Si las enfermeras van a sustituir a los médicos ¿Quién sustituirá a las enfermeras?

Aunque la enfermería está cada vez mejor formada, la creciente presión para que asuma funciones médicas se basa en intereses espurios y perjudica a ambas profesiones.

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La estrategia que se oculta detrás del titular que se ha prodigado recientemente en prensa debería alarmar a médicos/as y enfermeros/as por igual. Vemos por qué.

Las publicaciones a las que aludimos se hacen eco de un estudio que, supuestamente, demuestra que “las enfermeras pueden sustituir a los médicos” en el ámbito hospitalario sin aumento de riesgo para los pacientes. El estudio en cuestión es una “revisión Cochrane”. Estas revisiones acumulan los datos de diversas publicaciones sobre un tema y los analizan conjuntamente, incrementando así la fuerza de las conclusiones. Sin embargo, parte relevante de la información se pierde en el proceso.

Las conclusiones de esta revisión en particular son francamente contraintuitivas. El estudio no solo afirma que la atención prestada por personal de enfermería es similar a la que prestan los médicos, sino que en algunos casos es incluso mejor. De hecho, también afirma que no hay diferencias en “mortalidad, desenlaces clínicos, calidad de vida y autoeficacia” entre la atención prestada por enfermeras especialistas y no especialistas. La verdad es que cuesta creerlo. Si fuera verdad, no solo nos sobrarían los médicos, sino también las enfermeras especialistas. Las conclusiones son tan chocantes que los propios autores afirman que “nuestra confianza en la evidencia solo es moderada”.

El misterio comienza a desvelarse cuando analizamos los estudios en los que se basa la revisión. Algunos analizan el desempeño de la enfermería en el seguimiento telefónico de pacientes con cáncer de mama o de endometrio, el manejo del estreñimiento crónico en niños, la distribución y devolución de kits de sangre oculta en heces, el manejo de traumatismos en las extremidades o la atención a pacientes con ulceras en los pies. Es decir, muchos estudios analizan los resultados de prácticas que nadie duda que puedan ser asumidas por personal de enfermería debidamente formado. Incluso analizan labores propias de categorías con menos formación, como la distribución de kits de sangre en heces.

Sin embargo, algunos estudios analizan el papel de la enfermería en labores más complejas. Por ejemplo, en la “retirada gradual del respirador en pacientes traqueotomizados”, la “radioterapia radical para el cáncer de próstata y vejiga” o la atención a “pacientes posoperatorios de cirugía cardíaca”. Sin embargo, cuando analizamos estos trabajos, comprobamos que se trata de estudios controlados donde la enfermería trabaja bajo supervisión médica o aplicando protocolos médicos. En ellos, la enfermería no prescribe tratamientos radioterápicos, ni decide cuándo desconectar a un paciente del respirador, ni sustituye al médico en el tratamiento de las complicaciones postoperatorias de la cirugía cardiaca. Solo aplica criterios médicos en situaciones controladas bajo prescripción y supervisión médica.

Los estudios analizados en esta controvertida revisión no permiten concluir que el personal de enfermería pueda “sustituir” a los médicos, aunque sí permiten concluir que puede realizar funciones asistenciales complejas cuando está adecuadamente formado y desempeña su labor en equipos multidisciplinares bajo la supervisión de médicos especialistas.

Cada vez son más las voces que reclaman avanzar en la sustitución de médicos por personal de enfermería. La revisión que estamos analizando nos explica sin ambages la razón: “La sustitución de personal de enfermería (SEN) se ofrece a menudo como solución a la escasez de médicos, las largas listas de espera y la creciente presión generalizada en los servicios de salud”. Aunque la enfermería está cada vez mejor formada, la creciente presión para que asuma funciones médicas se basa en intereses espurios y perjudica a ambas profesiones.

Detrás de esta estrategia detectamos la presión de ciertos sectores de la gestión, la medicina y la enfermería, cuyo objetivo no es mejorar la calidad de la asistencia, sino “racionalizar el uso de los recursos”. Cuando los médicos y enfermeros de a pie oímos esa expresión nos echamos a temblar. Y esto no ha hecho más que empezar. Si la enfermería puede realizar funciones médicas, ¿qué impide que los técnicos sustituyan a la enfermería, por ejemplo?

Este afán “racionalizador”, que borra las diferencias entre los profesionales y las supedita a consideraciones economicistas, amenaza el futuro de nuestras profesiones y pone en riesgo la calidad de la asistencia sanitaria a la población. Nos consta que un amplio sector de la enfermería comparte esta opinión. Solo si unimos nuestras fuerzas podremos parar esta deriva interesada y destructiva.