Miscelanea

Eduardo Arroyo ante cuatro décadas de obra en lápiz

Cultura ElPaís - Mar, 01/12/2015 - 02:53

Tina, aquella chica del año 65, o los despreocupados muchachos de los ochenta con gafas de cristales azules y rojos. Jack Johnson y Panama Al Brown, púgiles de leyenda. Miró, Dali y Peggy Guggenheim, “que esa sí que compraba cuadros a diario”. U Orson Welles y Fantomas, siempre Fantomas. Una línea trazada con lápices de colores une el rastro de tan marcadas personalidades en la primera presentación en cinco años para una galería de Madrid del pintor Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), que reúne cuarenta años de obra sobre papel, con piezas nunca vistas, en el espacio de Álvaro Alcázar del barrio Salamanca. Es el trabajo de toda una vida al servicio de los viejos Alpino, primero, y de los “eficaces” Faber Castell de tiempos más recientes. “Empecé a usarlos de niño, cuando en casa me tenían prohibidas la tinta china y las acuarelas, que lo ponían todo perdido”, explica Arroyo, con robusta decisión, mientras va de un lado a otro, guiado por el capricho de sus recuerdos.

La visita puede funcionar como un repaso a una de las trayectorias más decisivas del arte español del último medio siglo, un viaje que se remonta a los tiempos previos a su “marcha a París”, adonde el joven Arroyo llegó en 1958 para abrirse paso sin contactos en la temible ciudad, firmar algunas de las páginas más brillantes de la figuración narrativa y, de paso, pegarle una paliza pictórica a Duchamp (en el cuadro Vivir y dejar morir. El fin trágico de Marcel Duchamp, firmado con Aillaud y Recalcati y expuesto en el Reina). “Siempre he dibujado compulsivamente”, explica el artista, “no paro ni cuando estoy hablando por teléfono, y nunca he sido de tirar nada”. De la suma de esas costumbres resulta una “antológica de los iconos más constantes de mi carrera".

De la mando de estos viejos conocidos, Arroyo regresa, tras sendas exposiciones en grandes instituciones (el Prado y el Círculo de Bellas Artes), al terreno primigenio para la apreciación y el moderno intercambio artístico: la galería. En un momento en el que estas, acosadas como están por el IVA y la falta de sensibilidad institucional, pugnan por su sentido. “No han bastado estos años de democracia para conseguir crear un mercado en este país”, lamenta el pintor. “En cuanto vienen mal dadas, se ve la fragilidad del sistema, se ha comprobado que carecía de espesor, y han cerrado algunos espacios importantes. Pero el IVA es una broma, es el chocolate del loro. El problema es que aún todo gira en torno a Arco, y eso no puede ser. Por no hablar del despilfarro institucional; todos esos estúpidos museos autonómicos de arte contemporáneo con colecciones inexistentes y que ahora tendrán que convertirse en ambulatorios. Todos somos culpables, los artistas también, que en cuanto nos dieron un poquito de dinero olvidamos las luchas verdaderas, las batallas culturales”.

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La palabra en la cultura judía y cómo sobrevivir a la religión

Cultura ElPaís - Mié, 01/07/2015 - 00:09

Dios es una palabra, y la palabra es dios. Cuatro años tenía Fania Oz-Salzberger cuando descubrió esto sin ser consciente de ello ni de saber sus resonancias en la historia de su pueblo y su cultura, la judía, tan marcada por la religión. Fue cuando leyó la primera palabra: Chocolate. Supo de la importancia de la palabra en su cultura de tal manera que “la nuestra no es una línea de sangre, sino de texto”, afirma esta historiadora que acaba de publicar, en compañía de su padre Amos Oz, el libro Los judíos y las palabras (Siruela). Dos personas no creyentes que responden así a quienes aseguran que no existe la cultura judía. Es más, para ella, y para su padre, todas las culturas pueden sobrevivir después de este momento posreligioso, laico. E ir más allá del uso político.

Ese es parte del secreto de la unidad de la cultura del pueblo judío y de la armonía con el curso de su historia, recogida, retratada o reflejada, a través de los libros centenarios, llámense Biblia, Talmud o Tora, e incluso cualquier obra literaria de autores contemporáneos como Philip Roth o el mismo Amos Oz. En todas esas personas la palabra es como dios, por lo contado, por lo escrito, por lo leído y vuelto a contar en una espiral infinita que convierte vida y tradición en arte literario, escrito y oral.

La palabra crea al mundo y ayuda a moldear la identidad de las personas. En este ensayo, añade, hay tres elementos clave: “Explica el milagro de la cultura judía y explica cómo todas la culturas pueden sobrevivir después del elemento religioso y muestra parte de ese secreto de educación a los hijos donde todo niño judío sabe leer”. Una obra que, más que un eslabón entre la tradición y el presente, crea un diálogo no solo judío, “sino también laico, liberal, moderno, globalizado y on-line que utiliza de manera creativa para la propia cultura”.

El ADN lingüístico y fonético de los judíos trasciende el componente genético y religioso, según Oz-Salzberger. La continuidad biológica no es posible, agrega la historiadora, porque su pueblo ha vivido tantos desastres que ese linaje se ha perdido y en cambio sí son descendientes de una comunidad literaria. “Yo desciendo de una familia sefardí pero no sé dónde está el resto de mis antepasados”, cuenta. En cambio,reivindica y se declara “hija textual” de unos autores, bibliotecarios y descendientes del Talmud y de aquellas mujeres y hombres que escribieron en hebreo y sobre el judaísmo.

