacerlo", ha explicado esta mañana Vera en conversación telefónica. La actriz barcelonesa ha fallecido con un proyecto que también iba a dirigir Vera en el teatro Arriaga de Bilbao, Se trataba de la obra Maria Kowalska, en versión de José Luis Collado, que leyó durante una estancia hospitalaria y le emocionó mucho. Kowalska fue una de las supervivientes del gueto de Varsovia.

Para Vera, con Amparo Baró desaparece la memoria de una gran generación de la escena española. "Ella era una de la grandes, lo había hecho todo, cine, teatro, televisión, era una todoterreno, una mujer moderna e inquieta que en los años cincuenta, en plena dictadura franquista, se atrevió con Frankie y la boda, de Carson McCuller, una obra muy controvertida entonces. El dramaturgo recuerda el trabajo "excepcional" de la actriz en el escenario de Agosto. "Como Nuria Espert, era una actriz que tenía ese plus de los grandes que reside entre la sensibilidad y la inteligencia. Su manera de sostener el personaje en el escenario sin interrupciones era asombroso. Agarraba su personaje, lo estrujaba, lo abrazaba, lo diseccionaba y no lo soltaba, para vivirlo luego y ofrecérselo al director y a los espectadores. Tenía un talento, un brillo especial en los ojos, que desbordaba cualquier previsión".

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El maestro de ceremonias de 'Cabaret' sale del armario... a los 82

Cultura ElMundo - Jue, 29/01/2015 - 13:39
Joel Grey ha salido del armario en 'People'. Estuvo casado durante 20 años y es el padre de Jennifer Grey, la protagonista de 'Dirty Dancing'. Ella le apoya. Leer
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Fugitivos de la modernidad

Cultura ElMundo - Jue, 29/01/2015 - 13:33
La vanguardia musical decretó que cualquiera que compusiera con las reglas vigentes desde el Renacimiento era reaccionario. Stravinski, Britten y Sibelius demostraron que se podía ser moderno actualizando la tradición. Leer
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