Estamos en crisis, como todos sabemos, pero aunque la situación es nueva, el lenguaje no lo es tanto. Para no reconocer recortes, lo que muchos están haciendo es hablar de la necesidad de mejorar la eficiencia del sector sanitario. Que este es el gran reto al que nos enfrentamos.
Pero es un reto que no nos suena nada nuevo. Llevamos oyendo hablar de esa necesidad desde hace muchos años, de forma recurrente. Y se idean múltiples formas para mejorar la eficiencia, para mejorar la productividad de los "recursos" "humanos" de nuestro sistema sanitario.
La sensación que muchos tenemos es que se está intentando estrujar tanto a los profesionales que, a poco que estrujen más, nos vamos a quedar bastante secos. Y no sabemos si ésto mejorará la productividad o, más bien, la llevará aún a peores niveles.
El tema no debe ser fácil, cuando recientemente se ha reconocido que, en EEUU, tampoco se ha conseguido mejorar la eficiencia del sector sanitario en los últimos veinte años. O sea, que el "problema" no parece ser propio de estas tierras, sino más bien del sector sanitario como tal. Quizás se deba a que se le intenta considerar desde la perspectiva industrial y productiva, y no desde la que correspondería a un servicio esencial para una sociedad moderna, un servicio que a duras penas puede considerarse desde la perspectiva de mercado (la situación no es simétrica ni equitativa entre sus agentes, no es deseable un incremento del consumo sanitario -por sus efectos secundarios directos sobre el "consumidor"-, etc).
Y así, soluciones que en el ámbito de lo productivo podrían tener un lugar, como la delegación de tareas y competencias, no parecen deseables dentro del sector sanitario. En un sector tan sensible, las competencias se tienen o no se tienen, pero son muy serias y no se pueden andar delegando, con la filosofía del low cost, de unos profesionales a otros, porque ello supondría una pérdida evidente de calidad, que no sabemos si aceptarían conscientemente los usuarios de nuestro sistema sanitario, como los aceptan los usuarios de otro tipo de servicios.
Lo justo es definir bien las competencias, y desarrollarlas eficientemente allí donde se encuentren depositadas. El criterio diagnóstico y terapéutico es el núcleo de la competencia médica, y los cuidados parecen ser el núcleo de la competencia enfermera. No pretendamos, a estas alturas, descubrir América. Salvo que queramos obtener pingües beneficios de ello, claro.
MIGUEL A. GARCÍA PÉREZ
Secretario de Estudios de CESM
martes, 25 de octubre de 2011.
Publicado por: CESM
Sindicato Médico Andaluz
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