Y es aquí donde religión, palabra y texto se trenzan impregnados de política. El tipo de nación que ahora tienen los judíos, aclara la historiadora, no es el nacionalismo del siglo XIX o de comienzos del XX, porque es una nación basada en el texto. “Pertenecemos”, asegura, “a la tierra de Israel pero también a los judíos a través de los textos. Por eso mi padre y yo hemos debatido sobre la teoría de que nuestro pueblo no existe y es solo una religión, pero no es solo eso: somos parte de una nación antigua y pertenecemos, también, a la nación de Israel”.

Ese es el sionismo textual, por así decirlo, que declara la escritora. “No viene del concepto territorial. Por eso estoy más que dispuesta a compartir mi tierra con otra gente, como los palestinos. No necesito toda la tierra. Mi hogar es mi biblioteca y estoy dispuesta a compartir mi biblioteca con todo el mundo. Es una política que en Israel la gente desaprueba”.

Pero más allá de la fuerza y la potencia religiosa en el pueblo judío, Oz-Salzberger recuerda que la Biblia trata también sobre el Estado de derecho, la justicia social, los deberes de la gente hacia los menos favorecidos. No se trata, asegura, “tan solo en Israel de la ultraderecha religiosa que utiliza el Talmud o la Biblia de apoyo, sino que también es poderoso para la izquierda liberal, para los socialdemócratas; incluso para los no religiosos como yo que podemos usar la Biblia como un texto visto desde la perspectiva social actual”.

Mientras en el resto de culturas la línea suele ser padres-historias-hijos; en Israel el concepto de transmisión es un poco diferente: padres-historias-libros-hijos. En los judíos la llegada a ese paraíso léxico-textual empieza cuando son muy pequeños como le ocurrió a Fania Oz-Salzberger. Chocolate fue la primera palabra que leyó. Estaba en el papel que envolvía una chocolatina, y esa chocolatina fue su recompensa por entrar en el reino de las palabras y continuar la tradición milenaria judía de premiar, endulzar, con golosinas a los niños tras leer su primera palabra.

A partir de ahí, todo para los niños son letras que arman la historia y la cultura y donde más que respuestas se fomentan las preguntas, cuenta entusiasta la historiadora. Debatir, cuestionar, polemizar y preguntar. El libro es un ejemplo de ello, el diálogo palpitante, y una gran lección de historia y literatura, entre un padre y su hija, entre un escritor y una historiadora. Dos personas convencidas de que, dice ella, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabas nos crean”.

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Continúa la filtración de imágenes de famosas mientras Apple investiga

Sociedad ElPaís - Hace 4 horas 3 mins

La pesadilla de las famosas continúa. Jennifer Lawrence sigue siendo de nuevo la protagonista sin desearlo. En las últimas horas ha salido a la luz un vídeo de la oscarizada actriz y otras fotografías esta vez de las actrices Aubrey Plaza de la serie Parks and Recreation y Jessica Brown Findlay, que interpreta a lady Sybil, en Downton Abbey. Esta última, aparece en un vídeo de contenido sexual cuya veracidad ha sido confirmada por su representante al Daily Mail. En el caso de Lawrence, la actriz sí se reconoce en las fotografías pero no se ha pronunciado con respecto a si es ella quien sale en el vídeo. Eso sí, la artista ha contactado con las autoridades para que se investigue la filtración. Mientras Ariana Grande o Victoria Justice insisten en que no se reconocen en las fotos en las que supuestamente aparecen. La disfusión de estas nuevas fotografías abre una nueva vía de investigación. Ahora se contempla que la de Apple, iCloud, no sea la única nube cuya seguridad se ha violado.

"Nos tomamos muy en serio la vida privada de nuestros usuarios e investigamos activamente", esa es la única declaración de realizada hasta ahora por Apple. La ha hecho Natalie Kerris, su portavoz a Re/code, un medio especializado de EE UU. Aunque los expertos consultados insisten en que se trata de un ataque de fuerza bruta, que consiste en asaltar un servicio de manera insistente con diferentes combinaciones hasta dar con la adecuada, Apple no confirma este extremo.

Kirsten Dunst, otra de las afectadas, apunta directamente a Apple, sin tapujos y de manera directa, a través de su cuenta de Twitter: “Gracias, iCloud” junto a dos iconos, una pizza y la ‘caca con ojos’.

Tampoco está claro si se ha conseguido corregir el agujero pero sí se sabe que se han producido cambios. Ahora ya no se permite poner una y otra vez, sin límite, diferentes combinaciones de contraseñas hasta dar con la adecuada. Jaime Blasco, director de Alienvault, una firma de seguridad de origen español radicada en Silicon Valley, insiste en que no es recomendable permitir que servicios como iCloud guarden copias automáticas de las imágenes: "Mejor hacer una copia de seguridad en el portátil que ponerlas en la nube".

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Fallece el actor Daniel Dicenta

Cultura ElPaís - Hace 4 horas 15 mins

Un actor de raza, de casta, de belleza viril, hoy casi rara, de voz de trueno, uno de esos intérpretes condenados a parecer de otro tiempo. La muerte de Daniel Dicenta a los 76 años en un humilde hostal de Madrid añade más leña al fuego de una generación que se extingue, la de aquellos actores y actrices que pusieron su rostro al servicio de los vaivenes de un país que renacía después de 40 años de dictadura. Dicenta, precisamente, había llegado al mundo en Valencia durante la Guerra Cilvil, en 1937. Hijo del también actor Manuel Dicenta y nieto del dramaturgo Joaquín Dicenta, su carrera se forjó fundamentalmente en el teatro y la televisión, aunque su trabajo en películas como El crimen de Cuenca y El pájaro de la felicidad, ambas de Pilar Miró, La muerte de Mikel, de Imanol Uribe, o Función de noche, de Josefina Molina, dejaron su gancho congelado en el tiempo.

