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28/11/2015

Atención Hospitalaria, Atención Primaria, Agencias públicas, Otros Facultativos, Cuerpo A4, EIR, Técnicos de Salud,

#MiPrioridadEnSanidad. Colaboraciones en Diario Médico para mejorar el Sistema Nacional de Salud.

#MiPrioridadEnSanidad. Colaboraciones en Diario Médico para mejorar el Sistema Nacional de Salud.

Diario Médico ha iniciado una serie de 10 colaboraciones con profesionales 2.0 de la sanidad para su numero especial Elecciones DM. Os traemos una de ellas por su contenido y originalidad.

Fuente: Diario Médico
Enlace: http://bit.ly/1YxAe3A

Seguro que publicaremos más colaboraciones próximamente.

Mónica Lalanda, médico e ilustradora, es la tercera en firmar la serie de colaboraciones de 10 profesionales 2.0 para el especial #EleccionesDM. Las viñetas de Forges guían sus peticiones para un mejor SNS. #MiPrioridadEnSanidad

Me contactan de Diario Médico para pedirme que escriba cuales serían mis prioridades para#EleccionesDM si yo tuviera que reorganizar el SNS. Para hablar de #MiPrioridadEnSanidad creo que no les ha pasado desapercibido mi puntito crítico (o puntazo). Pues sí, podríamos tener un mejor sistema sanitario.

Nuestro SNS está mal organizado, corto de recursos, poco medido y como guinda, maltrata a su personal (que es sin duda su mayor bien). Me paso el día dando la murga en twitter así que este nuevo púlpito me viene al pelo..... (y gracias a Forges por haberlo dicho a lo largo de los años, mucho mejor que yo).

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1.- Revisión de la educación médica en Facultades de Medicina
Una mirada profunda que comience por el número de médicos que necesitaremos en el futuro, producir médicos "por encima de nuestras posibilidades" no favorece a nadie. Seguir creando facultades de Medicina es una receta para seguir enviando médicos gratis al extranjero.

Otra mirada integral también a cómo se eligen esos alumnos. El nivel académico excelente no asegura médicos buenos, solo buenos médicos y probablemente ni siquiera eso. Medir aptitud y actitud como se hace en muchos otros países y no solo notas.

Es imprescindible revisar los requerimientos para dar clase en una Facultad, valorar qué se necesita realmente si capacidad investigadora o docente; y formar a esos profesores. Ser médico no te convierte de un día para otro en alguien que sabe enseñar. Las clases están llenas de power points abigarrados que simplemente se leen. Hay que modernizar la educación médica, su metodología, sus asignaturas. A día de hoy no se puede ejercer buena medicina sin saber inglés, sin formación en ética y comunicación, en gestión, en lectura crítica y en nuevas tecnologías.

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2.- Elección de plazas MIR y formación de residentes
La forma en la que los recién licenciados eligen su plaza es muy parecido a una lotería o al sombrero seleccionador de Harry Potter. Hay que estudiar nuevos métodos. En este momento el examen MIR tiene solo dos cosas buenas: da de comer a cientos de personas en academias (donde por cierto muchos alumnos admiten haber aprendido mas medicina que en las facultades sin que a nadie le salten las alarmas) y no está corrupto.

Es triste que en España se de algo por bueno si consigue un mínimo de limpieza, se da por hecho que todo se filtra, todo se manipula, impera la injusticia. Aspiramos solo a lo mínimo, no a la excelencia. Y la troncalidad no augura nada mejor.

Se necesita un registro exhaustivo de especialistas y un estudio detallado de necesidades futuras. Se siguen sacando plazas al tun-tun basado en variables y necesidades locales. No se mira más allá de nuestras propias narices.

La formación de residentes es variable, no se mide, se les exige muy poco y quien apruebe el examen MIR, se puede dar ya por especialista. Los residentes necesitan una exposición más intensa durante su formación, más amplia geográficamente (pasar la mayor parte del tiempo en un mismo servicio es una buena receta para que no se desarrolle el sentido crítico y se perpetúen malos hábitos) y con más pruebas (publicar, hacer presentaciones nacionales e internacionales y hacer exámenes intra y post especialidad).

Para esto hay que formar buenos tutores, y apreciar su esfuerzo extra de todas las maneras posibles. Se necesita poner límite de edad a la entrada a una especialidad, permitir que empiecen la residencia médicos de más de 55 años no tiene sentido para el sistema. Lo mismo con el número de especialidades, el re-engancharse al MIR al acabar como salida laboral es significativo de un sistema que nada mide y que utiliza terriblemente mal sus recursos. La retribución de un médico residente, que aunque en formación como especialista es ya un profesional, es vergonzosa.