Era, decía Pilar Miró, un gran actor desaprovechado, y por eso ella apostó por él a la hora de encarnar junto a José Manuel Cervino a la pareja protagonista del Crimen de Cuenca, una película cuyo retrato crudo y minucioso de la tortura a la que son sometidos por la Guardia Civil dos pobres diablos acusados de un crimen que jamás cometieron puso en jaque al gobierno a la hora de su estreno. El filme, rodado en 1979, fue secuestrado por la justicia militar en plena democracia, tardó dos años en poder exhibirse. Pero su enorme impacto social está ahí, para siempre, en los libros de historia.

El Crimen de Cuenca casi coincidió en la pantalla con Función de noche (1981), la película documental de Josefina Molina en la que el actor compartía pantalla con su expareja, Lola Herrera. Padres de dos hijos, la también actriz Natalia Dicenta y el fotógrafo Daniel Dicenta Herrera, en la película, insólita para su época, Dicenta y Herrera (que en el filme interpreta noche tras noche Cinco horas con Mario, de Miguel de Delibes) hacían de ellos mismos, hablaban de su vida, de sus crisis y aireaban sus traumas y fracasos. Josefina Molina fue testigo privilegiado de la angustia que cercaba a un actor sumamente frágil. Hace dos años, cuando le entregaron a la cineasta el Goya de Honor, y después de una proyección del filme, Molina arrojó luz sobre el tormento del actor: “Daniel era un hombre de una generación determinada: hombres que no podían llorar, que no podían ser sensibles, tenían que ser fuertes, poderosos… Por todo ello, la vida de Daniel era una vida complicada. Hijo de un actor muy importante, hijo de un mito. Él quería ser un actor distinto al padre, pero el padre era la referencia y, en cierta medida, un poco castrador. Luego fue el suicidio de su madre, que lo menciona en la película. Todo muy complejo, terrible. Él apartó todo esto para no mostrar su lado sensible. Si él hubiera podido relajarse, hablar con ella, se hubiera establecido, sin duda, otro tipo de relación. Pero no sucedió”.

Dicenta, que actuó en la serie Fortunata y Jacinta de Angelino Fons (1969), llevó a escena a Lorca, a Nieva, a Vargas Llosa, a Pirandello y a su propio abuelo. Pero su rastro empieza a perderse pasada la década de los ochenta, centrando su trayectoria profesional en el doblaje. De esa manera, oculto en la piel de otros (Robert Englund en Pesadilla en Elm Street, Peter Stormare en Fargo), su poderosa voz se fue borrando. En 1989 se publican unas fotos suyas durmiendo en un parque, cerca de la calle Corazón de María. Sus problemas de alcohol se agudizaban, también su misantropía. El actor contaba desde hace más de doce años con la ayuda de los servicios asistenciales de la Fundación AISGE, que le sufragaba su alojamiento y ayudaba en la manutención. Su cuerpo sin vida fue encontrado en el céntrico hostal madrileño donde llevaba años alojado, lejos del mundo del teatro que lo vio nacer y crecer. Dicenta parecía un tipo duro, un espíritu libre, pero en el fondo era un hombre quebradizo, uno de esos hombres “de otra época” que jamás han podido llorar.

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Metafísica caníbal

Cultura ElMundo - Hace 6 horas 3 mins
Roy Andersson completa su trilogía existencial con una cinta tan divertida como desesperada; absurda hasta la más brutal coherencia. Tsukamoto reabre con violencia el mayor de los tabúes de la Segunda Guerra Mundial Leer
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M. A. West, un escritor tan desconocido que nunca existió

Cultura ElPaís - Hace 8 horas 35 mins

“Acaso por su propia tendencia al anonimato, Martin Aloysius West es uno de los grandes olvidados de la novela negra norteamericana”, comienza la reseña del autor de El viento y la sangre (Navona, 2012). Tan anónimo que no existió. Ni existió ni escribió la obra. Su autor, Alexis Ravelo, escritor galardonado este año con el premio Dashiell Hammett, proponía con su publicación un juego en el que el escritor, la procedencia y su biografía eran inventadas. “El culto a la personalidad, herencia del romanticismo, a veces hace que el texto pierda el valor”, concede. “En ocasiones las etiquetas son un lastre, como una celda”, afirma. Y concluye: “Ha sido una máscara para demostrarme que no soy un escritor canario, español o calvo, sino, sencillamente, un artesano, un escribidor”. Así nació M. A. West que, por cierto, nunca más volverá a escribir.

El viento y la sangre era hasta esta semana una novela pulp firmada por Martin Aloysius West, escritor estadounidense nacido en Cincinatti, publicada sobre 1950 y caída en el olvido. “La encontré tras un gran trabajo de investigación”, le dijo el escritor Alexis Ravelo a Pere Sureda, de Navona Ediciones. “Puede valer para la colección de novela negra”, sugirió. Sureda, reputado experto, la leyó y se la “tragó”, reconoce. Devolvió la llamada y Ravelo le dijo que se había inventado la biografía de West, sus referencias bibliográficas y los diez trabajos más que supuestamente tenía publicados el estadounidense; que la pieza no se había escrito en Estados Unidos, y que la traductora, la periodista Thalía Rodríguez, era cómplice de la trampa. La novela se escribió en Las Palmas de Gran Canaria en 2012 y su autoría era de quien le hablaba. Sureda dudó. Se enfadó unos instantes y admitió el mérito: “Juguemos a lo que quieras jugar, Ravelo”, le dijo.

El juego, cuenta su autor, nació de un “ejercicio de estilo” y se convirtió en un reto que intentaba poner la lupa justo encima del texto, olvidando el nombre de un desconocido autor estadounidense de mitad del siglo pasado. Cansado de ellas, trataba de eliminar etiquetas. No es un juego nuevo: algunos otros, entre ellos Boris Vian con heterónimos como el de Vernon Sullivan, ya lo hicieron antes. “Es un pecado que quise cometer”, dice Ravelo. Se trata de quitarse de encima el peso de haber nacido en un lugar y pertenecer a una generación. “Lo complicado es crear desde otra cabeza, con las limitaciones que da su ubicación geográfica e histórica, personajes que fueran reales”, expone.

El viento y la sangre se sigue vendiendo en las librerías con un goteo intenso y continuado. Navona ha recibido comentarios y buenas críticas de una obra que sorprendía por su método, por su estructura clásica, “canónica” hasta el extremo, como dice el autor. Por fugarse de las manos de forma trepidante entre personajes descritos de forma prolija y casarse con la lógica más sangrienta y por el diálogo directo como un tiro en la sien. “Después de ser cómplice del autor, se la pasé a grandes expertos y amigos que me devolvieron con un aplauso esta obra sin saber que su autor era canario, consternados por no conocer a M. A. West”, dice Sureda. La obra es la segunda de una colección, Navona Negra, en la que se encuentran apellidos como Chéjov o Dürrenmatt.

La novela desprende crudeza y en ella Ravelo se puso la careta de West para viajar hasta los años 50 en Estados Unidos, en Dakota del Sur y escribir como si hubiese nacido en 1927 en Ohio. Sus personajes de una forma u otra salen de la periferia de Chicago para encontrarse en Marksonville, una pequeña ciudad que sirve de escenario para explícitas escenas de sexo y mucha violencia en una trama en la que se deja ver la evidencia de un sistema corrupto y en el que la mafia tiene un peso determinante.

M. A. West, decía su falsa biografía, era un tipo en apuros económicos, con muchos hijos, que escribía para completar un sueldo que le permitiera sobrevivir. Cuando Ravelo comenzó a escribir la historia tenía “la nevera muy vacía y el corazón muy lleno”. Dos años después, se conoce su autoría y en ellos ha recogido el premio Getafe Negro, por La última tumba (2013), y el Hammett, por La estrategia del pequinés (2014). En unos días parte hacia Córdoba, Argentina, para participar en el encuentro internacional de novela negra Córdoba mata, y en el horno ya cuece su último trabajo, que saldrá en unos meses. Acostumbrado, y aún apabullado por sus propias escenas de sangre, Alexis Ravelo ha matado de un tiro a M. A. West. Un tiro limpio y pulcro. “Es impresionante el mérito”, dice Sureda, y remata en alusión a las dificultades que atravesaba el escritor: “Es una forma de salir al mundo. De decir que las etiquetas y el origen, a veces, son una condena”.

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George Clooney, operado de la espalda en Alemania

Sociedad ElPaís - Hace 9 horas 3 mins

Mientras el mundo está pendiente de su inminente paso por el altar, el eterno soltero de Hollywood ha dado otros titulares estos días en la prensa alemana. Según informan varios medios, George Clooney ha realizado una visita secreta a Solingen, una pequeña ciudad industrial ubicada en el Land de Renania del Norte Westfalia, para ser examinado de una vieja y dolorosa molestia en la columna transversal.

De acuerdo con lo publicado, el actor llegó al aeropuerto de Düsseldorf en la madrugada del viernes pasado, a bordo de un avión privado. No hay registro de su llegada al país, algo inusual teniendo en cuenta los rigurosos controles policiales fronterizos. El actor se subió a una limusina que lo condujo a Solingen, ubicado a solo 40 kilómetros de la capital del estado.

Ese mismo día, Clooney ingresó a la clínica estatal para ser atendido por el doctor Ralf Buhl, uno de los neurocirujanos más prestigiosos del país. La estadía en la clínica, donde fue registrado con un nombre falso, duró más de diez horas y algunos medios afirmaron que Clooney había sido sometido a una intervención quirúrgica para subsanar un mal que lo aqueja desde hace.

Según confesiones del propio Clooney a la revista Rolling Stone, el origen de los dolores que sufre en la espalda está en una lesión que sufrió en la columna cervical mientras rodaba la película Syriana. “Estuve en la cama de un hospital con una vía intravenosa en mi brazo, casi no me podía mover y tenía fuertes dolores de cabeza, similares a lo que se producen con una apoplejía”, contó a la revista.

Las molestias nunca desaparecieron y el actor, en vísperas de su matrimonio con Amal Alamuddin, acudió a la clínica de Solingen con la esperanza de acabar definitivamente con el problema. Nadie ha querido precisar las razones que convencieron a la estrella de Hollywood para ponerse en manos del doctor Buhl, pero la fama del neurocirujano de 46 años ha traspasado hace ya tiempo las fronteras de Alemania.