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3.- Inversión en el sistema sanitario. No más recortes.
La inversión en el sistema sanitario no puede disminuir con cada presupuesto. La sanidad es sostenible, por mucho que los gobiernos nos intenten hacer ver lo contrario. Tenemos una de las sanidades más baratas de la antigua Europa aunque realmente no es una sino 17 sistemas sanitarios distintos, que multiplican la gestión y el gasto hasta límites insospechados. Es imprescindible centralizar lo máximo posible, desinflar tanta gerencia innecesaria y cara. Por mucho que duela los 17 reinos de taifas dan más quebraderos de cabeza que otra cosa.

Es demencial que la inversión en sanidad sea tan variable de una autonomía a otra, que haya pacientes ricos y pacientes pobres y que las diferencias salariales sean tan brutales entre profesionales. Hay que seguir inyectando dinero al sistema sanitario, base del sistema de bienestar y sin duda una de las joyas de este país.

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4.- Introducción de sistemas de medición de calidad y seguridad
Solo podemos saber dónde mejorar sin añadimos transparencia al sistema. Hay que ser exhaustivos en medir todo lo que hacemos, y en mostrarlo. Resulta inaudito que a siglo XXI no exista un sistema eficiente de comunicación entre la sociedad y sus centros sanitarios. Que los hospitales no tengan páginas web que de manera detallada cuenten al ciudadano quien trabaja ahí, qué hacen, que resultados tienen etc, etc etc Nadie sabe muy bien lo que pasa dentro de un hospital, ni siquiera quienes trabajan en él.

Los sistemas de seguridad del paciente están en pañales, prácticamente comenzando. De la misma manera, los errores médicos no se canalizan, no se utilizan para aprender y evitarlos posteriormente. Seguimos sin aceptar que se necesita un cambio de cultura, de la culpabilidad a la percepción constructiva. Hablamos mucho de la "big data" pero en la realidad de cada día se siguen manipulando datos, escondiendo errores.

Es necesario, así mismo, considerar las guardias de 24 horas en especialidades de alta presión asistencial donde el cansancio y el burnout aumenta exponencialmente la posibilidad de erro médico. Se puede asegurar, sin lugar a dudas, que el cansancio de los médicos puede dañar e incluso matar a los pacientes. Esto es algo ya aceptado en muchos países de nuestro entorno.

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Las listas de ranking de hospitales que salen cada año siguen basadas en percepción de reputación, no en datos, ni en resultados, satisfacción del personal, infecciones nosocomiales, iatrogenia, morbilidad y mortalidad, complicaciones, encuestas de satisfacción de pacientes, limpieza o cualquier otro de los cientos de parámetros medibles.

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5.- Revisión de la situación laboral del personal sanitario.  
Las condiciones laborales del personal sanitario son propias de países en vías de desarrollo. Inseguridad laboral, contratos basura (con frecuencia por días o por horas) y sueldos irrisorios son la norma. No olvidemos que tenemos un sistema sanitario muy barato pero que esto ocurre solo a costa de su personal sanitario. La total falta de respeto a profesionales que se forman durante años y que tienen una enorme responsabilidad sobre algo tan preciado como la salud, no tiene nombre. Y el ninguneo actual de la enfermería, capacitada para mucho más de lo que se exige de ella es un pésimo uso de recursos.

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6.- Mejor uso de recursos 
Es momento de hacer revisión de lo que hacemos y porqué lo hacemos. La medicina de la evidencia ha dado paso a una medicina atolondrada en la que matamos moscas a cañonazos. Necesitamos una institución similar a la NICE británica, un instituto de excelencia, limpio de humos industriales que cree guías de actuación basadas en la ciencia exclusivamente. No es necesario empezar de cero, está casi todo hecho, solo hay que adaptarlo. Iniciativas como el #choosingwisely que aconsejar abandonar hábitos arraigados y solo basados en el "así se ha hecho toda la vida".

Revisión de pruebas o medicamentos de los que ya sabemos con seguridad que no sirven para nada, revisiones del niño sano o screenings como el de próstata o mama están pidiendo a gritos una remodelación en profundidad. Revisaría la ley que actualmente encubre el gran engaño de la homeopatía, todo lo que se venda como fármaco debe cumplir unos mínimos estándares de rigurosidad científica.

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7.- Desvincular la formación médica continuada de la farmaindustria
Es imprescindible desligar la medicina de la industria farmacéutica. Hay que aceptar de una vez por todas que el objetivo de la medicina es curar y cuidar y el de la industria vender. Estos dos objetivos pueden ser contrapuestos en muchas ocasiones y por ello el médico debe ser capaz de actuar limpiamente sin ataduras y sin deber nada a nadie.

El sistema sanitario tiene que ocuparse ya de la formación continuada del médico y debe instituirse un sistema transparente de conflictos de intereses y de declaración por parte de los sanitarios de lo que reciben de la industria. Los precios abusivos de los congresos médicos que a día de hoy solo valen ya para hacer contactos con colegas, las invitaciones a cursos y congresos o los pagos bajo cuerda por usar ciertos productos o poner determinadas prótesis son corrupción médica que por llevar tantos años practicándola ni siquiera la vemos.