“El doctor Buhl no es ningún desconocido en el campo de la neurocirugía”, dijo el director de la clínica, Hermann-Josef Bökmann, al periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung. “Es un experto reconocido y capaz de ofrecer muy buenos resultados”, añadió el jefe del centro, que admitió que no había visto personalmente al famoso paciente, pero que había sido avisado con dos días de antelación de su inminente llegada.

No ha habido un comunicado oficial por parte del hospital de la presencia de Clooney y rechazan las consultas periodísticas con un amable “no damos información sobre nuestros pacientes”. No ha trascendido si Clooney abandonó la ciudad o aún permanece en ella, oculto bajo un seguro y bien protegido anonimato. Estas últimas semanas, el actor ha estado instalado en su casa del Lago Como, en Italia, junto a su prometida preparando, presumiblemente, su inminente enlace.

Mientras se dilucida el misterio de su paso por el hospital, el alcalde de Solingen vive momentos felices. La presencia de Clooney en la ciudad, según Norbert Feith, es una nueva legitimación de la competencia médica de la clínica. “También refuerza la fama internacional de la ciudad”, dijo el alcalde, una fama que había quedado hecha trizas con el atentado terrorista de 1993 en que cuatro jóvenes neonazis prendieron fuego a una casa donde vivía una familia turca numerosa. Tres niñas y dos mujeres murieron y otras 14 personas resultaron heridas. El ataque consternó a la nación y arruinó la imagen de Solingen, conocida como la “ciudad con alma de acero”, a causa de fabricación de cuchillos, navajas y tijeras. Que una estrella como Clooney haya elegido este destino para operarse contribuye a reforzar la imagen positiva de la localidad.

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Mérida está que 'se sale'

Cultura ElMundo - Hace 9 horas 10 mins
El festival de teatro clásico consigue los mejores resultados en taquilla de la historia. Leer
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Muere Daniel Dicenta, leyenda del teatro español

Cultura ElMundo - Hace 9 horas 23 mins
Hijo, marido, hermano y padre de actores, fue protagonista en la escena de los 70 Leer
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Cuba, permiso para cantar

Cultura ElMundo - Hace 9 horas 25 mins
La dictadura cubana, que durante mas de medio siglo ha controlado con rigor militar las salidas al exterior de los artistas, administra la autorización de los regresos y diseña el modelo de las visitas que pueden realizar a su país natal quienes decidieron vivir lejos del comunismo. Leer
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Calatrava no acude a los juzgados para declarar como imputado

Cultura ElMundo - Hace 10 horas 45 mins
El arquitecto no ha comparecido hoy en el juzgado de instrucción número 5 de Castellón y su abogado ha llamado por teléfono al juzgado para comunicar que en breve acudirá a la Ciudad de la Justicia para declarar como imputado en la investigación por presuntas irregularidades en los contratos del Centro de Convenciones de la ciudad. Leer
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Benicio del Toro recibirá el Premio Donostia en San Sebastián

Cultura ElPaís - Hace 10 horas 57 mins

El actor Benicio del Toro recibirá el segundo Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián en reconocimiento a su trayectoria. En su 62ª edición, el certamen donostiarra galardonará también con este premio al intérprete estadounidense Denzel Washington, como anunció la organización a finales de julio. En la pasada edición, los homenajeados fueron Carmen Maura y Hugh Jackman, y en 2012 el premio fue a parar a John Travolta, Oliver Stone, Ewan McGregor, Tommy Lee Jones y Dustin Hoffman.

El intérprete portorriqueño ya recibió un Oscar al mejor actor de reparto por su papel en Traffic, de Steven Soderbergh (2001), así como una nominación a los premios de la Academia por su interpretación en 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu (2004). Más tarde, volvió a trabajar con Soderbergh, como protagonista en la película biográfica Che sobre el sobre el revolucionario, por la que recibió en 2008 la Palma de Plata al mejor actor en el festival de Cannes y un Goya en 2009.

Del Toro estará también en la ciudad donostiarra para presentar Escobar: Paradise lost, película en la que da vida al conocido narcotraficante y que clausurará la sección Perlas del Zinemaldia.El intérprete participará en A perfect day de Fernando León y en Inherent Vice, el próximo proyecto de Paul Thomas Anderson, y está rodando ya Sicario, de Denis Villeneuve.

De Benicio del Toro a Pablo Escobar

Escrita y dirigida por Andrea di Stefano, Escobar: Paradise lost está protagonizada por Benicio del Toro en el papel del narcotraficante Pablo Escobar, y cuenta en su reparto con Carlos Bardem, que acudirán a la capital guipuzcoana, Josh Hutcherson (Los juegos del hambre), y Claudia Traisac.

El protagonista del film es Nick, un joven surfista que cree que todos sus sueños se han hecho realidad cuando va a visitar a su hermano en Colombia y se enamora perdidamente de una joven María. "Todo parece perfecto hasta que conoce al tío de la joven, un tal Pablo Escobar", explican sus responsables.

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La boda ya no tan secreta de Angelina Jolie y Brad Pitt

Sociedad ElPaís - Hace 11 horas 20 mins

La boda de Angelina Jolie y Brad Pitt ya no es tan secreta. Tras anunciar su representante que el enlace se había celebrado en la casa que los actores poseen en el sur de Francia, la prensa de Estados Unidos ha desvelado algunos de los detalles de la ceremonia y ahora las revistas ¡Hello! publica las imágenes de la ceremonia a la vez que People. "Estamos encantados y honrados de poder compartir estas fotos cautivadoras de Brad y Angelina en su día de boda con sus hijos y otros familiares cercanos y amigos que asistieron," ha dicho el editor en jefe Eduardo Sánchez Pérez al presentar las 15 páginas especiales que incluyen declaraciones de la pareja. No se ha informado si la exclusiva ha sido remunerada como suele ocurrir en este tipo de informaciones. Los actores vendieron las fotos del nacimiento de sus hijos gemelos y donaron el dinero a una ONG.

En el reportaje de la boda, celebrada el 23 de agosto, se ve con detalle el traje de novia de Luigi Massi para el Atelier Versace realizado con ilustraciones de sus hijos: Maddox, de 13 años, Pax, 10, Zahara, 9, Shiloh, de 8, y los mellizos Vivienne y Knox, de 6. "Luigi es como de la familia para mí y no podía imaginar a nadie más haciendo ese vestido. Conoce y se preocupa por los niños y fue muy divertido juntarlos a todos", explica la actriz a People. El actor, por su parte, lució una corbata que le prestó uno de sus hijos.

"Era importante para nosotros que el día fuera relajado y lleno de risas. Fue un día tan especial para compartirlo con nuestros hijos y un momento muy feliz para nuestra familia", dicen Brad y Angelina en la entrevista.

Los planes de boda de la pareja venían de largo, incluso el intérprete explicó hace dos años los motivos por los que no se decidían a pasar por el altar. "Nos gustaría hacerlo y además significa mucho para nuestros hijos. Declaramos hace tiempo que no lo haríamos hasta que todo el mundo pudiera [en referencia al matrimonio homosexual]. Pero no creo que podamos aguantar mucho más. Significa mucho para los niños y nos lo preguntan constantemente. Y también significa mucho para mí comprometerme de esa manera", declaró Pitt a la revista The Hollywood Reporter en 2012.

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Benicio del Toro, Premio Donostia en San Sebastián

Cultura ElMundo - Hace 11 horas 56 mins
El actor presentará además en la 62 edición de Zinemaldía 'Paradise Lost', donde encarna al capo del narco Pablo Escobar. Leer
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Daniel Monzón 'muy orgulloso' de 'El niño'

Cultura ElMundo - Hace 13 horas 5 mins
La película del director de 'Celda 211' recauda 2,85 millones de euros en el primer fin de semana. En algunos cines de Andalucía la gente aplaudía al terminar la proyección Leer
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'El cine ya no es el cine'

Cultura ElMundo - Hace 19 horas 42 mins
Catherine Deneuve dice estar en un momento "melancólico" de su vida. Y pese a ello, se niega a hacer nada que no sea la profesión que, según subraya, descubrió por casualidad: "Me puede el deseo de actuar". Leer
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Mediaset, faena de aliño

Comunicacion ElMundo - Hace 19 horas 48 mins
Aun con el cierre de ciertos canales de TDT hay más posibilidades de emitir encuentros ahora que hace 28 años, pese a lo cual la cadena que pujó por los derechos de retransmisión y los compró, Mediaset, ha respondido con una faena de aliño, como para salir del paso Leer
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A Agatha Christie también le gustaría

Cultura ElPaís - Hace 22 horas 44 mins

¿Quién no volvería a una noche con su primera novia? ¿Quién no se introduciría en un escenario conocido y daría vida a unos personajes como Poirot o Marlowe, que tanta compañía le hicieron? La tentación es grande. Pero para el último supuesto esta ha de luchar contra los derechos de los herederos de Agatha Christie y de Raymond Chandler. Eso ha conseguido que la marca Poirot y la marca Marlowe aún signifiquen algo. El experimento funcionó con John Banville en una apuesta más arriesgada que la de Christie, ya que al manierismo de Chandler se le unía el de su detective. En las novelas de Hércules Poirot la sensación es que el estilo es invisible, que toda la afectación y excentricidad recae en la trama y en el detective belga más famoso de todos los tiempos. Pero tampoco era tarea fácil.

A mediados de los 70 un hogar español de clase media con hijos en bachillerato no era nada si no tenía el Mediterráneo de Serrat, el álbum rojo de los Beatles y una pila de libros de Agatha Christie editados por Molino. Luego, los sabihondos te dijeron que Agatha Christie era, a lo sumo, una mediocre escritora. Vaya por Dios. Pero le debías muchas horas de lectura ensimismada y tu primer contacto con la literatura popular. Esos libros de Molino se compraban en quioscos, se prestaban y heredaban. Solucionaban y sanaban el daño que habían hecho todos aquellos libros juveniles de niños pera con o sin perro que no eran sino un plan maquiavélico para que dejaras de leer. Las novelas de Christie eran la señal de que ya leías otras cosas. Sabías qué buscabas en cada libro y siempre lo encontrabas. Más allá de las tramas, del carisma de sus investigadores, lo que te embargaba era la sensación de orden. Todo funcionaba en un mundo que uno asimilaba con lo británico, es decir, con lo civilizado. Asesinar y ser asesinado a lo Christie no dejaba de ser sino otra expresión de ser educado. Al finalizar el partido, el asesino se acercaba a la red, daba la mano al detective y a los lectores y se iba a la Torre de Londres veinte años. Querer volver allí en 2014 tiene algo de arcádico e ingenuo en un mundo del crimen literario caótico, sobreactuado, grotesco y tan poco respetuoso con la justicia y, especialmente, con las víctimas. Uno tenía la sensación al leer a Tía Agatha de que necesitaba un jerez y unas vacaciones en España en las que conociera a un torero (que mataría en la siguiente entrega). Con muchos de los escritores de negra de hoy en día, uno tiene la sensación de que necesitan ver menos tele, un pabellón de psiquiatría a su servicio y que la policía investigue el disco duro de su ordenador.