Pero desafortunadamente los sueldos limitados hacen que el médico tenga que buscar financiación extra para su formación y esto crea vínculos de débitos insanos. La formación del médico revierte en la calidad de su servicio al paciente y sociedad, no puede salir de su bolsillo ni puede permitir la intromisión comercial de nadie. Necesitamos también una buena limpieza desde dentro, revisar el funcionamiento de las sociedades científicas e incluso de colegios de médicos. La transparencia y la ausencia de intereses mercantiles deberían ser principios inalienables.

Esto es algo que deberíamos exigir los propios médicos y poco tendría que ver con unas elecciones pero iría en beneficio del ciudadano y de la calidad de la medicina que recibe.

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8.- Revisión de competencias en Atención Primaria
Hay que revitalizar la Atención Primaria, fortalecerla y aumentar sus competencias. un sistema sanitario es solo tan bueno como su Atención Primaria.

Tenemos unos médicos de familia excelentemente formados que en muchos casos no pueden hacer mucho más que recetas y que su mayor función es remitir pacientes al hospital. Hay CCAA donde los médicos de familia tienen menos de cinco minutos por paciente, y donde sus colegas hospitalarios no firman sus propias prescripciones. El médico "de cabecera" debe ponerse a la cabeza del cuidado integral del paciente y ser capaz de resolver una mayoría de sus problemas médicos sin depender de nadie más, con mas tiempo, con mejor acceso a pruebas diagnósticas y mejor autonomía.

Es tambien momento de revisar la función de la enfermería en Atención Primaria. Revisar sus competencias y apoyar su formación para que pueda trabajar de forma autónoma y maximizar su eficacia. Y la especialidad de Urgencias no puede seguir esperando eternamente. El médico de familia se forma para ser médico de familia y lo que le queda hasta ser médico de urgencias, se forma a golpes y con el tiempo. Esto desgasta al médico y daña al paciente.

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9.- Educación sanitaria ciudadana
Vivimos momentos de abuso continuo del sistema sanitario. El ciudadano medio parece haber perdido la capacidad de autocuidarse y necesita de un médico cada vez que le duele ligeramente la cabeza, se suena un moco o tiene fiebre. A pesar de no haber tenido nunca una población tan culta o tan informada, los médicos de a pie percibimos una falta casi absoluta de autonomía en la sociedad.

El mal uso de los sistemas de urgencias necesita una revisión en profundidad y una búsqueda de soluciones. La proporción de pacientes
que acuden a urgencias por banalidades es creciente y no parece que nadie esté dispuesto a ponerle un límite. Es necesario planear a medio y largo plazo introduciendo educación sanitaria en los colegios, tener futuros ciudadanos que además de saber solucionar integrales complicadísimas o análisis de texto abigarrados, sepan qué hacer si vomitan o si sangran de la nariz. y como parche temporal, se hace también imprescindible una campaña de concienciación intensiva sobre el buen uso del sistema sanitario.

Formar al ciudadano en el uso de los servicios a su disposición. Y tiene que volver a calar el sentido común en las familias, no todo problema es una enfermedad, no toda enfermedad requiere un médico y no toda visita médica culmina en una receta. Necesitamos una campaña de desmedicalización de la vida y la necesitamos ya.

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10.- Los pobrecitos pacientes de Muface
Y mientras nos preocupamos quien recibe la tarjeta sanitaria y quien no, los pobrecitos pacientes de muface o de isfas que un día eligieron medicina de seguros privados y no de seguridad social viven abandonados por el sistema, pagando ya jubilados un 30% de sus fármacos sin que nadie pestañee.

Recibiendo una pésima atención primaria, sin tener siquiera una historia clínica centralizada y sufriendo unos servicios de urgencias y hospitalarios de una calidad más que dudosa (con la excepción quizás de aquellos que viven en grandes capitales). Es de justicia y de humanidad asegurar la atención sanitaria a inmigrantes pero una proporción ingente de españolitos que llevan pagando religiosamente sus impuestos durante décadas, no disponen de una sanidad eficiente y muchas veces ni siquiera digna.

Y ya puestos, quizá es el momento de revisar también el abuso del personal sanitario por parte de las compañías privadas. Que un médico reciba 8€ por una consulta o 100 por una cirugía parece de chiste. Y que los impagos a la enfermería sean lo normal es un insulto a la profesionalidad.

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Y hasta ahí llego. Necesitaré un enorme paraguas para protegerme de los tomates que me caerán por todos los lados pero sin duda ha sido un ejercicio interesante de hacer.

Señores políticos, he dejado de esperar nada de ninguno de ustedes pero ahí quedan, unas ideas para la reflexión.