Sophie Hannah (Manchester, 1971) es la autora de la primera secuela autorizada de las aventuras de Hércules Poirot, Los crímenes del monograma (Espasa). La elección de Hannah recaía sobre una prestigiosa y popular escritora además de fan confesa de Agatha Christie. Su éxito le ha venido de novelas de investigación criminal como La cuna vacía, Matar de amor o Mala madre.

Hannah ha sido respetuosa con casi todo. La acción de Los crímenes del monograma acontece en 1929, en la época en que Christie no publicó ninguna novela. No resucita al detective belga, al que su autora finiquitó de un ataque de corazón en Telón, en 1975. Tampoco modifica a Poirot. Acentúa eso sí, su carácter reflexivo, metódico, vanidoso y tremendamente romántico, sector solterón otoñal. Tres personas han sido asesinadas casi al mismo tiempo en tres habitaciones del hotel Bloxham en Londres. Los cadáveres se hallan dispuestos de modo idéntico en el suelo y tienen un gemelo con unas iniciales en la boca. El enigma de la habitación cerrada multiplicado. La lectura es amena, la intriga funciona y es que el libro está escrito por una escritora y no por una juntapalabras. El talento de Hannah no se ve reprimido por personaje, ambiente y desarrollo de la trama. Muy al contrario. Y cuando ha de dar lo suyo específico, lo hace —en una decisión muy acertada— creando a Edward Catchpool, detective de Scotland Yard, que es quien relata la historia y quien tiene el cupo de ironía y sentido del humor —junto a la camarera Fee Spring, otro hallazgo— de la novela. Algo que sorprende, cuando en el resto de novelas negras de Hannah el humor estaba desterrado, muy al contrario de su poesía, donde lo maneja con maestría.

Los crímenes del monograma te reconcilia con el subgénero, gustará a los seguidores de Poirot y, casi con toda probabilidad, a su creadora. Aunque quizás esta le achacara su extensión y el modo en que desarrollan, piensan y hablan sus personajes, que lo hacen —más en el fondo que en la forma— con nuestra psique y verborrea. Pero eso son decisiones de Sophie Hannah. Decisiones de autora.

Carlos Zanón es escritor. Su última novela es Yo fui Johnny Thunders (RBA).

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Ese hombrecillo de células grises

Cultura ElPaís - Hace 22 horas 54 mins

El capitán Hastings había conocido superficialmente a aquel “extraño hombrecillo” en Bélgica. Tiempo después se reencontraron en una lujosa casa de campo en Sussex (Inglaterra) y se hicieron amigos para siempre. El extraño hombrecillo era Hércules Poirot. De baja estatura, rollizo, con la cabeza en forma de huevo y un enorme bigote del que se sentía muy orgulloso, siempre bien trajeado. Odiaba las corrientes de aire y era un entusiasta del orden, del método y de las líneas rectas.

Poirot ocupó un alto cargo en la policía belga y llegó a Inglaterra como refugiado durante la I Guerra Mundial y se estableció como detective privado.

El misterioso caso Styles (1920) es la primera novela policiaca de Agatha Christie (1890-1976) y la primera de Poirot y Hastings, que se convierte en Watson. En El misterioso caso Styles, todos los huéspedes y habitantes de la casa son sospechosos. El método de trabajo de Poirot es muy diferente del de la Policía. El detective desprecia las pistas evidentes y se fija en los detalles aparentemente menos interesantes. Pone a funcionar sus células grises y observa la naturaleza humana.

Christie pronto se dio cuenta de que no le gustaba su detective: era insufrible, detestable, ampuloso, pesado y egocéntrico. Pero no se atrevió a matarlo, porque era muy popular, mas que otros personajes suyos como Miss Marple, la pareja Beresford o Ariadne Oliver.

Quizá por ello se vengó de él en la última novela que le dedicó, Telón. Se publicó en diciembre de 1975, un mes antes de la muerte de la escritora (enero de 1976), aunque la había escrito en los años cuarenta. Christie planteó las historias de Poirot de una manera circular. Con Telón vuelve al escenario de su primera novela, Styles, ahora convertida en una casa de huéspedes. Entre 1920 y 1975, Agatha Christie escribió 33 novelas de Poirot, entre ellas, Asesinato en el Orient Express, El asesinato de Roger Ackroyd, Muerte en el Nilo, Cinco cerditos o Maldad bajo el sol, y 50 relatos.

En Telón, Christie nos muestra a un detective decrépito. Hércules Poirot sufre artritis y está confinado en una silla de ruedas. Tiene también problemas de corazón. Pese a ello acude a Styles para dar caza al asesino perfecto.

El criminal es asesinado y Poirot muere de un ataque cardiaco. Cuatro meses después, Hastings recibe un sobre de los abogados del detective. Le confiesa que él ha matado al criminal porque la justicia no le hubiera alcanzado jamás, que ha fingido su invalidez para poder maniobrar mejor y ¡lo último!, que llevaba peluca y que su famoso bigote también era falso. ¡Qué palo para sus lectores!

No es de extrañar que con este final tan apocalíptico, Sophie Hannah huyera de los últimos años de Poirot. Ha situado Los crímenes del monograma en 1929. En este caso, no es una continuación, como sucede con La rubia de ojos negros, de Benjamin Black, pues Phil Marlowe no murió. Ahora se trata de una auténtica resurrección.

 

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Fatih Akin ante el genocidio armenio

Cultura ElPaís - Lun, 01/09/2014 - 23:39

Llueve en Venecia. La noche anterior, una tormenta ha descargado su furia sobre las islas. El cielo encapotado no invita al buen humor. Si a eso se le suma las innumerables críticas negativas que ha tenido tras sus primeras proyecciones The cut, la última película del turcoalemán Fatih Akin, el director podría permitirse un mal gesto ayer lunes, un mal humor que otras veces ha mostrado en público. "Me han jodido un poco esta mañana al leerlas, pero ha sido un segundo. Ahora tengo que luchar por la película, hacer promoción y entrevistas, defenderla", dice entre carcajadas Akin (Hamburgo, 1973), que con The cut —una mezcla de western y drama épico— ha metido el dedo en una llaga dolorosa para cualquier turco, el genocidio que cometieron con los armenios durante la I Guerra Mundial.

El filme arranca en Mardin, una ciudad al noreste de Mesopotamia, en límite del imperio Otomano, una población que a los ojos de Akin parece el jardín del Edén, con unos vecinos felices aunque con cierta preocupación ante las noticias que llegan del conflicto bélico. Allí vive un cerrajero, Nazaret (encarnado por el francés Tahar Rahim), al que un día la policía turca separa de su familia. Junto al resto de los hombres armenios, son enviados a trabajos forzosos. Lo que sigue es una epopeya en la que Nazaret esquiva por los pelos varias veces a la muerte, y en la que a la búsqueda de sus hijas gemelas, cruzará Oriente Próximo —a los armenios no les dejaron moverse libremente hasta 1921, tres años después de acabar la guerra—, llegará a La Habana, y tras entrar en Estados Unidos por la Florida acabará en las desoladas praderas de Dakota del Norte en 1922. The cut es una superproducción rodada en Canadá, Jordania, Malta, Florida y Alemania, en la que Akin ha invertido cuatro años de vida. "En realidad más, porque con el guion llevo mucho más tiempo. Te diría que una década". Y que cierra una trilogía sobre el amor (Contra la pared), la muerte (Al otro lado) y el demonio (The cut). "Ha sido un esfuerzo… no sé cómo explicártelo salvo que no haré una película de este tamaño de producción en por los menos diez años. Por otro lado, centrándome en su espíritu, siento que en realidad lo que yo llamo trilogía no ha acabado. Mis películas —estas y el resto— hablan de la humanidad, y nunca me voy a alejar de ese tema. En The cut defiendo la esperanza como motor vital. En un mundo asolado por el Ébola, con gravísimos problemas en lugares como Siria, Gaza o Israel no podemos rendirnos ante la tragedia. Debemos seguir adelante, yo creo en la esperanza".

Como alemán de ascendentes turcos, Akin conoce absolutamente bien el silencio impuesto en Turquía sobre el genocidio armenio en el que fueron asesinados hasta casi dos millones de personas. "Formo parte en Turquía de un movimiento de transparencia. Y lo estamos logrando. Está saliendo a la luz y la opinión pública empieza a conocer lo que ocurrió desde 1915". ¿Ya no es un tabú? "Creo que no, que desde hace unos años se ha impuesto la realidad. Y espero que The cut aporte algo a este cambio".

Como cineasta, Akin era conocido por sus personajes y ambientes sofocantes. De repente apuesta por otra opresión, la creada por los grandes paisajes —"Es la primera vez que ruedo en Cinemascope". "Sí, mis ídolos son Elia Kazan con América, América, David Lean y Lawrence de Arabia o Sergio Leone con Érase una vez en América. Bueno, unos creen en Batman o Spiderman y yo tengo esos superhéroes. Esta película está influida por todos ellos, es filme sobre otros filmes, es mi viaje al corazón del cine. Cada fotograma del filme homenajea a los clásicos, como la primera vez que Nazaret ve una película, y es El chico de Chaplin". Esa secuencia parece calcada a la del descubrimiento del cine de Ana Torrent en El espíritu de la colmena, de Víctor Erice. "Conozco la película pero no estoy seguro de haberla visto ni por tanto de su influencia".

Lo ocurrido con los armenios forma parte de alguna manera del pasado de Europa. "Obviamente no ocurrió en nuestro continente, aunque Mesopotamia fue la cuna de la humanidad, nuestro origen. Y todas las fronteras artificiales de Oriente han sido impuestas por nuestros ancestros. No hay más que recordar la época de Lawrence de Arabia. Yo me siento más alemán que turco. Mis hijos han nacido en Alemania, y allí sé dónde vive el médico o qué restaurante recomendaría. En Turquía no sería capaz. Sí, me siento cómodo en mis país natal sin olvidar mis raíces".

En este viaje, Akin ha tenido algunos guías de lujo. Con Roman Polanski, con el que ha compartido bastante equipo técnico, charlo sobre los idiomas y decidió que sus armenios hablaran en inglés y el resto de las etnias sus respectivos idiomas como hizo el francopolaco en El pianista, en el que los polacos se comunicaban en inglés. "No tengo con él la confianza que sí me ha dado Martin Scorsese, pero hemos hablado algunas veces". En cambio, Scorsese se ha convertido para Akin en alguien muy importante: "Lo considero mi tío. Leyó el guion, me recomendó que contratara a Mardik Martin [veterano coguionista de los primeros títulos del neoyorquino como Toro salvaje o Malas calles], ha visto dos veces la película y me dio consejos sobre el montaje. Y yo he aplicado todo lo que me dijo".

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